El
espíritu revolucionario del muralista mexicano se aprecia
desde obras tempranas, como el Retrato de Carlos Orozco
Romero (1918) o el fascinante cuadro Niña viva,
niña muerta (1926). Una de las obras recién
incorporada a la muestra, es El secreto (1939), que
le fue encargada al maestro en Nueva York por Pierre, el hijo
de Henri Matisse, quien dirigía una de las principales
galerías de arte.
Un recorrido en temas y técnicas que revelan la incansable
búsqueda del artista por nuevas formas de expresión.
La identidad nacional y su apuesta al futuro nos hablan del
México que nos vio nacer, sus protagonistas y su lucha
por insertarse en la modernidad. Concurren creaciones del último
periodo de Siqueiros en la cárcel de 1960 a 1964. Destacan
El padre de la primera víctima de la huelga de Cananea
(1961), y El verdugo (1962), donde el artista después
de haber vivido la represión en Lecumberri, plasmó
la violencia del encierro. siete piezas preparatorias para su
proyecto más
famoso y que ocuparía, a partir |
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de 1965, el resto de
su vida: La marcha de la humanidad en América Latina
hacia el Cosmos. Miseria y Ciencia para el Polyforum Cultural
auspiciado por don Manuel Suárez y Suárez, entre
las que destacan El hechicero (1967) y Nostalgia
espacial (1969).
La muestra será acogida por un espacio amigo, el Museo
de Arte de El Salvador, la institución
cultural más importante de la región que abrió
sus puertas el 23 de mayo de 2003 y que al poco tiempo recibió
Paisaje y otros pasajes mexicanos del siglo XIX. La
colección de Museo Soumaya. Concebido como un espacio
abierto y dinámico, que facilita el diálogo entre
el público y el arte, desde entonces ha difundido el
patrimonio salvadoreño y ha im-pulsado nuevos lenguajes
plásticos. En torno al espacio que recuerda a nuestro
Legorreta, el arquitecto Salvador Choussy integró el
museo al Monumento a la Revolución de ideas
siqueirianas que animaron la integración latinoamericana. |