MUJERES COMO FRUTAS


RUFINO TAMAYO PROPONÍA OTRO CAMINO ESTILÍSTICO y se lanzaba a una aventura plástica definida por una paleta de exacerbados colores y personajes alucinantes mientras la Escuela mexicana de pintura era reconocida en el país e internacionalmente por una obra marcada por sus contenidos nacionalistas y de lucha social.


Rufino Tamayo
Dos bañistas

gouache sobre papel
1934 27.3 x 21 cm
© Herederos de Rufino Tamayo

Venido de una familia zapoteca, región de México que conserva una fuerte urdimbre en las tradiciones indígenas, Tamayo crea texturas y luminosidades nuevas para hablar de lo mexicano. Sus cuadros presentarán una cosmovisión de lo nacional con cierta influencia de movimientos modernos europeos.

Los años treinta son para el oaxaqueño tiempos de cambios y definiciones. En su pintura las formas cobran mayor autonomía y la gama será cada vez más contrastada. No sólo por el encuentro de pigmentos distintos, –además de óleo, gouache, vinelita, acrílico, entre otros– sino por una sensible modulación de tonos.

Ya para 1930 Tamayo es Tamayo. Dibujará un nuevo sendero estilístico. Lírico del color y en la invención de mundos donde la sustancia pictórica repleta los lienzos, su pintura tiene una factura inusitada para el ámbito artístico nacional. Tal vez por eso dirá Octavio Paz que Tamayo más que un hombre de ideas es un ser de actos pictóricos. Para Xavier Moysén será un sabio en el empleo del color. Juan Coronel Rivera reitera, las formas, el color, lo material, son algunas de las características que influyeron en muchos artistas.

Realizó cuadros de naturalezas muertas y lo hizo sin duda mirando a Cezanne. Paráfrasis espléndidas del autor francés con la reunión poética de objetos que incitan nuestra emoción a partir de formas, texturas y colores: sus frutas, naranjas, piñas, peras o sandías provocan apetito visual.Territorio gobernado por lo sensorial: Los privilegios de la vista.

Es también en esa década que nuestro autor gustó de retratar a mujeres del Istmo de Tehuantepec, vendedoras de frutas, Homenaje a la raza india. Mujeres siempre marcadas por su etnia. La belleza femenina dicha a través de piel morena, grandilocuencia en sus cuerpos, redondos, frondosos, apetitosos.
















Rufino Tamayo
Retrato de Olga

1945
Oleo sobre tela
122 X 89 cm
Col. Particular
© Herederos de Rufino Tamayo

En 1934 Tamayo se casó con Olga Flores Rivas. Para siempre Olga Tamayo. Agente, musa, modelo para el autor, será retratada, evocada, insinuada a propósito de su fisonomía y personalidad, y diríamos más, a partir de aquella silueta con un chongo de cabello negro y protuberante será su rasgo más distintivo. En óleo, bronce, terracota, pastel, el peinado de Olga es motivo y preside, de alguna manera, el asunto pictórico.

Dos mujeres bañistas, será disfrutado como aquel eterno femenino amado por Tamayo: esposas, mujeres, evas, venus, beldades, matronas, visiones encontradas como naturaleza viva para la contemplación y deleite del espectador.

MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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