De la colección de Museo Soumaya


por él mismo

Dalí seduce por sus obras y por sus palabras. Siguiendo el ejemplo de los sabios de todos los tiempos, camufla su mensaje bajo el rostro de la paradoja y de lo literal, un sistema con el que obtiene, como siempre, sorprendentes resultados que dan a su comunicación el impacto de lo directo y de lo sustancial, acierta a decir Robert Descharnes. Una selección de sus propios textos puede ayudar a comprender por qué Cristo se eleva sin cruz, por qué está descarnado y quedan expuestas las costillas, por qué la base donde se apoya es como sus relojes blandos… El artista catalán es especialista en inquietar y catalizar los deseos de todos, como en esta obra muy dalilesca, según calificó la doctora Teresa del Conde al Cristo que recién llegó al acervo de Museo Soumaya. Junto con Homenaje a Terpsícore, la musa de la danza y San Jorge y el dragón, la escultura confirma que el bronce dorado –el oro para su creador– es su elemento preferido para los volúmenes. Al espectador le toca jugar con la obra y las palabras de Dalí para descubrirse a sí mismo.


El salvador de la pintura moderna

[…] El arte llamado moderno es la última consecuencia mecánica del racionalismo. El arte moderno, nacido para combatir el academicismo, se acaba de transformar a su vez en un repertorio de fórmulas y recetas tan burocráticas y tan corruptibles como las anteriores. Asistimos a la instauración de un nuevo academicismo moderno, más o menos abstracto, pero sin la gracia y la técnica del antiguo.

[…] Salvador Dalí, inventor de la nueva mística paranoicocrítica y salvador, como su nombre lo indica, de la pintura moderna.

La realidad,  lo irracional
y el método paraonoicocrítico

Hacia 1929 concebí la fórmula experimental de la paranoia crítica. Según la opinión más corriente, el término paranoia se relaciona con el fenómeno del delirio, que se traduce por una serie de asociaciones interpretativas y sistemáticas. Mi método consiste en explicar de forma espontánea el conocimiento irracional que nace de las asociaciones delirantes, dando una interpretación crítica del fenómeno. […] La lucidez crítica registra la evolución y la producción. Sobre el plano surrealista, la actividad paranoico-crítica se traduce por la creación del azar objetivo, que recrea el mundo, y entonces el delirio se transforma verdaderamente en realidad.

La paranoia, además, no se expresa solamente en una proyección sistematizada; es también hálito formidable de vida. Y esta exaltación rabiosa que me empuja a ser tiene tanta consistencia como las imágenes que anima. Sé que el mundo no es un sueño, porque mi vida se impone a mí igual que a los demás y porque mis propios sueños salen de ella. Esta es también la sola evidencia de realidad, el hálito de fuerzas vivas que me agita y colorea todas las cosas. ¡Pero, qué vacío! ¡Qué disparate! ¡Qué desorientación nos rodea! ¿Cómo creer en la sustancia en sí misma? ¿Qué es la sustancia? ¿Dios? Me parece a veces que tengo en la punta del pincel, o en la extremidad de mi sexo en orgasmo en el segundo en que el goce de Gala me inunda como el retorno de una ola–, un sentido profundo de la realidad infinita, un micrón de estructuras absolutas, el impulso del devenir. Y en efecto, creo que lo real no es más que un devenir eterno. Algunas veces, esa onda que me invade en el éxtasis parece que la reencuentro en la belleza, como un estremecimiento. Una belleza sin sexo, sin principio, arcangélica, que es como una certeza de Dios.

[…] vivimos los días, las horas y los cuartos de segunda de la ininterrumpida desmaterialización. Soy personalmente capaz de desarrollar seis, ocho, diez imágenes simultáneas a partir de una sola visión. Mi capacidad paranoico-crítica apenas tiene límites. En algunos de mis cuadros cada espectador capta una visión diferente. La visión paranoica puede surgir por contagio de la imaginación de cada cual. [  …] Mis relojes blandos no son solamente una imagen fantasiosa y poética de lo real, sino que aquella visión del queso derritiéndose es en realidad la más perfecta definición que las más altas especulaciones matemáticas puedan dar del espacio-tiempo.

Lo irracional felizmente está en mis obras y éstas, sometidas al examen más objetivo, pueden manifestar unas verdades que ya extraigo de las profundidades.


EL DELIRIO, EL ARTE Y LA MUERTE

El poeta-artista debe materializar en lo concreto las formas del delirio, que es el camino secreto que conduce al mundo desconocido de la paranoia.

[…] pienso que el objeto que nuestra mirada aísla de lo real o que nosotros inventamos es pura expresión de nuestro delirio cristalizado. Una simple secreción. La objetividad no es más que un señuelo. En realidad, un simple confrontación de fuerzas en momentáneo equilibrio.

[En su temprana juventud, Dalí solía lanzarse de la escalera en la escuela de maristas]. […] Llegué incluso a ser muy hábil en eso de saltar. Y observé que estos ensayos me permitían gozar cada vez con mayor plenitud la realidad circundante: las hierbas, los árboles, las flores… cada vez me sentía más vinculado a ellos. /  Después me sentía ligero, podía participar normalmente de la existencia y “oír” mis sentidos. Al saltar ante mis camaradas creaba en ellos una angustia igual o superior a la mía, adquiría una especie de dignidad ante sus ojos, elevaba mi acción a la altura de un acontecimiento. Dalí se convertía en el portador de la angustia de todos y su debilidad se transmutaba en fuerza.


Conseguía que todos reconocieran mi delirio, lo hacía aceptar y obligaba a cada uno de ellos a compartir el mismo trance. / De esta manera, la pasión de la muerte se convierte en alegría espiritual, cosa típicamente española. […] Yo quiero mirarla cara a cara [a la muerte]. Hago mío el llamamiento sublime de san Juan de la Cruz:Ven, oh muerte, tan oculta que no te oiga llegar, ya que el placer de morir podría devolverme la vida. Ante este grito, ¡cuán cobardes parecen los consejos de Michel de Montaigne! Deseo que mi muerte penetre en mi vida como un rayo que me caiga de lleno, como un espasmo amoroso, para que posea mi cuerpo con la totalidad de mi alma

[…] Si la muerte pierde su sentido, la existencia humana no tiene relieve. La caca-delfín es impensable en los USA; se la reemplaza por el rosa bombón, es decir, por la insipidez y la mediocridad.

[…] En la aceptación de la escatología de la defecación y de la muerte hay una energía espiritual que yo exploto con mucha frecuencia.

André Perinaud.- ¿Es noble para Dalí la escatología? Salvador Dalí.- […] Se trata de aceptar al hombre en su totalidad, incluida su caca, incluida su muerte. […] El verdadero escándalo es que no nos atrevemos a decirlo ni a pensarlo.

«Dalí», en catalán, es homófona dedeseo”, y yo soy el símbolo de todos los deseos del mundo. El deseo de poseer la vida en su totalidad, de rebasarla, de reinventarlasin la muerte–. En el espacio de los sueños.

Mi alma se fortifica con lo que la oprime y encuentra su máxima voluptuosidad en aquello que la niega. La debilidad se convierte en mi fuerza y me enriquezco con mis contradicciones.

Toda mi ética consiste en que la espera me proporcione el máximo placer, en utilizar el rechazo para prolongar el deseo, enriqueciéndolo hasta el paroxismo, no sólo con todo cuanto puede retardarlo, sino sobre todo con mi propia voluntad de no tomar lo que me pertenece, de no poseer lo que es mío. ¿Y qué hay más mío que mi muerte?

El éxtasis y mística

El Dalí de 1923 fue sacrílego porque buscaba el éxtasis, el Dalí de 1950 es místico porque busca el éxtasis.

El objetivo del misticismo es el éxtasis místico; se llega al éxtasis místico por el camino de perfección de santa Teresa de Ávila, y por la penetración sucesiva en las moradas del castillo espiritual. Estéticamente, por la autoinquisición feroz del sueño místicomás riguroso, más arquitectónico, más pitagórico y más extenuante de todos, el artista místico se ha de formar, por la inquisición cotidiana de estos sueños místicos, un alma dermoesquelética (los huesos en el exterior, la carne finísima dentro) como la que Unamuno atribuye a Castilla, en la que la carne del alma sólo pueda ascender hacia el cielo.

André Perinaud.– ¿Cuándo experimenta Dalí la certeza de Dios? Salvador Dalí.– Me inclino sobre Gala. […] Me dice que ella es. Me espera, Me quiere. Me llama, Me recibe. No es solamente un intercambio de energías, de erecciones, de sensaciones, un frotamiento de epidermis que provoca una descarga eléctrica y biológica; no solamente dos inteligencias que intentan comprenderse, sino una bola de fuego que surge de un cielo desconocido. Dos fuerzas unidas que crean una parcela de infinito.

FUENTES

Salvador dalí y André PERINAUD, Confesiones inconfesables recogidas por André Perinaud, Ed. Bruguera, Barcelona, 1975.

Robert DESCHARNES, Dalí. La obra y el hombre, Tusquets Editores, Barcelona, 1989.

Salvador DALÍ, Obra completa. Vol. IV, Ediciones Destino, Fundació Gala-Salvador Dalí, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Barcelona, 2005.



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