De la estirpe de los Juárez:
Nicolás |
Nicolás Rodríguez Juárez
La Coronación de la Virgen
Primer tercio del siglo XVIII |
Óleo sobre lienzo 140.8 x 97.5 cm
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De
la dinastía de artífices novohispanos iniciada
por Luis Juárez, provienen los hermanos Nicolás
y Juan, hijos de su bisnieta, Antonia Juárez y el pintor
Antonio Rodríguez. Nicolás, como los que le antecedieron
en el árbol familiar, recibió el entrenamiento
más riguroso, y cuando tenía apenas unos 20 años
de edad presentó su examen al gremio. Se distinguió
desde joven en él y fue veedor al igual que Juan Correa,
Juan Sánchez Salmerón y otros.
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Tanto
él como su hermano Juan, heredaron las atmósferas
obscuras del tenebrismo en el taller familiar, aunque sus
estilos se van modificando hasta dar un viraje hacia la gama
de Murillo. Hoy en día pervive una obra numerosa de
Nicolás en la Ciudad de México, Zacatecas, Querétaro,
Puebla, Chihuahua, Guanajuato y otros lugares.
La
mayor parte de su obra, como la de muchos de sus contemporáneos,
es religiosa, aunque también incur- sionó en el
retrato. Xavier Moyssén menciona que son de la autoría
del pintor-presbítero los dibujos de la reja del coro
de la catedral de México que fueron enviados a Macao
para su construcción.
El
artista se casó con doña Josefa Ruiz Guerra,
zacatecana que vivía en la Ciudad de México.
Tras enviudar tomó los hábitos dominicos, lo
que no le impidió continuar
con su vocación plástica. A partir de entonces
su obra aparece firmada con su nombre y la
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inscripción Clericus presbyter.
LA
CORONACIÓN DE LA VIRGEN
Inició el oficio el propio Jesús, con estas
palabras. Ven querida Madre mía; ven conmigo a compartir
mi trono, porque me tienes cautivado con tu hermosura. María
respondió: Mi corazón está preparado,
[...] Seguidamente [Jesús]
diría a los demás cantores, elevando el tono
de su voz [...]: Ven desde el Líbano, esposa
mía; ven desde el Líbano, que vas a ser coronada.
A lo cual María contestó: Voy, Señor,
voy, que en el Libro de la Ley se dice de mí que en
todo y siempre haré tu voluntad y que mi espíritu
se complace en ser fiel a tus deseos, ¡oh mi Dios y
Salvador¡ En aquel preciso momento el alma de la Virgen
salió de su cuerpo y voló a la eternidad en
brazos de su Hijo.
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La
coronación de la Virgen, como otros asuntos
religiosos, devela parte del desarrollo histórico de
la cristiandad. La evolución en sus distintas imágenes
está relacionada con la importancia que la iglesia
católica ha ido dando a temas y figuras. Está
escena ha sido muy representada desde el medioevo, y a partir
de la Contrarreforma su composición se fue enriqueciendo.
El relato sobre la coronación
de María tiene origen en un libro apócrifo atribuido
a san Juan evangelista que comenzó a ser conocido en
Europa a partir del siglo V gracias a Melitón de Sardes,
seguidor del apóstol. En 1264, el dominico Santiago
de la Vorágine lo incluyó en La leyenda dorada.
El canónigo cita a san Juan Damasceno, quien recitaba
en sus sermones que el traslado de la Madre de Dios a las
alturas superó el de Elías o Pablo, dado que
sobrepasó el tercer espacio sideral al que ellos accedieron
para alcanzar el trono de su Hijo. El fervor que ocasionó
el pasaje en los devotos fue fuente para el arte religioso.
A lo largo de toda la Europa
medieval, sobre muros de conventos, en libros de las horas,
a través de vitrales y como esculturas adosadas, María
sobre un trono a la derecha de Cristo en presencia de los
ángeles, recibe la corona bajo la luz del Espíritu
Santo. Gentile de Fabriano, Giotto, Lorenzo Monaco y Fra Angélico,
entre muchos otros artistas, recrean la escena.
La
coronación de la Virgen por la Santísima
Trinidad fue uno de los temas predilectos entre 1378 y 1417.
Con la creciente devoción mariana las formas de representación
se fueron enriqueciendo. En la parte baja de la escena tradicional
Rafael agrega los apóstoles que observan con asombro
el suceso. Hacia 1600, en la composición de El Greco,
ubica a la Virgen al centro, ascendiendo, flanqueada por su
Hijo a la izquierda y el Padre Eterno a la derecha mientras
ambos sostienen la corona, sobre ella, el Espíritu
Santo. Rubens es el precedente más cercano a la obra
en Museo Soumaya. En el Museo Metropolitano de nueva York
se conserva el dibujo para un lienzo del autor flamenco, que
se perdió durante la Segunda Guerra Mundial y que sigue
la composición de El Greco, sólo que en su caso,
Cristo viste la túnica encarnada de la Pasión.
Velázquez recreará la escena con dos sutiles
diferencias: una corona de flores y en la mano de Dios Padre,
el cosmos.
En la obra novohispana al centro del lienzo, domina el espacio
pictórico María que –a la manera de Jacob
Jordaens en otro lienzo del mismo tema– observa de frente
al espectador. Su túnica blanca y el manto azul distinguen
a la Inmaculada Concepción. Las nubes sirven de trono
para las figuras mientras los coros celestiales observan el
suceso.
La
figura de la Madre de Dios tiene el estilo característico
de Nicolás Rodríguez Juárez, en especial
los ojos tan obscuros y de mirada honesta que resaltan con
la blancura y fineza del rostro. En los rostros de los ángeles
también se distingue el pincel del artífice
y se observa la gama, más variada que en sus obras
anteriores, que anticipa la que utilizarán los pintores
del siglo que empezaba.
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EVA
MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
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