Carpeaux, escultor del Segundo Imperio
LOS RETRATOS DEL PRÍNCIPE IMPERIAL

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CUANDO JEAN-BAPTISTE PRESENTÓ EL PRIMER RETRATO DE EUGENIO LUIS CON EL PERRO NERO EN 1865, LA EFIGIE NO FUE CONSIDERADA POR LOS CRÍTICOS COMO UN RETRATO OFICIAL Y SE NEGARON A DISCUTIRLO. COMO SUCEDIÓ CON OTRAS DE SUS OBRAS, CARPEAUX NO OBTUVO EL FAVOR DE LA CRÍTICA.

Jean-Baptiste Carpeaux
El príncipe imperial y su perro Nero

C. 1866-1868
Terracota
45 x 20 x 19.5 cm

Desde sus primeros estudios el escultor buscó plasmar el contorno y el volumen final de la pieza; para las facciones y los detalles de la efigie turnó al propio príncipe y a un muchacho de complexión similar. El parecido lo consiguió trabajando a escala natural, aunque luego realizó versiones en distintos tamaños y materiales. El retrato de Eugenio Luis que se exhibe en Museo Soumaya Plaza Loreto, capta la apariencia de vida y movimiento del retratado que en palabras de Henry James, fueron parte del inmenso talento que Carpeaux imprimió a sus mármoles y terracotas. Las facciones del príncipe reflejan la dulzura heredada de su madre, la emperatriz Eugenia; con gesto protector apoya el brazo en el perro Nero y lo acaricia. Obra que conjuga la inocencia propia de la edad de Eugenio y su postura orgullosa, más no altiva, propia del que en un futuro gobernara a Francia. En la base del conjunto escultórico, Le Prince Imperial et son chien Néro.

Sobre la obra los críticos hablaron mucho. Auvrey dijo que Carpeaux [...] amaba la verdad [...] es un realista en el mejor sentido de la palabra. [...] No busquemos en esta escultura lo que se conoce como retrato oficial, sino un retrato que conserva un parecido asombroso y expresa un sentimiento sencillo.C. Beavin dijo que detrás de la simpleza y familiaridad de la actitud se podía reconocer en él al niño destinado a gobernar. Théophile Gautier también centró sus observaciones en la descripción de las cualidades del retratado más que en el trabajo del escultor, dijo que a pesar de la juventud ya se dejaba ver la resolución e inteligencia del infante.

Sólo Edmond About distinguió la novedad en la forma de retratar a un heredero al Imperio francés: Existen dos maneras de interpretar al joven príncipe. El artista es libre de imponérnoslo como un futuro dominador, arrogante antes de tiempo y tomando posesión del mundo desde su primer paso. La otra, más consistente con las ideas y sentimientos de nuestra época, es acentuar la debilidad y gracia de esta pequeña criatura, destinada al cuidado del poder, al peso de la responsabilidad y tal vez a los reversos de la fortuna.


El retrato del príncipe imperial fue realizado en tres tamaños, ochenta y cuatro, setenta, y cuarenta y cinco centímetros, como la que se exhibe en Museo Soumaya. Carpeaux elaboró las primeras versiones concibiéndolas como regalos para sus amigos, familia y asociados políticos, antes de pensar en su comercialización.

Carpeaux murió en 1875 tras luchar dos años contra el cáncer de próstata, no presenció ni imaginó la muerte del joven príncipe Eugenio Luis Bonaparte en el exilio, durante un reconocimiento del ejército británico en la batalla de Ulundi contra el pueblo Zulú en 1879. Sólo tenía 23 años.

EN BÚSQUEDA DEL IDEAL ESTÉTICO Y LA SOCIALIZACIÓN DE LA OBRA DE ARTE

Carpeaux luchó con encono para conseguir el éxito como escultor y el mérito social. Su historia fue muy particular en un siglo XIX donde las fronteras económicas eran difíciles de traspasar: sus padres eran obreros y con dificultad completó sus estudios; con talento y obstinación logró abrir su atelier en Auteuil y al final de su vida fue enterrado como héroe nacional. Estudió en la École des Beaux-Arts en París con Rude, quien lo introdujo al romanticismo y ganó el Gran Prix de Roma en Escultura y fue Caballero de la Legión de Honor por su mérito artístico. Para poder vivir de la venta de su obra desarrolló modelos en escalas menores de las esculturas que presentaba en el salón de París.

La intención de retratar al príncipe Eugenio Luis la expresó tanto a Napoleón III como a Eugenia de Montijo en distintas cartas; realizó estudios a escala del primer retrato, junto al perro Nero, en papel y en yeso, hoy expuestos en los Archivos Nacionales de Francia y en el Museo d’Orsay. En 1865 recibió una comisión oficial para la reproducción de los retratos del príncipe imperial.


EL FIN DE LA ERA DEL RETRATO IMPERIAL

El primer pago que Carpeaux recibió por esta escultura y un busto del Príncipe, en total diecinueve mil francos, provino de los gastos personales de Napoleón III en lugar del presupuesto público, lo que denota la naturaleza personal de la comisión en la que el Imperio tomó el rol de un cliente privado por primera vez en la historia. La primera escultura en mármol fue colocada en las Tullerías. En su proyecto financiero Carpeaux perdió más de lo que ganó y la mayoría de sus clientes la adquirieron por admiración al trabajo escultórico más que por simpatía a la familia del emperador.

Finalmente, vendió los derechos sobre los retratos al gobierno de su país en 1868. Con el exilio de Napoleón III y su familia en 1870 y la muerte del príncipe en 1879, los retratos de Jean-Baptiste Carpeaux como parte de la imaginería imperial terminaron su vida activa, aunque el legado artístico del escultor permaneció. Una época había concluido.

EVA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

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