LA LUZ DEL MUNDO: CRISTO PANTOCRÁTOR
EN MUSEO SOUMAYA
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Para Dios es el mundo tan amado, que dio a su único Hijo; aquél quien crea en él no perecerá, sino que tendrá vida eterna.
SAN JUAN(3, 36) |
Anónimo ruso
Cristo Pantocrátor
Siglo XIX
Temple sobre tabla
31.7 x 24.9 cm
Col. Museo Soumaya
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HACIA EL SIGLO VI DE NUESTRA ERA EL CRISTIANISMO ORIENTAL -QUE SE EXTENDIÓ DESDE CONSTANTINOPLA A GRECIA, LOS BALCANES Y LOS PAÍSES ESLAVOS-, PUNTUALIZÓ LOS CÁNONES POR SEGUIR EN EL ARTE RELIGIOSO. ASÍ LOS PASAJES DEL EVANGELIO Y RELATOS HAGIOGRÁFICOS O LAS VIDAS DE LOS SANTOS, FUERON PINTADOS DE ACUERDO A LA NORMATIVIDAD DE LA ORTODOXIA BIZANTINA. |
El iconostasio –del griego eikon, imagen– es el equivalente al altar mayor de un templo católico. Se trata de un panel con diversos cuerpos que alberga a las representaciones sacras en un estricto orden jerárquico. Las puertas centrales –que dividen el espacio sagrado del profano– muestran las figuras del Tetramorfos o alegorías de los cuatro evangelistas: el buey para Lucas, el ángel para Mateo, el león para Marcos y el águila para Juan. |

El lugar de mayor importancia lo ocupa la Deesis, que es el cuerpo en el que aparece Jesús flanqueado por la Virgen María a la izquierda y por san Juan Bautista a la derecha.
A lo largo de los siglos se incluyeron diversos pasajes cristológicos como la Resurrección, El Juicio final o la Ascensión, que propiciaban una lectura narrativa y completa de los grandes temas de la vida del Salvador. Los artistas rusos –entre quienes destacó Andréi Rubliev por su fino y delicado trabajo–, buscaron en sus pinturas reflejar una atmósfera de plenitud que aproximase visual y anímicamente a los fieles al reino de Dios. V. Volodarsky apuntó que: [las imágenes tienen] un sentido de profunda unanimidad y amor universal. Éste es en esencia el mensaje emocional del icono, más allá de su interpretación teológica.
Una de las advocaciones privilegiadas en el arte ruso-bizantino –por su rico simbolismo– es la del Cristo Pantocrátor o Todopoderoso, como este temple sobre tabla del siglo XIX. Realizado con líneas suaves y dibujo preciso, el hijo del Padre transmite el mensaje del que darán cuenta los evangelios: Ego sum lux mundi [Yo soy la luz del mundo]. En |
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el Apocalipsis de san Juan (4, 1-4) se lee: […] Vi un trono colocado en el cielo […] los seres vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono y que vive por los siglos de los siglos.
En esta representación aparece el ser mayestático que, como Salvator Mundi, guía espiritualmente a la humanidad hacia la redención. En palabras de la crítica Matilde Battistini, […] es el principio ordenador de lo real, la síntesis de los elementos cósmicos y de las coordenadas espaciales, la unidad originaria de todas las criaturas vivientes.
El artista anónimo siguió los criterios iconográficos usuales, insertando a la figura en una atmósfera cálida y de profunda espiritualidad. El nimbo baña el rostro con un halo místico y lleva inscrita la letra griega ω, evocación de El que es. En la vestimenta, se enfatiza la doble naturaleza de Jesús: el quitón de color rojo oscuro con bordes dorados da cuenta de su divinidad; un manto turquesa con pliegues, llamado himation, simboliza a la vez su parte humana.

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A mediados del siglo XVII Nikón, el revolucionario patriarca de Moscú, introdujo la bendición sacerdotal del monograma de Cristo en la mano, el cual refiere al cripticismo –o lenguaje cifrado– de los primeros seguidores de esta fe. La mano derecha bendice con la unión del pulgar y el anular, los cuales forman las iniciales IC, y los tres dedos restantes las iniciales XC. Se trata entonces de los vocablos Iesus Xristos en griego y cirílico, que aquí han sido escritos a ambos lados del nimbo. |

A mediados del siglo XVII Nikón, el revolucionario patriarca de Moscú, introdujo la bendición sacerdotal del monograma de Cristo en la mano, el cual refiere al cripticismo –o lenguaje cifrado– de los primeros seguidores de esta fe. La mano derecha bendice con la unión del pulgar y el anular, los cuales forman las iniciales IC, y los tres dedos restantes las iniciales XC. Se trata entonces de los vocablos Iesus Xristos en griego y cirílico, que aquí han sido escritos a ambos lados del nimbo.
La tradición suele representarlo con la mano izquierda sosteniendo el Evangelio de Mateo, abierto en el pasaje que habla del día del Juicio (25, 34-36): […] Cristo nos reconocerá teniendo en cuenta el amor que hayamos mostrado hacia el prójimo. Se trata de un recordatorio del estrecho vínculo que existe entre la vida terrenal y la celestial. En este caso, el Salvador sujeta en la mano un elemento de contenido similar: el Orbis Mundi o la esfera cósmica. Toda su gloria se manifiesta al ser Principio y Fin, Señor de todas las cosas. En este pasaje
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coexisten sus dos naturalezas: la del hombre que redimió a los demás hombres y la del Hijo de Dios que, a través de Él, consigue la gracia para la salvación eterna.
El investigador Alfredo Tradigo señala que:
En el año 325, el concilio de Nicea confirmó que Cristo era la imagen visible y perfecta del Padre. Siguieron tres siglos de lucha contra las herejías que negaban su naturaleza divina (arrianismo) o humana (monofisismo). […] El icono del Pantocrátor se convirtió en el símbolo de ese combate. […] Al defender la imagen como hombre-Dios, se defendía el principio de la encarnación y la eficacia de la salvación. El icono se convirtió en un poderoso baluarte de la verdadera fe […].
El poder de la imagen perdura y se resignifica a través de la mirada del otro, de los otros. Cristo Pantocrátor nos devuelve esa mirada a la que acompaña una sempiterna y silenciosa bendición.

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HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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