ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

En la vida moderna se busca utilidad; se procura mejorar
materialmente la existencia; la ciencia inventa cada
día nuevos procedimientos para alimentar, vestir, transportar
y comunicar a los hombres […] Pero en lo que se
refiere al espíritu, al pensamiento, al sueño, no hay nada
que hacer. El arte ha muerto.


AUGUSTE RODIN EN ENTREVISTA A PAUL GSELL

 

 

 

 

 

 

Ningún escultor a partir de Miguel Ángel ha dejado una huella tan indeleble en la historia del arte como Auguste Rodin, afirma Agustín Arteaga. A pesar del panorama que el maestro francés veía para la estética en la transición del Romanticismo a la modernidad, su quehacer logró anunciar nuevos derroteros para la historia de Occidente.

Justo después de un fugaz reencuentro con Camille Claudel, alumna y amante de Rodin, el escultor realizó –sostiene el investigador John L. Tancock– un símbolo del nacimiento del cosmos […] quizá ante el desencanto del mundo industrializado. Ilusiones recibidas por la tierra muestra el origen y el fin de la existencia, sublimación que viene de la mitología clásica, y que tomó forma a partir de su estudio constante sobre el movimiento del cuerpo.  Fueron

 

los mitos griegos la fuente de inspiración para darle un nuevo significado a la creación. El artista plasmó la fuerza de las aguas, y sobre todo la sensualidad armoniosa de dos figuras que se besan.





 

Eros

Pausanias, en El banquete de Platón, afirma que Eros nació de Poros –el recurso– y de Penia –la pobreza– y se caracterizó por ser una fuerza inquieta e insatisfecha, según esta tradición se establece que es hijo de Afrodita –diosa de la belleza– y de Hermes –el mensajero divino–. Demócrito asegura que es fruto de la unión entre Afrodita y Ares –deidad de la guerra– o incluso entre ella y el mismo Zeus. Por otro lado, Plutarco afirmó que era hijo de Iris –mensajera de los dioses y símbolo de la velocidad– y Céfiro –el viento que aclara los cielos–.

 

 

Eros es el dios del amor, volvía a leer Rodin durante el ocaso del invierno de 1895 en Meudon, tal como afirma Tancock. En aquella ciudad, el escultor convivió por última vez con sus dos mujeres: Camille y Rose Beuret.

Sobre el origen del amor, como primer motor del universo, se han sustentado múltiples mitos y teorías. Según algunos poetas, este impulso básico nació del Huevo original engendrado por la Noche, cuyas dos mitades al romperse formaron el cielo y la tierra. El Amor es el principio vital. Rodin seguía la distinción entre el Amor sagrado, hijo de una Afrodita Urania –Venus celeste– que conduce a la contemplación divina, y el Amor profano, hijo de Afrodita Pandemia –Venus terrenal– abocado a la sensualidad carnal.

Así, Rodin mostraba, con dos figuras femeninas que emergen y se funden en la materia, la tensión y el erotismo de los opuestos que se complementan. El escenario elegido por el artista fue el mar primigenio. Las aguas violentadas –afirma el investigador Bernard Champigneulle– enfatizan los movimientos sensuales del Amor encarnado en las bellas jóvenes.




Museo Rodin de París resguarda el yeso de esta obra. El bronce del acervo mexicano es el único en América. La obra alude a la cohesión interna del cosmos y manifiesta la pasión amorosa indispensable para la existencia de hombres y dioses.

Rodin también bautizó a la obra, Ilusiones puestas en la madre tierra, título que evoca la abundancia y el equilibrio del universo. Este tema ya lo había tratado en Céfiro y la tierra o La eterna primavera (1884). Once años después, el hombre fue sustituido por una mujer. Aquí la pareja se abraza con fervor y entre la vorágine del caos,
 

entre el inicio y el final, se anuncia el éxtasis. En entrevista con Paul Gsell, Rodin diría:

En pleno sufrimiento, ante la muerte de los seres amados […] el artista […] llega a encontrar la trágica voluptuosidad de la admiración. A veces tiene el corazón torturado, pero experimenta, más intensamente […] la áspera satisfacción de comprender y expresar. En todo lo que ve entiende con claridad las intenciones del destino. Contempla sus propias angustias, sus peores heridas […] su éxtasis es a veces aterrador pero, incluso entonces, es felicidad porque consiste en la permanente adoración de la verdad.


Ensamble


[…] para Rodin, una obra siempre era susceptible de transformarse, afirma Tancock. Así, la joven de cuerpo contorsionado se inspiró en la figura femenina de La eterna primavera, quien a su vez tuvo su origen en el sensual Torso de Adèle.

Más tarde Rodin la utilizaría para La mártir (1885), Cariátide (1889-90), La caída de Ícaro o La caída del sueño a la realidad (1895), así como Ilusión o Hermana de Ícaro (1896), personaje que no se encuentra en la tradición grecolatina.

Los cuerpos parecen emerger del metal y las oquedades entre sus brazos y piernas dan una sensación de liviandad ante la solidez compositiva. Las mujeres flotan libremente en el espacio. La enérgica geometría de los volúmenes fue celebrada a comienzos del siglo xx por el artista Constantin Brâncuşi (Hobiţa, Distrito de Gorj, región de Valaquia, Rumania, 1876 – París, Francia, 1957) y aunque siempre manifestó un férreo rechazo a la influencia de Rodin, reconoció su grandeza.

Esta pieza fue ejecutada cuando se concluyó el monumento a Los Burgueses de Calais, el mismo año en que el escultor pagó 27,800 francos por la Villa de Brillants en la ciudad de Meudon, donde pasaría varios años junto a su compañera y poco antes de morir esposa, Rose Beuret.

A nueve décadas de su partida, Museo Soumaya recuerda al maestro de los volúmenes con una ofrenda a la vida, a la muerte, a la creación y al caos, ahí donde el espectador sigue encontrando sentido en las palabras de Rodin: El arte enseña a los hombres su razón de ser. Les revela el sentido de la vida y arroja luz sobre su destino […].

 



Torso de Adèle

Hacia 1882 Rodin, de 42 años, sostuvo una apasionada y corta relación con una hermosa modelo de nombre Adèle. Realizó un torso sin estar convencido de insertarlo en algún proyecto en específico, sin embargo, modificando la posición de los brazos y las piernas, Torso de Adèle fue una de las obras más utilizadas por el artista para ensamblar nuevas creaciones.

La crítica celebró la postura imposible de la escultura y quizá por su movimiento atrevido y de vanguardia, ha sido un referente para los artistas posteriores a Rodin. Una versión en bronce de esta obra fue devuelta el año pasado, por Luis Emilio Onfray, al Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile. El estudiante de arte la había robado el 16 de junio de 2006, argumentando una «acción de arte», para transgredir el arte moderno a partir de una obra moderna.

 

 

 

 

 

 

[1] Auguste Rodin (París, Francia, 1840 - Meudon, Francia, 1917) | Ilusiones recibidas por la tierra | 1895 | Bronce con pátina café, negra y verde | 51.3 x 81.4 x 56 cm

[2] La eterna primavera (o Céfiro y la tierra o Juventud o Ideal) | 1884 | Mármol blanco | 40.1 x 50.3 x 30.5 cm

[3] La mártir | 1885 | Bronce con pátina café | 27.6 x 148 x 98.5 cm



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