UNA
OBRA DE ARTE ES UN TROZO DE NATURALEZA VISTO A TRAVÉS
DE UN TEMPERAMENTO
EMILE
ZOLA
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Según
Renoir, No se dice
“yo seré pintor”
delante de un bello lugar sino delante de un cuadro,
también dijo que de no haber creado Dios el cuello de
la mujer no sabría si hubiera sido pintor. Con esta frase
manifestó su admiración por los que le antecedieron,
como Delacroix, Watteau y Rubens, a quienes encontró
por primera vez en los pabellones del Louvre; o Fragonard, cuyas
voluptuosas mujeres copió en sus años de aprendiz
de ceramista en París.
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Pierre-Auguste Renoir
Paisaje
C.1900 Öleo sobre tela
32.4 X 41.3 cm
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A
la capital francesa llegó de Limoges siendo un niño
de cuatro años. Fue pintor de cerámica y gracias
a los consejos de un obrero que reconoció su talento
como dibujante, Pierre-Auguste Renoir ahorró lo suficiente
para inscribirse, en 1862, en la Academia del suizo Charles
Gleyre, donde otro encuentro afortunado lo reunió con
algunos de los que más tarde serían llamados
impresionistas: Claude Monet, Frederic Bazille y Alfred Sisley.
Gleyre
se sentía bastante decepcionado de sus alumnos y este
sentimiento fortaleció la camaradería entre
ellos. ¿Pinta usted
por placer? le preguntó en una ocasión
el maestro suizo a Pierre-Auguste, por
supuesto. Si no me gustara, no pintaría. Puede usted
estar seguro. La cátedra de Gleyre no obtuvo
buena acogida entre los discípulos, incluyendo a Renoir,
quienes en su búsqueda hallaron en el café Guerbois
un lugar para formular sus propuestas estéticas en
donde se acercaron a Manet y otros artistas que comulgaban
con sus ideas, quienes fueron conocidos como del grupo de
Batignolles, calle en la que se ubicaba el café, y
donde Bazille y Manet tenían estudios. Los artistas
e intelectuales intercambiaban el desprecio compartido por
el arte oficial, el academicismo imperante y la tiranía
del Salón de París
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Los
impresionistas representan en la pintura lo mismo que los naturalistas
en la literatura y los socialistas en la política [...]
Siguiendo la tendencia general del siglo, están pendientes
de las ciencias naturales y a favor de la verdad, tienen en
común el privilegio de intimidar a los temerosos y pedantes,
de desequilibrar a aquéllos se aferran a las opiniones
del “establishment” [...] Paul
Alexis, 1885 |
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En
abril de 1874, el grupo de artistas inauguró la primera
exposición independiente del Salón o del Estado.
Fueron Monet y un hermano de Renoir, Edouard, quienes aportaron
las palabras que luego Louis Leroy utilizaría para denominar
al movimiento. Monet dio a las obras que expuso en esa ocasión
el nombre de Impresión, y Edouard, editor del catálogo,
anexó la frase Salida
del sol.
Renoir presentó su obra El
Palco, dedicado a la belleza de una mujer en el
teatro, que fue adquirido en 425 francos por el vendedor de
cuadros “Papá” Martín. Durand- Ruel,
otro conocido galerista, desempeñó un importante
papel para la difusión del movimiento: organizó
las exposiciones colectivas de 1882 y 1883 y las individuales
de Renoir, Boudin, Monet, Pisarro y Sisley. Gracias a él
la obra de los impresionistas conquistó el que sería
un importante mercado, el norteamericano, a través de
la exhibición y venta en Estados Unidos que se llevó
a cabo en la American Art Association.
Cinco años después, la guerra francoprusiana convulsionó
al continente y Auguste se enlistó en el ejército
para servir en el sur de Francia; lejos del frente principal,
pronto cayó enfermo de gravedad y fue licenciado. En
su obra, como en el caso de otros impresionistas, la guerra
no fue tema de composiciones ni tuvo una influencia mayor en
el desarrollo estético, como lo fue el viaje a Argelia
en 1882, que motivó el cambio de su paleta. Renoir le
dijo a su amigo y mercader de arte Ambroise Vollard que la trayectoria
de su carrera había sufrido una ruptura hacia 1883: Había
recorrido el camino del impresionismo hasta el final, para llegar
a la conclusión de que no sabía ni pintar ni dibujar.
En pocas palabras me encontraba en un callejón sin salida,
a partir de ese momento el pintor se acercó al dibujo
y la expresión lineal. |
Desde
1883 ya tenía el reconocimiento del Salón de
París y el éxito económico, y su estilo
cambió conservando el color vibrante del impresionismo
aunque se apegó al dibujo en especial inspirado por
la obra de Ingres.
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Los
temas más simples son eternos. La mujer desnuda surgirá
de la ola amarga o de su
cama, se llamará Venus o Nini. No se inventará
nada mejor. |
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Pierre-Auguste
Renoir
Desnudo sentado (detalle)
Sin fecha
Óleo sobre tela
46 x 38 cm |
| La
pincelada se volvió más rápida y alargada
hacia su último periodo, y en Cagnes su gama cromática
se fue incendiando: el rojo fue el color protagónico
y una apariencia de indefinición en sus motivos, ya sea
paisajes o figuras dieron como resultado escenas llenas de gran
fuerza estética y una atmósfera de luz brillante.
Al final de su vida, Renoir padeció artritis. La enfermedad
lo postró en una silla con la que recorrió el
jardín de la finca de las Collettes, que comprara en
1907 y a la que se mudaría definitivamente un año
después. A pesar de esto, el artista conservó
el buen ánimo que sus amigos admiraban y continuó
pintando; se sentaba por horas frente al paisaje o las personas
con el pincel atado a los dedos deformados por la artritis.
Desde
un punto elevado Auguste Renoir plasmó un valle pequeño,
tranquilo, ninguna persona ni arquitectura aparecen en él.
Rocas monumentales forman caminos entre la maleza. Maestro del
colorido, modela los volúmenes con pincelada rápida
y colores puros. Sobresalen en el paisaje algunos árboles
altos, y se encuentra presente el rojo que marcará su
última etapa pictórica, aún sin dominar
la escena. La paleta es cercana a la de sus obras de 1895, como
el óleo que se conserva en el Museum of Fine Arts de
Boston, gama que utilizó hasta 1912 y que es cercana
también a Paisaje con
mimosas [Parc
des Collettes], aunque la última con más
amarillo y rojo.
Renoir
distingue con trazo recto la inmovilidad de las rocas, de la
turbulencia del viento sobre los árboles de pincelada
rápida y contornos indefinidos que brindan dinamismo
a la composición. Consigue la apariencia de distintos
planos para el fondo del paisaje con un pincel que sigue diferentes
direcciones. Debió ejercer esta vista una atracción
especial para el pintor; quien disfrutaba que sus cuadros le
provocaran ganas de pasear por los campos que representaba o
en el caso de los retratos acariciar
el pezón o la espalda de la mujer [...].
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EVA
AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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