UN
TESTIMONIO LUMINOSO
En
Occidente la llegada del Mesías se celebra el 25 de
diciembre, mientras que para la Iglesia de Oriente, el 6 de
enero. Las fechas se recogieron de los rituales egipcios y
griegos durante el solsticio de invierno y las ofrendas de
antorchas que anunciaban el origen del tiempo nuevo. La natividad
ha tenido innumerables representaciones desde la primera mitad
del siglo IV. La fiesta más esperada y poética
del año litúrgico cristiano, celebra el nacimiento
del hijo de Dios. Recuerda cómo en la humildad, Jesús
se manifestó ante los hombres como la luz redentora
que irrumpió en el silencio de la nocturna oscuridad
del mundo.
La adoración de los pastores
de Giorgio Vasari tiene estrecha relación con el fresco
del Convento de Santa Margarita, en Arezzo. Según el
catálogo completo del maestro, que publicó en
1989 el estudioso L. Corti, hay grandes similitudes entre
ambas composiciones: un grupo de ángeles presenta al
Hijo de Dios; la figura de la Virgen vuelca su mirada al Salvador
mientras san José se arrodilla tras ella con mirada
atónita. Las dos piezas siguen un dibujo del mismo
autor que resguarda la Galleria degli Uffizi (inventario 1274
F), antes en el acervo de Michel Gaud.
La
escena invita a los fieles a meditar en el misterio de la
Encarnación. El artista plasmó en los pastores
actitudes muy humanas. Mientras unos escépticos discuten
la manifestación del Todopoderoso, otros más
se inclinan, llevándose la mano al pecho con piedad
y veneración; el hombre cercano a María proyecta
su mano como símbolo de la revelación del Redentor
en la tierra, a través de un estupendo escorzo.
La
piedra fue el soporte que el artista eligió para la
obra, hoy en México. A partir de una delgada capa de
preparación, el óleo adquirió interesantes
matices. Con esta técnica Vasari logró una mayor
profundidad de planos y acentuó la luminosidad que
proviene del recién nacido. Esta forma de pintar con
aceite la llevaron a magníficas consecuencias tanto
el Barroco como el neoclásico en los llamados Cristos
de la luz.
El
pasaje del Evangelio de Lucas 2,14 es retomado para un himno
de alabanza compuesto en el siglo II; lo recomendaban como
oración matutina, y para el siglo V ya era parte de
la celebración litúrgica. Son las palabras con
que el ángel anunció a los pastores el nacimiento
de Cristo: Gloria
in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Es el mensaje de la natividad que nos sigue dando luz. Con
la revelación de una bellísima obra del humanismo
italiano despedimos un año más y cantamos un
verso popular: Quedo,
muy quedo,/ quedo quedito./ Entremos quedo, pa’ que
no se despierte el Niño,/ que siendo de noche, debe
estar dormidito