ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


[…] y esta fue la confussion y divission de las lenguas, para que don-
de antes era la lengua una, fuese tanta la variedad y diversidad de los
lenguajes, que los unos no se entendiessen con los otros […]
.

                                                      ALONSO DE MOLINA


Museo Soumaya se suma a los festejos que anuncian la celebración en 2010 del centenario de la Revolución Mexicana y del bicentenario de la independencia. Este documento, el primero en enlazar lingüística y culturalmente a España con el Nuevo Mundo, da cuenta de un momento emblemático en la conformación de nuestro país.

La orden franciscana fue la primera en llegar al Nuevo Mundo. Su misión consistía en regresar a los infieles a la fe cristiana, ya que en el siglo XVI todavía se pensaba que éstos eran una de las doce tribus perdidas de Israel. Debido a los acuerdos entre el reino español y el Papa, la monarquía justificó su expansionismo en América a través de la conversión de los naturales.

Los religiosos se enfrentaron a un imaginario distinto, que se vinculaba con un rico y complejo politeísmo. Mesoamérica, junto con sus dioses, templos y códices, poseía un sistema lingüístico e iconográfico que debía ser tomado como referente para estructurar la tarea evangelizadora.

 

Los autos sacramentales –con sus pasajes de las Sagradas Escrituras– eran representaciones que se hacían  en las capillas abiertas de los atrios conventuales que, a través de la música y la imagen, podían llegar a la conciencia indígena. El primero de los sacramentos instituidos en Nueva España,  el bautismo, fue la herramienta más poderosa para difundir la fe.

Catecismos –como el Testeriano–, confesionarios y un sinfín de impresos tomaron los patrones visuales americanos para hacer llegar las bases de la doctrina a los nativos. Como apunta el investigador Óscar Mazín:

La lengua y la religión se identifican una a la otra, siguen un mismo camino. Sin embargo, la cristianización de los indios, análoga a su herencia hispana, no supuso en una primera época el aprendizaje del español salvo por parte de las élites. En cambio la tarea evangélica no se hubiera dado sin el enorme esfuerzo de traducción de los eclesiásticos. Fue el núcleo de esa empresa la adopción de la escritura latina, lo que constituyó una revolución técnica e intelectual.


De ahí la necesidad de familiarizarse con el habla de cada región, e incluso de elaborar textos que pudieran funcionar como códigos bilingües entre España y sus posesiones en ultramar. Fue el caso del primer diccionario americano: el Vocabulario en lengua castellana y mexicana, publicado en 1555, obra del terciario Alonso de Molina, libro incunable que resguarda la biblioteca del Centro de Estudios de Historia de México condumex en el Fondo CDX MD-3 de la colección Bruno Pagliai.

El misionero llegó junto con su familia a Nueva España, donde aprendió la lengua indígena a muy temprana edad. Fue acogido por los franciscanos, quienes lo tomaron como auxiliar y, tiempo después, lo llevarían a ser miembro de la orden. Aunque fundamentales, de su pluma se conservan pocas obras, como los Confessionarios mayor y menor de 1565, también en resguardo del Centro de Estudios. La importancia del autor radica, sobre todo, en su afán por comprender la realidad cultural de los nativos del continente para adoctrinarlos en la fe católica. La investigadora Pilar Máynez señala:

Durante el siglo XVI los misioneros españoles trabajaron arduamente en la conquista espiritual de Nueva España.

 

Se trataba de convertir a los naturales al cristianismo, pero para ello se requería conocer sus prácticas y costumbres religiosas y las lenguas mediante las cuales aludían a esa particular cosmovisión, a fin de poder entender su pensamiento y erradicar con mayor eficacia sus creencias.

En los escritos de Molina convergen los pilares morales de la tradición cristiana: los Sacramentos, los pecados capitales y veniales, las virtudes cardinales y teologales, entre otros. Los apartados se acompañan con estampas de los misterios de la doctrina, como la Asunción, la Resurrección, o el Pentecostés, que eran necesarios [para] el bien espiritual de los naturales, de que es cosa muy conveniente se imprima, por el bien y conformacion de la Fee catholica […].

El autor se valió de analogías culturales entre el pensamiento indígena y el español para lograr su objetivo evangelizador. Un ejemplo es el uso del término náhuatl tlatlacolli, que significa errores o malas acciones, al cual se le añadió el vocablo castellano veniales, que refiere a los pecados de este género.

Mazín dice que […] es muy probable que fray Alonso de Molina, quien por orden del obispo Juan de Zumárraga había escrito una Doctrina breve en 1546, se haya convencido de la necesidad de profundizar más en las lenguas. Así, siendo ya  guardián del convento franciscano de Texcoco, hacia el año de 1550, hizo publicar el primer vocabulario conocido en lengua castellana y mexicana, es decir, náhuatl, dado a la luz en [1555].


El documento muestra el énfasis de Molina por normar las equivalencias entre las hablas indígena y europea, así como por dar cuenta de todas las herramientas posibles para entender y transmitir ambas cosmovisiones. En su Aviso tercero indica: […] Todos los verbos de la lengua se pondran en la pri/mera persona del presente del indicativo (si la tuvieren) y no en la tercera, porque esta todos los verbos la tienen […]. O en el caso del Aviso quinto, el franciscano aclara: […] Todos los vocablos que oviere diferentes para signi/ficar una misma cosa, que en el latin llamamos sinonomos, se distinguiran con un punto […]. Algunos destos avisos no entenderan los que no sa/ben latin, porque van fundados sobre el arte dela gra/matica […].

Resulta por demás interesante que el autor incide en la correspondencia en náhuatl y castellano, no sólo de vocablos y expresiones, sino incluso de las formas de contabilizar. Así refiere que: […] una vez, dos vezes, tres vezes, quatro vezes y cinco vezes quedan señalados en lengua mexicana como ceppa, oppa, yexpa, nappa y macuilpa. […] y es de saber que la cuenta general, que es uno: dos: tres etcétera. En esta lengua muchas vezes se varía y diferencia en los vocablos, conforme ala diferencia y diversidad que de cosas […].

Su capítulo destinado a la traducción de vocablos del español al náhuatl, es muestra de expresiones ricas en sentido espiritual y costumbrista. Por ejemplo, Molina cita que: Echar la culpa al que no la tiene se entiende como tepan Nitra, cuepa, tepan nic, cuepa, o que aquello que da comezón es tecuecuetzotz en la lengua de los naturales.

 



En los meses subsecuentes indagaremos en las páginas de este vocabulario ejemplar, el cual refiere a los orígenes de nuestro México mestizo.


   Fray Alonso de Molina (c. 1514-1585)
| Aquí comienza un vocabulario en la lengua
    castellana y mexicana

| México, 1555 | Casa de Juan Pablos
| Impreso | 21 x 15.5 cm

La paleografía es autoría de quienes escribieron este texto; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para su identificación están subrayadas.



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