DE LA COLECCION DE MUSEO SOUMAYA
CARICATURAS DE DAUMIR:
vocación inevitable de libertad


GABRIELA HUERTA TAMAYO| INVESTIGACIÓN


Honoré Daumier | El señor que ríe con sarcasmo (Le Monsieur qui ricane | 1850 | Bronce con pátina café y verde
| 19 x 7.4 X 6.7 cm | Firmado: «Daumier» | Fundidor: Valsuani | Serie: 21/30
 

Como expresión humorística y burlona, Occidente registra caricaturas desde la época griega clásica en el siglo V a. C. Siglos más tarde, en el XVIII se adoptó como manifestación idónea para la sátira política y social. Los conflictos entre ideologías han sido puntos de partida invariables para los caricaturistas de la prensa desde entonces. En Francia, cuatro décadas después de la Revolución de 1789, la inestabilidad del Estado republicano derivó en un movimiento sangriento que llevaría a la restauración de la monarquía y a nuevas rutas para las artes, incluida la gráfica.

La revolución de 1830 causó –observaba Charles Baudelaire–, como todas las revoluciones, una fiebre caricaturesca. Fue en verdad una belle époque para los caricaturistas. En esta guerra encarnada contra el gobierno, y particularmente contra el rey, éramos todo corazón, todo fuego.

En esta crisis política y a los 22 años, Daumier definió su postura contra la monarquía, la aristocracia, el clero y la burguesía corrupta. Entabló una fuerte relación de amistad y trabajo con el periodista Charles Philipon, fundador de La Caricature (1830), primera gaceta periódica de caricaturas, Le Charivari (1832) y Le Journal pour rire (1848), importantes ejemplos para la historia de la prensa ilustrada y satírica.


Durante las primeras décadas del siglo XIX en Francia, literatos y pintores empezaron a ligar las artes con la política. El Realismo se desplegó como un estilo comprometido con la dura realidad de muchos ciudadanos. En el grupo corrieron ideas socialistas y algunos miembros, como Courbet, fueron adeptos enérgicos. Se procuraba tomar del natural escenas rurales y como modelo a la gente común, recursos que se distinguían de los temas y técnicas de la academia.

 

Honoré Daumier | El conde de Argout | 1850 | Bronce con pátina café | 43.3 X 17 X 19 cm

Daumier, quien había comenzado estudios de dibujo durante su adolescencia en el taller de Alexandre Lenoir, a los 20 años se inscribió en la escuela de Boudin. Desde el siguiente año, saldrían a la luz sus litografías en diferentes magacines. Sus primeras caricaturas políticas se publicaron meses antes de la Revolución de 1830. Baudelaire, amigo y crítico de su obra, diría: […] dibuja, porque tenía necesidad de dibujar, vocación inevitable.

Daumier se destacó por sus imágenes claras de línea, búsqueda de la proporción y eficacia gráfica para volver personajes y rasgos faciales en símbolos. Con Robert Macaire, un abogado que ponía en evidencia las artimañas del medio judicial, muy pronto alcanzó notoriedad en la prensa litográfica. Sería también uno de los primeros en caricaturizar con forma de pera los rostros de la clase política y del rey: por representar así a Luis Felipe padeció la censura y fue llevado a prisión. Su peligroso oficio tuvo que ser moderado con temas más sociales –como sus series del popular Robert Macaire, Costumbres conyugales, Emociones parisinas, Filántropos de hoy, entre otras–  cuando las tijeras contra la libertad de prensa estaban sobre él y sus compañeros.



Honoré Daumier | Ratapoil | 1851 | Bronce con pátina café oscura | 43.3 x 17 x 19 cm
 

La litografía pone en evidencia los dos modos de representar en Daumier en esta época [1831]: la de la pera que era emblemática y esquemática –apunta el investigador y curador Édouard Papet–, y la del portrait-chargé [caricatura], que en relación con los bustos modelados a petición de Philipon, era expresiva y caricaturesca.

Las caricaturas políticas de Daumier se desarrollaron en dos etapas principales: de 1831-32 a 1835 y más tarde, hacia el final de su vida y antes de perder la vista, de 1867 a 1868. Modeló en terracota los retratos de Las celebridades del Justo Medio (c. 1832-1835) –con las que crearía también una de sus mejores estampas, El vientre legislativo (1834) –. Museo Soumaya los conserva en bronce, al lados de las figuras de El conde de Argout y Luis XIV, y con las esculturas de crítica social que desarrolló entre estos periodos: su afamado Ratapoil, El enamorado, El pequeño propietario y El señor que ríe con sarcasmo (Le monsieur qui ricane), nueva pieza que se suma a la colección mexicana.



Honoré Daumier | Luis XIV | Mediados del siglo XIX | Bronce con pátina verde | 43 x 49 x 30 cm



 

En El señor que ríe con sarcasmo, Daumier ensaya llevar el cuerpo hacia atrás, como hizo con Ratapoil. La misma tendencia se advierte en El pequeño propietario y en El conde de Argout. Su joroba alude al muy popular personaje Mayeux de Villers, que representa los defectos de la burguesía en tiempos del rey Luis Felipe. De frente, el personaje de Daumier ríe con cinismo y su deformidad no se advierte; de perfil, con ironía plástica, su pronunciada joroba sirve para equilibrar la figura. El nombre podría referir a Tartufo, personaje de Molière. El caricaturista también ilustró obras de este dramaturgo. En cuanto a la moral –apunta Baudelaire–, Daumier tiene algunas relaciones con Molière. Como él, va directo al blanco. La idea se suelta de golpe. Uno mira y comprende. Al final de la primera escena del primer acto de Tartufo, la expresión en francés Voilà-t-il pas Monsieur qui ricane déjà!  [¡Mas veo que ya ríe aquel señor!], se refiere al impostor y ladino que, bajo la apariencia de mojigato, tratará de sacar provecho del caudal de los otros y de los favores femeninos.


Las esculturas de Daumier no son sólo estudios. Son vivas y actuales: ejecuta poses y tipos de personajes modernos, que entonces sólo la prensa comenzaba a difundir, incluso el acabado remite al espíritu de su bajorrelieve realista Los emigrantes (o Los fugitivos), obra de Museo Soumaya cuyo estilo es común al de sus óleos: La lavandera, El vagón de tercera clase, María Magdalena o Los abogados, que resguardan otros museos, son maestros para la generación de los impresionistas y de los siguientes escultores.

La obra de Daumier se reconoce también por el alcance de los tipos que representó. Philipon mostró el inicio de la serie de personajes políticos caricaturizados por el artista como un Homenaje a la tontería contemporána [sotise (sic) contemporaine], y en relación con la Comedia humana de su amigo Balzac, el mismo artista entregará planchas con esta apelación. Los nombres condensan la nota específica que diferencia el dibujo meramente humorístico, que pretende burlarse de algo o alguien, de la caricatura, que en el medio periodístico, de opinión pública, va más allá –como afirma el monero mexicano Luis Rius en su investigación sobre la historia de la caricatura política–: intenta hacer pensar al espectador. La risa aligera, destruye la imagen solemne del poder autoritario, expresa la fortuna por disfrutar de múltiples perspectivas entre las cuales sea posible la dignidad.

 

Honoré Daumier | El señor que ríe con sarcasmo | 1850 | Bronce con pátina café y verde | 19 x 7.4 X 6.7 cm


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