Lis sobre azafrán:
“vil usurpador y gefe de bandidos titulado Napoleón”
  CONDUMEX EN MUSEO SOUMAYA

EL 19 DE MARZO DE 1808 EL REY CARLOS IV ABDICÓ EN FAVOR DE FERNANDO VII, EL DESEADO, QUIEN VIVIÓ UNA DE LAS MÁS SEVERAS CRISIS EN LA HISTORIA DE ESPAÑA, QUE TUVO COMO CONSECUENCIA EL DOMINIO DE LA MONARQUÍA FRANCESA, ACÉRRIMA RIVAL DE LA MADRE PATRIA.

 

TESTIMONIOS DEL CAOS

El archivo del Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX resguarda en el fondo CCLXXXVII una serie de edictos o mandatos solemnes de orden superior que se llamaron bandos. Impresos entre 1808 y 1810, eran proclamas en nombre de Fernando VII, que buscaban la defensa del rey y de la patria. Dan cuenta de la guerra encabezada por Napoleón I, cuando obligó a la familia española a renunciar al trono y dejarlo en manos de Francia.


Mariano de Renovales, militar español de origen vasco, había defendido Buenos Aires contra los británicos en 1806, y es el autor de este bando dirigido a Vascongados, Riojanos y Montañeses, etc., súbditos de las regiones del norte de la península ibérica. El documento 211, fechado el 9 de julio de 1810 en la ciudad de Cádiz, es un llamado para apoyar a la monarquía hispana: [...] espera de vuestro amor el mejor de los Reyes, Fernando VII [...] y exhorta a que [...] jurareis no dexar las armas de la mano hasta ver extinguido el número de ladrones que roban vuestros bienes, insultan vuestras personas, violan vuestras mugeres é hijas, y profanan la sagrada religión que profesamos [...].

Ante la imposición de José Bonaparte, hermano del monarca francés, los grupos ilustrados se reunieron en la isla gaditana y crearon varias Juntas, argumentando que como el rey estaba imposibilitado para gobernar, la nación debía asumir la soberanía.

El mismo Renovales, quien había sido nombrado Comandante General de las provincias del Norte por Fernando VII, en esa fecha hizo otro llamado a [...] Americanos, hijos de las provincias Vascongadas, de las de Rioja y Santander, habitantes hoy de estos Reynos, etc. para combatir al enemigo común: [...] hoy mas que nunca fundan en vosotros la halagüeña esperanza de que á toda costa, y con la mayor eficacia las socorrereis, ya por donativos particulares, ya por suscripciones patrióticas que puedan subvenir á los grandiosos gastos que ocasiona la gloriosa lucha que ha mas de dos años sostienen con el mayor de los monstruos, con el vil usurpador y gefe de bandidos titulado Napoleón [...].

La confianza de Renovales en sus compatriotas se demuestra en estas palabras: [...] gustosos todos se presentarán á mis banderas, y conducidos por mí al campo del honor, acreditarán de nuevo que vencer ó morir ha sido, es y será su característica divisa. E incita a los novohispanos a [...] ofreced generosos vuestros caudales, ya que llorais la imposibilidad de ofrecer vuestras personas.


En 1808 la Nueva España recaudó más de doce millones de pesos plata para financiar la guerra. Las exorbitantes sumas entregadas fueron una sangría que si bien en un principio se ofrecieron con patriotismo, al poco tiempo tensaron las relaciones y demostraron cómo el virreinato era capaz de conducirse con autonomía. Mariano de Renovales combatió a los franceses en los dos sitios de Zaragoza (1809). Sin embargo tras el regreso de Fernando VII en 1814 fue acusado de conspirar contra el absolutismo y condenado a muerte tres años más tarde. Es irónico que fue en Francia, donde se refugió y recibió la amnistía.
 


EL ESCENARIO MUNDIAL

Toda Europa se unía en contra de Napoleón: [...] la Rusia, Prusia y Turquía [...] alarmadas se mueven ya y se preparan á la venganza y defensa: sus esfuerzos combinados distraerán las fuerzas del Tirano á aquellos paises, y nos dexarán restablecer nuestras fuerzas y cimentar nuestra seguridad.

Debido a la crisis imperial española y a la invasión napoleónica, las Cortes promulgaron la Constitución de Cádiz en 1812, donde se reconoció la capacidad de las provincias americanas para gobernarse por sí mismas.

Tras la derrota de Napoleón, la flor de lis –emblema de la monarquía francesa– fue arrancada de los campos iberos y resurgió el azafrán como símbolo de la modernidad española.


MONSERRAT UGALDE BRAVO
CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
ERÉNDIRA HAYDÉE NEGRETE RÍOS
ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ

 

Regresar