Diego Rivera
En el principio... el dibujo

EL DIBUJO LIBRE DE DIEGO RIVERA FUE UNA FORMA DE REBELDÍA Y UN REGIO CAMINO DE EXPRESIÓN. RECONOCIDO EN SU PAÍS Y EN EL EXTRANJERO SOBRE TODO POR SUS TRABAJOS MONUMENTALES Y DE CABALLETE, HABRÍA QUE RECORDAR QUE DEBAJO DE ESOS MUROS, PLETÓRICOS DE COLORES Y CONTENIDOS, ESTÁ EL TRAZO DE UN ESPLÉNDIDO DIBUJANTE.

 
Diego Rivera
Boceto de albañil

Sin fecha
Lápiz sobre papel
39.6 X 28.8 cm

El que será el más famoso autor de la Escuela Mexicana de Pintura junto con Frida Kahlo, nace en la ciudad de Guanajuato en 1886. Muy pronto da principio su aprendizaje como pintor: a partir de 1896 recibirá una sólida formación artística con clases nocturnas en la Academia de San Carlos. Sus profesores de dibujo: José Salomé Pina, Leandro Izaguirre y Antonio Fabrés, entre otras personalidades.

La educación académica de finales del siglo XIX y principios del XX daba énfasis a la copia de modelos clásicos en yeso. Se dice que el autor plástico en cierne opinó que ésta no era más que una “práctica imbécil” y por ello abandonaría la escuela. Fuera del aula, con la carpeta de dibujo bajo el brazo, salió a captar la vibración de las formas, las distintas posibilidades que ofrecía un entorno al aire libre.

En 1907 Diego Rivera realiza su primera exposición con la que gana una beca para continuar sus estudios en la Academia de San Fernando de Madrid. Su estancia en Europa se prolongaría por varios años, hasta 1921. Precisamente en ese año, bajo el proyecto cultural de José Vasconcelos, la enseñanza del arte adquirió rango de esencial en todo el país a través de varios programas, uno de ellos bajo la Dirección de dibujo y trabajos manuales. Desde jardines de niños, la educación elemental, hasta escuelas normales y técnicas, hubo una capacitación destinada a los profesores que trasmitirían a sus pupilos la importancia del dibujo para el arte. Las zonas rurales no fueron excepción. Para ellos el gobierno mexicano contó con una planta especializada en la práctica de dibujo y la música.


   

 
Mercado de flores
1927
Carbón sobre papel
47 x 61.9
 

A LOMO DE PAPEL Y LÁPIZ

Así como durante la etapa vasconcelista, a lomo de mula, pequeñas bibliotecas ambulantes con Lecturas clásicas para niños se trasladaron por todo el país, de 1907 a 1921 Diego Rivera viajó por Europa y se familiarizó con los movimientos modernos, y estudió el arte de Occidente a lomo de papel y lápiz. De aquel periodo de la vida del artista es muy famosa su estancia en Montparnasse, su relación con Angelina Beloff, el nacimiento de su hijo Diego y su muerte a los catorce meses, su adoración a Picasso y su extraordinaria producción cubista. Menos aludida será la fuerte polémica –en 1917– con el crítico Pierre Reverdy sobre concepciones técnicas de la creación artística. Esto lo llevará a la revisión de aspectos teóricos que lo harán volver a los clásicos: Ingres, Cézanne y Renoir. Es también cuando el joven Rivera realiza varios dibujos de estilo neoclásico y 350 relativos al arte bizantino y renacentista que se sabe hizo en Italia en 1920.

A su regreso a México Diego Rivera recorre el país y dibuja intensamente a partir del espacio emotivo y expresivo que le da el arte prehispánico y el popular. En un contexto posrevolucionario, esos trazos guiarán su producción pictórica más celebrada en forma y contenido.


LÁPICES, PLOMO, CARBÓN, SANGUINA...

Elocuente creador de líneas, dirá el maestro Xavier Moyssén, amplias y rotundas, poderosas en su expresión y mensaje, Diego Rivera produjo espléndidas obras con lápiz, plomo, carbón y sanguina. Sabemos por la maestra Raquel Tibol que a la muerte del artista había 3,157 dibujos –entre cajones, canastos, libretas, cuadernos y carpetas– en su estudio de San Ángel, en la casa de Frida Kahlo en Coyoacán, y en el Anahuacalli. Por su parte Moyssén da a conocer la existencia de tres importantes libretas con dibujos: una que contiene los apuntes de escenas populares que tomó en la Ciudad de México; otra con bocetos de lo que vio el pintor en una plaza en Toluca y una tercera que data de 1923 con estudios que hizo durante su viaje al sureste mexicano.

   

 

Arquitectura clásica (detalle)
1956
Lápiz sobre papel
20.6 x 29.2

 

Obras completas, definitivas, los dibujos de Rivera son contundentes muestras de su trabajo todo. En mural y papel, Diego Rivera realiza siempre una pieza decisiva. Aún más, se complementan y son una: en la imagen de Tierra dormida de los murales de la Universidad Autónoma de Chapingo (1926-27); en su Emiliano Zapata (1931); en sus frescos del Palacio Nacional, La gran Tenochtitlan (1945), por citar algunos, siempre sentimos que su enorme logro plástico existe a través del fuerte andamiaje que supone el dibujo riveriano.

Entre apuntes al natural en paisajes, mercados, fiestas y centros de trabajo; bocetos para obras de arquitectura y pintura, y proyectos y calcas para murales, Museo Soumaya resguarda una buena colección del pintor que diera vida a uno de los gestos artísticos más difundidos del arte mexicano del siglo XX.

Raquel Tibol dice que Diego pareciera haber arribado a este mundo con lápiz y carboncillo en la mano. La conocida estudiosa nos llama aún más la atención cuando señala que la práctica del dibujo siguió al autor de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947) hasta el final y en momentos límites de su vida: El dibujo fue también para Rivera un modo de respirar por la herida. Y es que cuando muere Frida, instantes antes de que el cuerpo entre al crematorio, Diego embridó el lápiz y realizó la última imagen de su amada. Supremo acto de amor.


MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA
CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

 

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