CONMEMORAR, REVALORAR Y
RENOVAR NUESTRO PROYECTO
COLECTIVO DE NACIÓN

ENRIQUE FLORESCANO

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En 1810 Miguel Hidalgo inició el movimiento que en 1821 culminó con la declaración de independencia y la separación política de España.  Un siglo más tarde, en 1910, Francisco I. Madero encabezó la oposición contra el gobierno de Porfirio Díaz y en 1917 esa insurgencia ciudadana produjo una nueva constitución política y un programa que reformaba la estructura del Estado e invitaba a participar, por primera vez, a todos los sectores y grupos en un proyecto colectivo sustentado en la igualdad, la justicia, el desarrollo económico y el bienestar del conjunto social.  A esos dos movimientos debemos el nacimiento de un Estado autónomo que recibió el nombre de República Mexicana, y la aparición de un modelo de Estado-nación proyectado hacia el futuro. Son nuestros movimientos fundadores, el origen de nuestro proyecto colectivo nacional.

Por esas características su próxima conmemoración debe envolver a todos los ciudadanos y motivar la reflexión y la participación nacional.  Quienes han expresado la conveniencia de que los ciudadanos, los sectores sociales y las instituciones del Estado se apresten a recordar ambas efemérides prefieren hablar de conmemoración antes que de celebración o festejo. 

 

Quizá éste sea el término adecuado.  Lo que importa a los mexicanos de hoy es comprender el significado de esos movimientos, conocer sus orígenes y motivaciones, compenetrarse de las circunstancias históricas que los condicionaron y reflexionar sobre sus efectos en la formación del México moderno y contemporáneo. Conmemorar los orígenes de la República y el nacimiento del Estado nacional tendría el sentido de traer a la memoria del siglo XXI los anhelos que llevaron a nuestros ancestros a construir un proyecto compartido por individuos que tenían orígenes sociales, tradiciones culturales, lenguas, creencias religiosas e intereses económicos y políticos diferentes y contrastados.

República y nación son proyectos sustentados en el principio moral de vivir unidos respetando el derecho de los otros con el fin de edificar un conjunto social  que mejore las condiciones de vida de todos. Bajo distintas circunstancias estos fueron los principios que animaron a nuestros antepasados a construir una república independiente y un Estado nacional dedicado a promover el bienestar de los mexicanos con independencia de sus orígenes, su condición étnica, económica o cultural, o sus preferencias religiosas o políticas.  El desenvolvimiento histórico de las naciones nos recuerda que una de las claves para mantener, refrendar y proyectar hacia el futuro una empresa colectiva exige su recordación permanente y continua, repetida de manera infatigable por los conductos tradicionales de la memoria oral, visual, escrita y ceremonial.

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En la medida en que somos hijos del proyecto colectivo que se inició en 1810 y fue ratificado en 1910, los mexicanos del siglo XXI tenemos el compromiso moral de recordar esos orígenes y transmitir su legado a los ciudadanos de hoy y de mañana.  Los objetivos que movieron a los padres fundadores se mantienen vigentes: República Federal, Estado laico asentado en principios democráticos, prosecución del bien común, garantías individuales, igualdad de derechos y oportunidades e irrestricta participación ciudadana en los asuntos públicos.  A estos principios liberales la constitución de 1917 y nuestra historia reciente sumó los derechos sociales, el imperativo de producir riqueza para satisfacer los rezagos de las mayorías marginadas, vigencia del estado de derecho, la demanda de equidad y seguridad pública, y la premura de enfrentar los peligros que amenazan la conservación del medio ambiente y la calidad de vida de las próximas generaciones.

La conmemoración de ambas efemérides invita a una celebración de la República entendida como entidad política y moral, y a ratificar el pacto federal que nos dotó de un ser histórico unitario.  La Revolución de 1917 formuló un pacto de unidad nacional al incluir a todos los sectores sociales en su proyecto político, un pacto que el discurso conmemorativo del 2010 está obligado a refrendar.  La conmemoración de la Independencia y de la Revolución de 1910 es la mejor oportunidad para darle nuevo aliento al proyecto de construir una nación integrada y confiada en su futuro.

¿Qué hemos alcanzado de esas metas? ¿Qué obstáculos se han atravesado en su consecución? ¿Cómo los hemos enfrentado? ¿Cuál es el balance del esfuerzo de construir una nación?  Evaluar lo recorrido en el transcurso de 200 años es objetivo ineludible de  la conmemoración bicentenaria. Por su misma naturaleza, la conmemoración implica la revisión crítica y la evaluación objetiva. Por fortuna, las principales instituciones académicas, culturales y educativas han tomado entre sus manos la realización de los congresos, simposia, ediciones y exposiciones dedicadas al estudio y la valoración de la Independencia y la Revolución.


La conmemoración de ambas efemérides inexorablemente nos lleva  a revalorar el pasado con la mira puesta en los desafíos del presente y la perspectiva del futuro.  En 1910 el Presidente Porfirio Díaz promovió una celebración fastuosa del Centenario de la Independencia, pero también dedicó un esfuerzo considerable a fortalecer la identidad nacional y dotó al país de hospitales, museos, instituciones educativas, parques públicos y numerosas obras sociales.  En el  programa que el Presidente Felipe Calderón dio a conocer para conmemorar ambas efemérides informó que entre sus prioridades está el apoyo a la infraestructura cultural y educativa.  Sería convenientemente que esas prioridades se extendieran a la protección del medio ambiente, los ecosistemas, el reordenamiento de nuestras ciudades, la preservación del campo y los recursos rurales, en suma, al conjunto del patrimonio de la nación.

Por su naturaleza simbólica 2010 será el año conmemorativo de los esfuerzos realizados por el conjunto de los mexicanos. Por ello, ante el riesgo de que esa conmemoración nacional sea mediatizada por las instituciones del Estado, las burocracias o los poderes fácticos, es necesario refrendar su sentido republicano, federalista, cívico y democrático. 

 

El pacto republicano, federal y democrático que nos cobija implica la participación equitativa y responsable de los tres poderes, de los estados y municipios, de las instituciones públicas y privadas, así como de los partidos, del conjunto de lo sectores sociales y de los ciudadanos.  En la medida en que cada una de esas partes contribuya a enriquecer la conmemoración de la Independencia y de la Revolución,  sin inhibir la participación de los ciudadanos, podremos decir que en 2010 se fortaleció la República y se acendró el espíritu nacional.

El bicentenario de la independencia  es un acontecimiento internacional, hispanoamericano, cuya perspectiva no debe perder de vista la comisión nacional mexicana.  Entre 1808 y 1824 España y la mayoría de los países latinoamericanos emprendieron la aventura de crear repúblicas independientes, autónomas y regidas por los principios liberales y democráticos.  La conmemoración de esa aventura colectiva es ocasión propicia, para reanudar y fortalecer nuestra relación con América Latina, y España, proyectando hacia el futuro nuestra común tradición histórica, política y cultural.  En 2010 México puede invitar a esos países a revalorar el trayecto recorrido y pensar juntos un futuro compartido por 400 millones de hispanohablantes.





Pensar el proyecto cultural hispanoamericano del siglo XXI permitiría realizar una exposición histórica internacional extraordinaria, con los tesoros que conservan los museos españoles y latinoamericanos sobre la Independencia, la República, el Federalismo, el Liberalismo y la Democracia.  México podría participar en la promoción de estos foros continentales para meditar conjuntamente sobre las perspectivas futuras y nuestra relación con el mundo globalizado.

Escribo estas notas el 10 de agosto del 2007 cuando después del anuncio presidencial de la instalación de la comisión nacional de los centenarios apenas dos estados, Veracruz y el Esta-

 

do de México, más el Departamento del Distrito Federal, han establecido sus propias comisiones. 

Ni el senado ni la cámara de diputados han dado a conocer sus respectivos programas conmemorativos.  Como ya es costumbre, los partidos políticos ignoran estas efemérides y reiteran su distanciamiento de los asuntos nacionales.   En suma, a escasos tres años de la conmemoración de las fechas que registraron el nacimiento de la nación moderna, sus representantes políticos olvidan el significado de esas efemérides fundadoras.  Mal augurio.  La pérdida de la memoria política presagia que, al final, en  lugar del acto meritorio de honrar cumplidamente la memoria de los padres fundadores, en el último minuto se desencadenará la avalancha de las fiestas, inauguraciones y homenajes aparatosos, con el consiguiente dispendio de los recursos nacionales.  Corresponde a los ciudadanos y a las instituciones republicanas frustrar esas tendencias y reafirmar el espíritu cívico nacional que demanda la conmemoración bicentenaria.


[1] Claudio Linati | Dragón. Tropa de línea |1828|Litografía acuarelada, núm. 2 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino |28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm
[2] Claudio Linati | Hidalgo |1828 | Litografía acuarelada, núm. 21 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino|28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm
[3] Claudio Linati | Fray Gregorio carmelita | 1828 | Litografía acuarelada, núm. 30 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino|28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm
[4] Claudio Linati | Marchante de aves. Marchante de manteca. Marchanta de dulces |1828 | Litografía acuarelada, núm. 9 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino |28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm
[5] Claudio Linati | Manera de cargar de los mendigos, para ejercitar la piedad | 1828 | Litografía acuarelada, núm. 16 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino|28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm
[6] Claudio Linati | Extracción del pulque del maguey (aloe) por medio de una larga calabaza con la cual se aspira | 1828 | Litografía acuarelada, núm. 4 de la 1ª edición de Costumes civils, militaires et religieux du Mexique. Dessinés d’après nature, impreso por la Litografía Real de Gobard, Bruselas, y publicado por Charles Sattanino|28 x 21.7 cm; libro empastado 28.9 x 23.3 cm



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