LE PÈRE COROT,

el poeta del paisaje
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[Corot] asombra […] aunque lentamente; en verdad encanta –poco a poco; pero tienes que saber cómo penetrar en la ciencia de su arte, para él no hay un resplandor deslumbrante sino por doquier un rigor de armonía que es infalible. Charles Baudelaire
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Jean-Baptiste Camille Corot
Gisors, riachuelo rodeado
de árboles
1873
Óleo sobre lienzo 61.4 x 50.7 cm

Camille Corot nació en plena Revolución Francesa, cuya turbulencia no afectó la sólida situación financiera de la familia ni la tranquilidad de su carácter afable. Su padre llevaba con rigor las cuentas de una prestigiosa sombrerería ubicada en la Rue du Bac, París, y las cofias de madame Corot competían con las de las mejores firmas francesas. En la familia, además de él había dos niñas.


Jean-Baptiste Camille trabajó los primeros años de su vida en el negocio textil. En 1821 se inscribió a la Académie suisse. Un año después, a la muerte de su hermana menor, recibió el apoyo de la familia para seguir su vocación y una renta anual.

Además de sus estudios con Achille-Etna Michallon y de sus viajes a Roma, la Galería de Pintura de Luis Felipe en el Museo del Louvre fue determinante en su formación, al igual que para sus contemporáneos, dado que en ella se encontró con los pintores del siglo de Oro español, poco conocidos en Francia hasta ese momento.

El joven Corot mostró la singularidad de su carácter con un método consi-derado entonces inusitado, la pintura al aire libre, que practicaba en los alrededores de París y en la Norman-día. Durante sus paseos
tomaba

apuntes del natural que luego trabajaba en el taller. Ésta fue la técnica que mantuvo toda su vida y que años más tarde, heredó a los impresionistas.

El artista expuso en el salón de las Bellas Artes de París en 1831. Mucho tiempo después, en 1844, como consecuencia de la Revolución de Febrero el salón fue reformado y sus colegas lo eligieron como juez. Ese mismo año comenzó su amistad con Théodore Rousseau. En 1859 era seguido por los nuevos paisajistas. Ese año conoció a Jean-François Millet en Barbizón y su amistad con Charles-François Daubigny se volvió más estrecha. La cercanía en sus temas y la relación que sostuvo con los pintores de Fontainebleau hicieron que la crítica lo considerara parte esta escuela, aunque el carácter de su obra es mucho más diverso.




Jean-Baptiste Camille Corot
Alrededores de la ciudad de Avray

1855-1860 óleo sobre lienzo 44.3 x 75.3 cm


Fue conocido por su gran generosidad. A la muerte de Millet, envió a su viuda un cheque de 10.000 francos y compró las casas que rentaban Daubigny y Daumier para regalárselas. Como sabía que Daumier era muy orgulloso le envió las escrituras con la siguiente nota:

Mi viejo camarada.
Tengo en Valmondois, cerca de l’Isle-Adam, una casita con la que no sé qué hacer. Me vino la idea de ofrecértela y como encontré la idea muy buena, fui a registrarla a la notaría. No es por ti que lo hice sino para fastidiar a tu arrendatario.

EL PATRIARCA DE LOS PAISAJISTAS

No es sólo un pintor de paisajes, es el mismo poeta del paisaje [...] quien respira la tristeza y goces de la naturaleza [...] el vínculo, el gran vínculo que nos hace hermanos de los arroyos y los árboles, él lo ve.
Théodore de Banville


Corot consideró que el paisaje era un état d’âme. Mientras busco la imitación concienzuda, no pierdo ni un instante la emoción [...] Lo real es una parte del arte, pero el sentimiento lo completa. Si estamos verdaderamente conmovidos, la sinceridad de nuestra emoción se transmitirá a los demás, decía a sus amigos.

La Normandía fue una región muy querida para él; cuando era muy joven sus padres lo enviaron a estudiar a un internado en Ruan donde en compañía de senegon, amigo de ellos y futuro suegro de su hermana, recorrió los bosques y pueblos aledaños. En 1817 sus padres adquirieron una propiedad en Ville-d’Avray, donde vivió hasta su muerte. Su dormitorio se ubicó en el tercer piso de la casa, que eligió por las enormes ventanas dirigidas a la foresta.

La obra de Museo Soumaya corresponde a su estancia en Gisors, población de la Alta Normandía, ciudad a la que viajó durante octubre de 1873 con su amigo y discípulo Achille François Oudinot (1820-1891).

En 1847 mientras su padre estaba muy enfermo, el pintor Constant Dutilleux le compró un paisaje a Corot y así inició entre ambos una entrañable amistad. A la muerte del padre, el paisajista adoptó a la familia Dutilleux, en especial a uno de los yernos, Alfred Robaut, quien será el biógrafo y catalogador más importante del artista. Expuesta en Bélgica (1874) y en la capital francesa (1878), la obra fue adquirida el mismo año de su realización por los hermanos tempelaere en París, quienes junto a Vollard y Durand-Ruel fueron los más importantes marchantes de arte francés; está incluida en el tercer volumen del catálogo razonado de la obra de Corot, producto de la revisión de 1,800 lienzos que Alfred Robaut llevó a cabo de 1854 a 1875.

En Gisors, riachuelo rodeado de árboles, se perciben algunos rasgos estéticos del afamado paisajista: una atmósfera vaporosa y nacarada, imbuida de luz difusa, transparencia matinal, y llena de lo que Camille Mauclair considera la nobleza de las formas vegetales.

En un ambiente de tranquilidad, los aldeanos trabajan en las orillas del arroyo, al fondo un caserío. Ejecutadas con la pincelada suelta de sus lienzos maduros, las figuras aparecen en un primer plano, que a pesar de la cercanía se pierden entre la monumentalidad de la arboleda. Como en el resto de sus paisajes líricos predomina la masa y el carácter sobre el detalle fino.

Sobre su hora favorita para pintar, Corot dijo en casa de un amigo: se levanta uno temprano, a las tres de la mañana, antes de la salida del sol, y va a sentarse al pie de un árbol; mira alrededor y espera. No ve casi nada. El paisaje parece estar cubierto de una tela blanca. Todo brilla, todo está cubierto de luz, una luz blanca como una caricia.

Charles Daubigny y los impresionistas le llamaron le Père Corot debido a que fue su mentor, Duranty se refería a él como le grand Corot, Lafenestre lo citaba como le patriarche des paysagistes. Él solía decir: Deseo con todo mi corazón que haya pintura en el cielo.


EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


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