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MIENTRAS
COMÍAN, JESÚS TOMÓ PAN, LO BENDIJO, LO
PARTIÓ Y, DÁNDOSELO A LOS DISCÍPULOS, DIJO:
TOMAD Y COMED, ÉSTE ES MI CUERPO. Y TOMANDO UN CÁLIZ
Y DANDO GRACIAS, SE LOS DIO, DICIENDO: BEBED DE ÉL TODOS,
QUE ÉSTA ES MI SANGRE DE LA ALIANZA [...] EVANGELIOS
SINÓPTICOS |
| EN
VERDAD OS DIGO QUE UNO DE VOSOTROS ME ENTREGARÁ [...]
JUAN, 23: 21-30 |
Estas
palabras de las escrituras que describen los dos grandes acontecimientos
de la Última Cena son la inspiración principal
de los artistas que han ilustrado uno de los temas fundamentales
del cristianismo. Los pintores han dado énfasis a alguno
de los dos sucesos relevantes: desde el punto de vista histórico
o narrativo, la Santa Cena es el anuncio de la traición
de Judas y por lo tanto de la Pasión de Cristo; desde
el simbólico, es la institución y glorificación
del sacramento de la Eucaristía y la primera misa.
El
arte occidental hasta el Renacimiento optó por la traición
de Judas y sólo hasta la Contrarreforma se retomó
la escena como símbolo sacramental. En la obra que
exhibimos en Museo Soumaya durante el mes de marzo de 2005 es notorio
cómo a Pedro Joseph de Rojas se le encomendó
dar prioridad a la narración histórica. Es probable
que el colateral haya formado parte de la decoración
del refectorio en un monasterio más que de una iglesia,
dado que la mayoría de obras que con este tema conocemos
se encuentra en estos lugares.
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El
antecedente del retablo fue la pala
de altar, una tabla alta en la que se representaba
a Cristo en la cruz, y alrededor imágenes de su vida,
de la vida de la Virgen, de los apóstoles o de los santos.
Con la transición del Renacimiento al Barroco y sus preceptos
didácticos contrarreformistas, las sencillas palas de
altar crecieron hasta cubrir los muros completos. Los retablos
conjugaron en su diseño tres artes: arquitectura, pintura
y escultura. La popularidad de este elemento arquitectónico
no se debió sólo a su belleza sino a su uso didáctico,
tanto las órdenes religiosas como el clero secular se
sirvieron de él para contar las historias de la Biblia
o las vidas de los santos. Pronto el retablo se adecuó
con modestia a los refectorios y capillas de monasterios.
Esta
Última Cena tiene
una inscripción que la describe como colateral –conformado
por cuatro lienzos–, que se terminó el 23 noviembre
de 1793 y fue realizado por Pedro José
Roxas, de quien sabemos fue uno de los grandes diseñadores
y escultores novohispanos de altares, que trabajó sobre
todo en Salamanca y Celaya en Guanajuato; Cadereyta y la capital
de Querétaro; San Luis Potosí y San Miguel de
Allende. La fecha de la inscripción fue retocada en una
intervención posterior, al revisarla con luz ultravioleta
se descubrió que decía 1790, años después
de la muerte del artista; es probable que fuera diseñado
e iniciado por Rojas y terminado por su taller, por lo que los
óleos deben haber sido realizados por un pintor de su
círculo que cuenta con un estilo propio de carácter
popular.
Atrás,
junto a la inscripción Ebangelio,
se observan orificios para amachimbrar el marco al retablo.
La parte trasera de la tela presenta un excelente estado de
conservación, lo que confirma que fue engarzado con maestría
a pared, lo que impidió que penetrara polvo o suciedad.
Se nota que el conjunto de óleos fue elaborado para el
marco que los contiene, y que a su vez, fue decorado con hoja
de oro adherida con bol y pintura dorada. |
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Pedro Joseph de Rojas
La última cena
(Ciudad de México, 1699-Querétaro, 1773)
C.1790 óleo sobre tela marco de época,
Madera dorada y pintada 67.5 x 61 cm 90 x 340 cm
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Sobre
una mesa larga, siguiendo el modelo que se heredó del
Renacimiento italiano, los doce apóstoles se agrupan
en tres alrededor del maestro, frente a ellos sobre el mantel
blanco aparecen zanahorias, uvas, panes y otras viandas. Pedro
de Rojas utilizó dos recursos plásticos tradicionales
para diferenciar a Judas Iscariote: nimbos dorados representan
la santidad de los once, con excepción de quien traicionaría
a Jesús; al único que plasmó casi de perfil
sosteniendo en su mano el saco de monedas que recibió
por entregar a Cristo, al final de la mesa en el extremo derecho
de su maestro.
San
Juan se distingue por su aspecto juvenil y lozano, sentado a
la izquierda de Jesús. El Hijo de Dios, de piel muy clara
y mejillas encendidas, ilumina con su nimbo; sus manos consagran
el pan. |
EVA
AYALA CANSECO |
CURADURÍA
E INVESTIGACIÓN |
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