Condumex en museo soumaya

 

FRIDA DE PAPEL

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA

Para Soumy, por los años heroicos

 

Frida escribió mucho desde su convalecencia en la Cruz Roja después del fatídico accidente de 1925. Cartas a su primer novio Alejandro Gómez Arias; a su padre Guillermo Kahlo; a su madre Matilde Calderón de Kahlo; y a sus hermanas Luisa y Cristina; al músico Carlos Chávez; al pintor Antonio Ruiz “el Corcito”; al poeta Carlos Pellicer; a Guadalupe Rivera Marín; a los políticos Miguel Alemán Valdés y Marte R. Gómez; a los galeristas Alberto Misrachi y Julián Levy; a sus doctores Samuel Fastlicht y Leo Eleosser; y por supuesto a Diego Rivera. Textos de amor, saludos, recados, informes, quejas y peticiones, con un estilo literario singular, como lo fue su obra plástica.

 

El Centro de Estudios de Historia de México condumex conserva cuatro escritos de la pintora pertenecientes al fondo Dolores Del Rio. Dos de ellos, un telegrama en el que la pintora solicita a la estrella de cine dinero y una carta de disculpa por no habérselo pagado aún. Trece años después vuelve a dirigirse a la actriz para otra petición monetaria. Es el tema que nos ocupa.

 

No me falta nada

 

Dos cartas con el mismo asunto, el mismo día y mes. Raquel Tibol las fecha en 1953, un año antes de la muerte de Kahlo que aconteció el 13 de julio de 1954. En la primera solicita que le envíe el importe de un cuadro que tú me prometiste. Y agrega: No tengo ya ni para pagar médicos ni para las medicinas. La otra, en la que le comenta el enojo de Diego por la solicitud: pues todo lo que gana con su trabajo me lo da a mí  y no me falta nada.

 

En el mismo papel Rivera escribe en el estrecho margen: Lolita: Quedé indignado porque Fridita recibió los mil pesos que mandaste. Y termina con un: Excusa a una enferma. Según el documento, el pintor adjuntaría un cheque del Banco Comercial de la Propiedad por la suma debida.

 

Los años cincuenta son el periodo regresivo en la vida de Frida Kahlo. En su historia clínica los padecimientos se volverán por demás severos. Durante el transcurso de esta década se somete a seis operaciones de la columna y le amputan la pierna derecha. Normal que la pintora de La columna rota estuviese en un estado de nerviosismo y de depresión agudo. Hay que recordar que había llevado por largos periodos un sinnúmero de corsés, sufrido varios abortos, tratamientos, intervenciones quirúrgicas y unos cuantos piquetitos de analgésicos que le apaciguaban el dolor. Estaba confinada en una silla de ruedas. Raquel Tibol, su primera biógrafa dirá: Era tiempo de extremo sufrimiento para esa mujer de extraña belleza. El sufrimiento habitaba en ella golosamente.

 

Por esos años fue hospitalizada debido a una grave infección a causa de los injertos óseos. Permaneció la mayor parte en el sanatorio, mientras Rivera la acompañó casi todo el tiempo en una habitación contigua.

 

Entonces decía la verdad en la carta de CONDUMEX cuando escribió que a ella no le hacía falta nada. Tibol recuerda que cuando Frida murió se cumplían veinticinco años de su unión con Diego, veinticinco años de una pasión que conoció el equilibrio entre la conmiseración y la crueldad, entre la honradez y la mistificación.

 

Devoción por el concepto de vida

 

La letra con sangre entra y a veces se escribe con sangre. No es gratuito que Kahlo empiece a escribir y pintar al mismo tiempo. En la pintura como en la escritura uno mete el cuerpo. Uno se inclina para involucrar el ser y rasgar, de alguna manera, la tabula rasa que representa la hoja de papel o el lienzo en blanco. Diciendo la verdad se crea arte.

 

De 1953 son muy conocidas dos escrituras –de pluma y pincel–. La frase de Frida después de que pierde la pierna: Pies para qué los quiero si tengo alas para volar. Y la leyenda que escribiera en uno de sus últimos cuadros, antes de morir: Viva la vida.

 

Así, para Carlos Monsiváis, en Frida: La entrega a Diego es la inmersión en lo ancestral y lo moderno, en el personaje que le parece literalmente una cosmología […] Diego es algo más que el amante, es la función misma de los sentidos, y la multiplicación del instinto. El elegido es padre, hijo, multitud, fuerza genésica, madre tierra, fecundación, continuidad. En tanto ese personaje espléndido, Frida Kahlo, la pintora visionaria, la figura de la izquierda, la tradición elegida y revivida, ella es criatura dual del Diego y de sí misma.

 

Textual y entre líneas, en la carta dirigida a Dolores Del Rio, firmada de puño y letra por este personaje tan contundente –reactor de alto potencial que emitía descargas constantes, para Tibol; cinta alrededor de una bomba, para Monsiváis–, se lee la enorme dependencia a su esposo. Es de esperarse que al final de su existencia, agravado su estado de salud y sobre todo en una condición de dolor continuo y profundo, se exacerbara la vinculación con su marido.

 

Por su parte, Diego Rivera, apenas muerta su esposa, dijo:

 

No tardaré mucho en unirme a Frida; desde hace tiempo guardo una vasija que contendrá nuestras cenizas.

 

En una de las últimas Escrituras de Frida se lee:

 

Mi Diego, ya no estoy sola, tú me acompañas,

me duermes y me avivas.

 

Frida Kahlo (1907-1954) Documentos del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX, donados por Lew Riley, gracias a la gestión de Felipe García Beraza: Cartas dirigidas a Dolores Del Rio | Coyoacán, Ciudad de México, octubre 29, c. 1953 | Manuscrito | Fondo MMXIV, Carpeta 2


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