Hombre con tronco
de RufinoTamayo




Rufino Tamayo
Hombre con tronco

1934
|Acuarela sobre papel
27.3 x 21 cm

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El arte es la búsqueda del hombre por el
hombre, y para mí el hombre indígena
permanecerá siempre como un misterio
.

RUFINO TAMAYO


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Color, textura, estilo personal y universalidad son algunos de los derroteros de Rufino Tamayo en la historia del arte nacional. El pintor oaxaqueño de raíz indígena mostró desde muy temprano un constante interés por el estudio de la fisonomía del hombre y del paisaje. Al decir de Raquel Tibol,

[…] A Tamayo le gustaban los ángulos duros como a los teotihuacanos, la rigidez como a los toltecas, los sistemas simbólicos como a los zapotecas, las formas plenas y mórbidas como a los mexicas, los detalles exquisitamente naturalistas como a los mayas; pero su discurso visual fue otro […]

La fascinación por el mundo prehispánico se manifiesta en Tamayo desde 1921, año en el que José Vasconcelos lo nombró jefe del departamento de Dibujo Etnográfico en el Museo Nacional de Arqueología de la Ciudad de México. Trazos y formas del pasado mesoamericano que el artista reprodujo y transfiguró en el papel. El caudal del imaginario del pintor se volcaría ahora en la búsqueda del significado de un mestizaje –proceso abrupto que trajo consigo la Conquista- para comprender el mosaico pluricultural de nuestro país, tarea que fue realizada a lo largo de varias décadas de compromiso estético y personal.

En 1952 Tamayo elaboró el Homenaje a la raza india para la exposición de arte en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris. El mural reveló su visión del indígena en el contexto mexicano y universal. La propuesta del pintor: proyectar para el mundo un espejo de nuestra cultura poniéndolo a salvo en su ámbito íntimo y cotidiano. Javier Moreno Villarreal señala al respecto que […] se puede hallar la piedra de toque de la representación del hombre en la pintura de Tamayo: la soledad.

Es el caso de Hombre con tronco realizado en 1934. Con planos que se resuelven a través de líneas en diagonal, el autor buscó la coexistencia del cielo, la tierra y el personaje principal en un escenario de incertidumbre y revelación.


 

Un horizonte irregular enmarca a los que comparten el eje central de la pintura: un tronco incólume que parecería ser el único asidero para la delineada figura del indígena. Hacia el ángulo inferior derecho la pincelada logra una fuerza que atrae de modo cuasi magnético a toda la composición. El campesino, de hinojos y cabizbajo, sujeta entre sus manos un tipo de coa o bastón plantador. La obra da cuenta de la dura labor de la siembra; el protagonista, a merced del movimiento que lo enmarca, se resignifica a través de la tierra milenaria que justifica su existencia y la de sus ancestros.

Villarreal establece que […] A lo largo de los decenios de 1930 y 1940, el artista hablará repetidamente sobre sí mismo y su pintura en términos de raza y espíritu […]. Tamayo se convirtió así en portavoz de una raza y de su espíritu, paráfrasis del proyecto que José Vasconcelos  –a través de los fundamentos de la raza cósmica– había expresado en la década anterior.

En la plástica de Rufino Tamayo los indígenas son retratados, más allá de un contexto individual, en el gran escenario del mundo. Cabe recordar que la factura de esta acuarela corresponde al mismo año en el que el artista expuso su obra por tercera vez en Nueva York, viaje realizado junto con Olga Flores Rivas –su esposa y  compañera de toda la vida.


La paleta del pintor expone la otra realidad del pueblo mexicano. Sus figuras son testigos mudos que, sin embargo, estremecen. Es el caso de Hombre con tronco, donde el pasado y el presente de Rufino Tamayo convergen hacia la unidad del género humano

HÉCTOR PALHARES MEZA


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