El encuentro entre Concepción Lombardo y don Miguel Miramón se dio en un salón del emblemático Castillo de Chapultepec. A través de estas palabras que muestran la profunda admiración que le tuvo al que fuera su esposo, ya en el exilio, Concha recuerda:
[…] “Que llamen al Capitan Miramón”. Se presentó alli un oficial que parecia tener unos bein/te ó beintiun años, de estatura mediana, delgado, tes morena, hermosos ojos negros, boca grande y apuntandole apenas el bigote. Despues de sa/ludarnos militarmente, recibió la órden del Director [del Colegio Militar] y salió de alli, entonces el Director volviéndose á la Señora Cadena “Este joven, le dijo, es de grandes esperanzas, ha sido uno de los mejo/res alumnos de este Colegio: Al principio se creía que no podía seguir la carrera de las armas por su complexion delgada, pero los ejercicios jimnasticos en los cuales es fuertisimo, lo han robustecido. El 8 de Setiembre del año 1847 despues de las funestas batallas de la casa de Mata y la del Molino del Rey que se padecieron por los caprichos de don Juan Alva/rez y por la indisiplina de sus tropas, el Ejerci/to Norte Americano ataco este Castillo [de Chapultepec] que esta/ba defendido por cien soldados de infantería, otro, tanto veteranos y cien alumnos del Colegio. La batalla fue muy reñida defendiendose como Leones aquel puñado de hombres; pero entre to/dos se distinguio por su valor y temeridad el joven Miramon, que apenas contaba diez y siete a/ños. En lo mas reñido del combate cayó herido de una bala en la cara, un negro se arrojo sobre él para matarlo, en ese momento un oficial America/no que habia admirado el valor, la serenidad y la firmesa del alumno, se presipitó sobre [tachado] el negro para defenderlo, lo tomó en sus brasos y lo entrego en el Hospital, como pricionero. En el termino de cinco años pasó todos los gra/dos del Colegio. Habiendo merecido por su buena conducta aplicacion y dolor, salir de aqui á un cuerpo de artilleria. Alli pasó á Capitan y desde el año pasado lo tengo aquí con el mismo grado como profesor de Colegio. Los alumnos lo quieren y lo respetan y es tan apegado á la disiplina militar como si fuese un soldado viego.” Todo esto lo oiamos mi hermana Lupe y yo con la mayor indiferencia, deseando que el Señor Director, acabara su charla, para ir á ver los ejercicios de los alumnos […] Algunos momentos despues entro el joven oficial y anunció al Director que todo esta/ba pronto y que los alumnos nos esperaban. El Director tomó del braso á la Señora Cadena y dijo al Capitan, “Miramon” “tome usted á estas Señoritas”. [en nota al pie de página, Concepción Lombardo explica: En México se úsaba entonces que un caballero tomara del braso dos señoras, una de cada la/do. Era una costumbre española, que ha desaparecido.] Contentisisma de que se acabara este largo coloquio, mi hermana Lupe y yo nos tomamos del braso que el Capitan nos ofreció y nos dirigimos a la sala adonde ya nos espe/raban los alumnos para comensar los ejercicios. Estuvimos muy contentas unos tres cuartos de hora […] El Capitan Miramon no tomo parte en los ejercicios y permaneció cerca de nosotras di/rigiendonos de cuando en cuando algunas palabras que mi hermana y yo, le contestabamos con cortecia. Acabados los ejercicios nos despedimos del Director […] [quien dijo] “Miramon, acompañe usted á estas Seño/ras” […] .
Mi hermana Lupe tenia un pretendiente llamado Romualdo Fagoaga, que mas tarde seria su esposo […]. Joven inteli/gente y simpático, pero de muy mala cabeza y aman/te del juego por ese motibo no le agradaban á mi Padre sus visitas […] Romualdo comprendia el disgusto que á mi padre daba el verlo y asi, andaba siempre buscando quien lo acompañara para irnos á ver/nos […] á horas que mi padre estaba en el Ministerio, se presentó en casa Romualdo acompañado del joven Capitan Miramon…
Estas entregas cumplen un año y el fusilamiento de don Miguel Miramón en el Cerro de las Campanas, ciento cuarenta. Memorias de Concepción Lombardo seguirán acompañándonos como un testimonio de la historia de México.
Anónimo |Concepción Lombardo de Miramón (a partir del retrato de Cruces y Campa)
| c. 1867 | Plata sobre gelatina
Memorias manuscritas de Concepción Lomabardo de Miramón, “Capítulo II°: Mi adolecencia, Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, t. 1, 1859-1917. Colección del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX. La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para su identificación están subrayadas. |