
LA COLECCIÓN EUROPEA
DE MUSEO SOUMAYA
SEGUNDA PARTE
DR. ALFONSO E. PÉREZ SÁNCHEZ
El Dr. Alfonso E. Pérez Sánchez, director Honorario del Museo del Prado, fue el curador de la selección europea de la muestra Tesoros del Museo Soumaya de México. Siglos XV al XIX, que se presentó en 2005 en el Palacio del Marqués de Salamanca en Madrid y en el edificio de San Nicolás en Bilbao. Ambos espacios del Banco Bilbao Vizcaya y Argentaria.
En la presentación del catálogo de la exposición, el ahora miembro de la Real Academia de la Historia, profundizó, junto con el Dr. Benito Navarrete, en los acervos pictóricos. Aquí, una segunda entrega que refiere a las escuelas italiana y francesa. Humanismo y sensualidad de la pléyade de aquellos artistas que trabajaron en el Viejo Continente del siglo XIII al siglo XVIII: los Antiguos Maestros Europeos. |
Escuela italiana
La pintura italiana está muy abundantemente representada, desde los <<primitivos>> toscanos hasta los pintores venecianos del siglo XVIII.
La colección se abre con una delicada Madonna entronizada con ángeles y santos, obra del Maestro de Carmignano, un artista florentino de comienzos del siglo XV, de cierta influencia sienesa, y continúa con una pareja de santos, Catalina y Peregrino, seguramente de Nicolo di Pietro, un venenciano de fuerte influencia centro-italiana que no hay que confundir con Nicolo di Piero Gerini, florentino, casi contemporáneo y de otro carácter, más del gótico internacional. Una tablita anónima, quizás de procedencia veronesa, con una escena mitológica Eros y Psique en un marco exquisitamente renacentista, es testimonio del aspecto más puramente humanista del siglo XV. En los umbrales del siglo XVI encontramos dos ejemplos florentinos: Un ángel sosteniendo a san Juan niño, obra del círculo de Lorenzo di |
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Credi, con ecos de la sensibilidad de Leonardo da Vinci, y una Virgen con el Niño, que copia, con modificaciones, una composición más compleja de Andrea del Sarto, conocida a través de copias y de testimonios documentales.
Esta versión, antigua y de calidad, permite conocer el arte sutil y personal de Andrea.

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Pero es el mundo veneciano el que se encuentra mejor representado. Desde una Sacra Conversación atribuida a Bonifacio Veronesse, con su típica sensualidad al modo de Giorgione, hasta una dramática Crucifixión de Tintoretto, la pintura del entorno lagunar, logra ofrecer ejemplos significativos. Una Huida a Egipto se atribuye a Francisco Vecellio, el hermano de Tiziano, después de haber sido atribuida a Bonifacio Veronese y a Polidoro de Lanciano, ambos en la estela de Bellini. Un excelente retrato de Caballeroes obra del propio Tiziano, testimonio de su soberbia capacidad para dotar de vida propia a sus modelos, y otro retrato de impresionante prestancia atribuido hoy al lombardo de fuerte influencia veneciana Giovanni Battista Moroni, después de haberlo sido a Lorenzo Lotto, muestran la excelencia de la pintura del norte de Italia a mediados del siglo XVI. El ya citado Calvario o Crucifixión de Tintoretto cierra, con una obra excelente, la presencia del gran siglo de la pintura veneciana.
Aunque holandés de origen, Jan Kraeck ha de ser considerado italiano, pues en Italia trabajó al servicio de la corte saboyana e italianizó su apellido en Carranza. El delicioso Retrato de Catalina Francisca de Saboya, hija de los duques y nieta de Felipe II, ha sido atribuido a Sánchez Coello, y muestra las estrechas relaciones entre los retratos oficiales de las cortes que se vinculan con el imperio español. |
El XVII se abre con un pequeño cobre con la Anunciación, de procedencia seguramente lombarda, en las primeras décadas del siglo. Un San Francisco en meditación, quizás del napolitano Filippo Vitale, da testimonio de la fortísima influencia de Caravaggio, con su iluminación tenebrista y su fuerte naturalismo, presente también en una áspera Cabeza de anciano, igualmente napolitana, en la estela de Ribera.
Caravaggiesca es también una hermosa Magdalena, llorando su arrepentimiento, versión de menor calidad de la de Artemisa Gentileschi de la Catedral sevillana, pero excelente muestra del peculiar lenguaje de la pintora, que supo interpretar, con personalidad singular, el tenso naturalismo del maestro. |
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El mundo romano está representado por un par de Caprichos arquitectónicos, alarde de perspectiva de algún seguidor de Viviano Codazzi, y por una Cabeza varonil de enérgico movimiento, típicamente barroca, del círculo de Giacinto Brandi. Pisando ya en el siglo XVIII, se encuentra el hermoso San Francisco de Paula de Francesco Trevisani, obra muy representativa de este maestro que enlaza el barroco más lírico con un atemperado clasicismo en sus últimos años.
Y del siglo XVIII pleno, en el mundo de amable fantasía rococó, puede señalarse la presencia de un Paisaje con figuras de Alessandro Magnasco, el pintor genovés de personalísima imaginación desbordada, casi prerromántica, y una Alegoría de las Artes liberales, boceto, sin duda, para una espectacular bóveda, atribuido, a veces, al napolitano Corrado Giaquinto y considerado ahora como de un habilísimo discípulo. |
Dos vistas de Venecia, pintadas en el estilo de Francesco Guardi, pero quizás debidas a la mano y pincel de su hijo Giacomo, que se hizo cargo del taller a la muerte de su progenitor en 1793, ofrecen una visión objetiva, pero tocada de ese peculiar efecto de luz que las convierte en objetos casi mágicos que fascinaban a los viajeros ingleses del grand tour, que los adquirían y, en ocasiones, fomentaban su copia y sus imitaciones. |
Escuela francesa
La representación francesa es más reducida, sin embargo hay que destacar un ejemplo interesante de un tenebrista de la primera mitad del siglo XVII, el Cupido y Psique, seguramente del provenzal Trophime Bigot, que estuvo en Roma y aportó una peculiar interpretación del arte de Caravaggio.

Dos escenas con amplio desarrollo de perspectivas arquitectónicas, con episodios bíblicos o evangélicos (en uno se reconoce el de Cristo y la mujer adúltera), han sido también considerados franceses, como pertenecientes a Ambroise Dubois, pintor de nación flamenca, presente en la corte de Fontainebleau, pero la atribución debe quedar en suspenso, pues ese tipo de lienzos de perspectivas arquitectónicas fue muy cultivado en Flandes e incluso en España donde un «especialista», Francisco Gutiérrez, la practicó también con éxito.

Una curiosa tablita con una Batalla de caballería, de técnica refinada, con toques de oro, y que reproduce un grabado de Jacques Callot de las Miserias de la guerra, es sin duda francesa, de época imprecisa.
Y, por último, una fantástica visión de un Puerto mediterráneo a la luz de la luna con figuras alrededor de una hoguera, versión de taller de una composición de Claude Joseph Vernet, muestra el gusto por la visión del paisaje, ya prerromántica, del arte francés de fines de siglo.
[1] Andrea del Sarto | La Virgen y el Niño con san Juan Bautista | c. 1526 - 1528 | Óleo sobre tabla | 98 x 77 cm
[2] Filippo Vitale, atribuido | San Francisco en meditación | Primera mitad del siglo XVII| Óleo sobre tabla | 103 x 76.5 cm
[3] Artemisia Gentileschi, atribuido | María Magdalena como La Melancolía | c. 1622 - 1625|Óleo sobre lienzo | 136.3 x 100.6 cm
[4] Trophime Bigot | Cupido y Psique | Primera mitad del siglo XVII | Óleo sobre lienzo | 97.8 x 133.5 cm
[5] Taller de Claude-Joseph Vernet | Puerto mediterráneo | c. 1771 | Óleo sobre lienzo | 97.3 x 163.8 cm |
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