GABRELA HUERTA TAMAYO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

DESPUÉS DE UNA ESTANCIA EN NUEVA ORLEÁNS, DE DONDE SU MADRE ERA ORIGINARIA EL TEMA DE LA DANZA SE VOLVIÓ FÉRTIL PARA DEGAS: ALREDEDOR DE DOS MIL ÓLEOS Y PASTELES CUBREN LA MITAD DE SU PRODUCCIÓN, Y TREINTA Y SIETE ESTATUILLAS DE SETENTA Y DOS QUE SE CONSERVAN FUERON DEDICADAS A ESTA MATERIA.

Para el artista de casi 40 años no había una herencia prestigiosa que abordara las bailarinas en la plástica, más allá de las ilustraciones para estampar libros y revistas. Él mismo diseñó el trayecto que luego otros seguirían y pasó a ser considerado el padre de este género. Como en el tratamiento de sus bañistas, se detuvo en diversos aspectos de la danza, y al igual que en sus representaciones de interiores, como los desnudos y las escenas de prostitución, se interesó por personajes ordinarios, aunque no prescindió de modelos profesionales.

Degas partió primero de innumerables dibujos y de maquetas para crear sus obras. Estas pequeñas esculturas no se fundieron en vida del autor ni tampoco fueron exhibidas; sólo lo fue su famosa Bailarina de catorce años a la que, con aire de vanguardia, modeló en cera y vistió con un tutú. Cuando la presentó en la exposición impresionista de 1881 de París, la crítica subrayó su aire naturalista por lo que la encontró fea, repulsiva y horrible, en contraste con el ideal femenino clásico. Las estatuillas, fechadas en las décadas de 1880 y 1890, no salieron de su estudio y pocos fueron los testigos que pudieron conocerlas. La discreción que el artista mantenía sobre ellas también se extendía a algunos de sus cuadros de este género. Degas invitaría a la hija de Berthe Morisot a orgías de colores ante sus pinturas. El escritor irlandés George Moore calificaría, en 1890, sus trabajos como esculturas en mal estado –bailarinas modeladas en cera roja, a veces vestidas con faldas de muselina, muñecas extrañas– muñecas, si quiere usted, pero muñecas modeladas por la mano de un genio.

Cuando comenzó a debilitarse su visión, Degas creó las estatuillas con alambres, cera, yeso o terracota a los que agregaría trozos de madera, corcho, papel o tela. Museo Soumaya conserva, vaciadas en bronce, cuatro de estas obras que pertenecen a la colección de escultura europea del siglo XIX. En el Gran arabesco la mano y la base dejan ver la estructura de metal.

Las bocas y narices están apenas modeladas; el mayor acabado está en el cuerpo. [Las bailarinas son] la única manera para mí de descubrir el movimiento de los griegos, decía el artista. Y observó para conseguirlo: creó figuras en tres dimensiones de jóvenes anudándose un cordón, ajustándose el corsé, poniéndose las calcetas, en reposo con las manos apoyadas en las caderas, en reverencia o saludando con el peso del cuerpo hacia delante, moviéndose en arrière o enavant, ejecutando pasos clásicos como el arabesco, que se mantienen sobre una pierna y  con diferentes posiciones de brazos, o tocando la pandereta, incluso representa pasos señoriales de danzas como la española. A su amigo Georges Jeanniot le decía: No sabe usted el estudio y los nervios que me han costado estas esculturas. Sobre todo el equilibrio es algo muy difícil de conseguir. Es probable que haya concebido muchas de estas piezas a partir de apuntes tomados en las clases.

Para llegar a las maquetas, Degas realizaba dibujos en diferentes perspectivas para abordar las tres dimensiones. Primero trabajaba con modelos desnudos. Más tarde, sobre el papel o sobre las estatuillas, ensayaría los vestidos, como arlequines, corsés, faldas, o calzado y accesorios, como cintas, gargantillas… Del conjunto de bailarinas modeladas en pequeña escala, sólo una aparece con tutú. Y plasmaría un momento y un espacio, ya fuera después de la clase o antes de salir al escenario.

Si bien los trazos sobre el papel serán la fuente de cuadros y esculturas, el artista también se servirá de la fotografía para estudiar el cuerpo y el movimiento. Conoció los viejos salones de la Ópera antes del incendio de octubre de 1873 y fue testigo del nuevo edificio que identificaría el espíritu lúdico de París. Sin embargo, no resolvía el vestuario ni el escenario con intención documental, sino que los adecuaba a la obra y en ocasiones representaba el espacio de su taller.

La fisonomía de las modelos varía con la edad: el cuerpo infantil de Gran arabesco contrasta con las caderas desarrolladas de las otras tres bailarinas de la colección de Museo Soumaya. Niñas de alrededor de los diez años ingresaban a la Ópera. Ser parte del ballet se consideraba un trabajo y el desempeño de cada una se regulaba por niveles –entre lo que destacaban las dos primeras categorías: las estrellas (étoiles) y las primeras bailarinas (premier danseur). La profesión, no obstante, cargada de mala reputación, influyó en la crítica de la única escultura exhibida en vida de Degas. Condenas morales sobre el cuerpo y los placeres, no detuvieron el refinamiento de las pasiones y alcanzaron las zonas dedicadas a la prostitución. El historiador Alan Corbin describe espacios de la vida cotidiana del París finisecular en el que se incluía la Ópera: Sabias escenificaciones olfativas, decorados suntuosos, reflejos en los espejos, profusión de alfombras y electricidad. […]. Y más adelante expone: Ya en tiempos de la monarquía censataria, las bailarinas de la Ópera otorgaban ritualmente sus favores a los señores respetables que aceptabanentretenerlas. Degas era conocedor de estas costumbres; fue también él quien le presentó a Rodin a una pareja de bailarinas lesbianas que serían las modelos de Mujeres malditas (1885), inspiradas a su vez en el poema Mujeres condenadas del libro Las flores del mal de Baudelaire.

 

La modernidad que se atribuye a Edgar Degas por las técnicas, perspectivas, composiciones..., reflejaba también otra idea de la sexualidad y feminidad. En el conjunto de sus estatuillas no hay mujeres oscuras, severas, fuertes como caballos –según decía él mismo contra los críticos que, al esperar ver a una mujer griega, reprobaron su Pequeña bailarina–.

Fueron  más de ciento cincuenta pequeñas esculturas que su amigo y comerciante de arte Durand-Ruel encontró en el estudio del artista. En 1921, Adrien A. Hébrard con Albino Palazzolo, jefe de la fundidora, se encargó de vaciarlas en bronce y realizar la primera publicación y exposición con ellas.



Edgar Degas
(París, Francia, 1834 – 1917)
Fundidor A. A. Hébrard

Gran arabesco sobre pierna derecha, brazo izquierdo al frente
Grande arabesque sur jambe droite, bras gauche devant

c. 1880 - 1882
Bronce con pátina café oscuro y verde
20.3 x 25.5 x 10.5 cm
Núm. de serie: 14
Firma: «Degas», en la base

Bailarina frotándose la rodilla (o Estudio para una bailarina en arlequín)
Danseuse se frottant le genou ou Étude pour une danseuse en arlequin

c. 1882 - 1885
Bronce con pátina café rojizo
31.5 x 24.1 x 14 cm; base 2.9 x 16.5 x 26.8 cm
Núm. de serie: 39/B
Firma: «Degas», en la base

Bailarina avanzando con los brazos levantados
Danseuse s’avançant, les bras levés

c. 1885 - 1890
Bronce con pátina negra y café
35 x 15.1 x 17.7 cm; base 2 x 13 x 20 cm
Núm. de serie: 19
Firma: «Degas», en la base

Preparación para la danza, pie derecho adelante
Préparation à la danse, pied droit en avant

c. 1885 - 1890
Bronce con pátina café rojizo
56.5 x 32.4 x 22 cm
Núm. de serie: 57/B
Firma: «Degas», en la base


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