LA EPIDEMIA DE SARAMPIÓN Y EL CURIOSO ENCUENTRO CON LAS ÁGUILAS SALVAJES
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Mi hermanita Refugio la mas pequeña de mis her/manas, se efermó gravemente de la garganta, mi madre [...] se la llevó á la Capital. [Al poco tiempo vino una] Epidemia de saranpeon [...] para librarme del contajio, me lleva/ron a casa de mí tia Mariquita, alli me encontre con Tomasa la entenada de mi abuelo que estaba por la misma razon. [...] nos desesperabamos de aquella inexis/tencia. [...] Un día me dijo Tomasa “Sabes Concha, me han di/cho que en el Cerro hay unas Aguilas muy bonitas ¿te gustaria velas? “Ya lo creo, le contesté [...] Sa/limos secretamente [...] sin guia y sin provisiones [...] Pasamos horas enteras sin encontrar un ser viviente [...] el hambre nos comensó á atrormentar y á fuerza de correr de un lado á otro, nos perdimos por completo [...] Con horror veiamos desaparecer el Sol, pensando que seria de nosotras si nos cojia alli la noche? [...] La Providencia Divina, tubo piedad de nosotras. El sacerdote del pueblo que iba a una visita nos encontro o mas bien El Es/piritu Santo lo mando. Total llegamos a casa me dieron una paliza que no valio la pena pues no vi ninguna aguila salvaje pe/ro tal fue el miedo por la amarga esperiensia que me dio el Sarampion […] Mi mal no fue tan grave, en pocos dias me encontre tan aliviada, que se me desató un apetito voraz, me tenian á una dieta rigurosísima, y esto aumenta mis deseos de toda clase de antojos. [...] Mi debilidad era grande, arrastrándome en cuatro pies llegué á la alacena,[...] ¡alli estaba el objeto de mis deseos! Meti la mano y tome un [higo] la volvi a meter y tomé otro, luego tomé otros y otros mas y tome hasta saciarme! [...] Esa misma noche se apoderó de mi una calentura tan violenta que en varios dias no supe lo que fue de mi. Mí primer recuerdo es el haber visto á [...] mi pobre madre que lloraba, luego supe que habia yo estado tan grave, que por ese motivo la habian hecho volver á Tenancingo á toda prisa […] Afortunadamente pronto nos fuimos de ahí.1 |

José María Velasco
Paisaje
c.1874
Óleo sobre lienzo
25.9 x 18 cm
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Una vez recuperada la Ciudad de México de las manos norteamericanas tras la guerra de 1847, Concha y su familia pudieron dejar Tenancingo, y después de una breve estancia en Querétaro regresaron a la capital. La nostalgia del exilio se disipó en el hogar, sobre el cual ella narra: de toda mi casa, lo que formaba mis delicias, era un cuarto que celosamente custodiaba la Nana Dolores. En busca de tales tesoros, la joven decidió burlar la seguridad y profanar el templo de las vanidades…
1 Memorias manuscritas de Concepción Lomabardo de Miramón, “Capítulo II°: Mi adolecencia, Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, t. 1, 1859- 1917, Colección del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX. La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas están desatadas y para su identificación se han subrayado. Las diagonales indican cambio de renglón.
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ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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