
ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ|DIRECCIÓN
| A LA MEMORIA DE JUANA GUTÉRREZ HACES |
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Por mucho tiempo Cristóbal de Villalpando fue catalogado como uno de los mejores artistas españoles. Hoy sabemos que nació en la ciudad de México y que destacó entre los mejores Antiguos Maestros Novohispanos. Fue nombrado en repetidas ocasiones veedor o examinador de obras, alférez y capitán de las milicias gremiales, puestos que le encomendaban la puntual ejecución de las ordenanzas promulgadas en 1686, emanadas del concilio de Trento, para el célebre gremio de pintores y doradores. De este modo se vigilaba que el nuevo repertorio artístico se mantuviera apegado a los cánones más estrictos de la Iglesia.
Es probable que el autor de los murales para la Sacristía Mayor de la Catedral Metropolitana fuera alumno de Baltasar de Echave Rioja y Pedro Ramírez, como lo asegura el investigador Rogelio Ruiz Gomar. Villalpando, contemporáneo a Juan Correa, trabajó para la sociedad civil y religiosa más exigente, pues era considerado el más grande pintor de su tiempo.
La Dolorosa, Santa Teresa de Jesús en éxtasis, San Ignacio de Loyola ofrece sus armas a la Virgen de Montserrat y Los Cinco Señores, son obras en el acervo de Museo Soumaya, que abren la devoción de un pueblo que se rinde al Creador: luces y sombras, la armonía y el caos, la razón y la locura, encontraron en el Barroco exuberante, de fines del siglo XVII y principios del XVIII, y en la fuerza creadora de Villalpando, el simbolismo de la Contrarreforma.
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IN EXCELSIS
El Barroco representó el fervor religioso de manera casi teatral y lo llevó a sus máximas consecuencias; se valió de alegorías, y cargado de toda la violencia del realismo español utilizó un lenguaje culto, repleto de contrastes, sublime y rico en elementos.
Aquellos caminos del arte derivados de la Reforma protestante buscaron restituir el poder de la Iglesia ante los crecientes logros, por lo menos en el norte de Europa, de luteranos y calvinistas.Asimismo, las misiones, la evangelización en el nuevo mundo, la sensibilidad y la comprensión de la otredad serían los derroteros de la Contrarreforma. |

Cristóbal de Villalpando
(Ciudad de México, c. 1649 – 1714)
Los Cinco Señores
c. 1705 - 1714
Óleo sobre lienzo
177 x 113 cm
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El Barroco novohispano logró, de este modo, que los espacios sagrados producidos por las manos más talentosas, repletos de esculturas, pinturas o textiles, con dramáticos brillos en láminas de oro o hilos de plata, invocaran al Dios Misericordioso que los abrazaba. Dijo santa Teresa de Ávila, que Barroco era encontrar a Dios en los pucheros. El programa contrarreformista buscaba acercar la religión a un pueblo que había relajado sus prácticas espirituales ante la turbulenta vida de los grandes centros urbanos y un gran movimiento mercantil, que por vez primera se asumía global.
CIENCIA, MÍSTICA Y POLIFONÍA
Sobre una alfombra con delicadas flores, la Sagrada Familia conformada por la Virgen, san José y el Niño Jesús se extiende con santa Ana y san Joaquín, los padres de María, referencia profética de la sucesión dinástica de la casa de David. El padre Eterno, con la esfera cósmica y el Espíritu Santo de suave gracia, presiden la escena. En un eje vertical que culmina con Jesús, forman el sagrado misterio de la Trinidad.
La investigadora Juana Gutiérrez Haces fue una de las críticas y estudiosas más respetadas de Cristóbal de Villalpando y del arte virreinal. la doctora Gutiérrez se ocupó en una de sus últimas investigaciones de esta versión de Los Cinco Señores, cuya veneración fue uno de los temas que acogió con mayor fervor el imaginario novohispano.
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En sus palabras: Los Cinco Señores que pertenece a Museo Soumaya es quizá uno de los cuadros más bellos y originales dentro de la pintura novohispana.
La especialista notó la recurrencia del pintor por la elipse y las figuras concéntricas. Tal es el caso de la Sagrada familia de la catedral de Puebla o el Dulce Nombre de María del Museo de la Basílica de Guadalupe e incluso en La Iglesia militante y La Iglesia triunfante de la Catedral de Guadalajara.
No sólo el Espíritu Santo emerge de un halo azul en forma de una elíptica, ya que, si unimos a la parte alta de esta forma las tenues líneas de las aureolas [nimbos] de la Virgen y de santa Ana con la parte que apenas se deja ver del trono, habremos encontrado otra elipse, y de la misma forma si unimos los rostros de los Señores con la figura de Dios Padre habremos logrado una similar forma geométrica, apuntaba Juana Gutiérrez.
El investigador Elías Trabulse, en su artículo “Un científico mexicano en el siglo XVII: Fray Diego Rodríguez y su obra”, publicado en Círculo roto, evidencia que en Nueva España fueron discutidas ampliamente las leyes keplerianas.
El magnífico óleo virreinal tendría íntima relación con la primera de estas leyes: […] la órbita de los planetas es una elipse, con el Sol en uno de los focos […].

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Para fines del siglo XVII la Iglesia no aceptaba la idea del heliocentrismo. Trabulse afirma que el mercedario Diego defendía esta postura sin contradecir la ortodoxia. Así, los teoremas astronómicos no son otros que los que rigen las armonías musicales del movimiento de los planetas […] a cada planeta se le atribuyó un comportamiento musical y como en la polifonía, sigue su propia partitura.
Juana Gutiérrez subrayó que Villalpando, cercano a estas ideas, mostró un heliocentrismo a través de pinceles, en un «concierto perenne» cuyos sonidos son audibles por la razón geométrica.
Con esta obra despedimos el año. A los que ya no están, echaremos de menos. El Barroco exuberante de Villalpando en el blanquísimo cuerpo del Niño es el reflejo del |
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rostro de su Padre. Los Cinco Señores del cielo y de la tierra son los mundos que giran en armonía alrededor del nuevo Sol: Jesús irradia su luz al cuadro y al universo, la música de las esferas en las cuales Dios es el artista.
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