La noche alegórica Carrier-Belleuse
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Perfeccionista, renovador, buen maestro de hombres y de materiales, reconstructor de París y creador de un estilo que, en oposición a la rigidez académica del neoclásico, abrió el camino hacia el impresionismo.

Forjando un estilo

A pesar de que la tendencia académica de la escultura era la impuesta por el neoclásico, Carrier-Belleuse –educado en las artes decorativas– forjó su propio estilo con realismo en su representación, la elegancia del Neorrococó y la exhuberancia retomada del Barroco.

Albert-Ernest Carrier-Belleuse nació el 12 de junio de 1824 en Anizy-le-Château y murió en Sèvres el 3 de junio de 1887. Comenzó su carrera en una tienda en donde realizaba el acabado final a piezas de metal. Su primo François Arago, era amigo de Pierre-Jean Davidd’Angers quien descubrió su talento y lo envió al estudio del herrero Jacques-Henri Fauconnier.
Con el apoyo de D’Angers, Carrier fue admitido en la Escuela de Bellas Artes en 1840, en donde no recibió ningún diploma porque estuvo muy poco tiempo, aunque desarrolló el gusto por la escultura. Al igual que otros escultores de su tiempo, más tarde se inscribió en la Petite École con el propósito de mejorar su técnica de acabados para el metal.

Escultor del Segundo Imperio y maestro de Rodin
En 1850 permaneció en Inglaterra cinco años, diseñando para Minton China Works. Después regresó a Francia, en donde trabajó el resto de su vida, con excepción de su estadía en Bruselas de 1870 a 1871 durante la Guerra Franco Prusiana, comisionado para la producción de escultura ornamental. Uno de sus asistentes fue Auguste Rodin. La organización de los talleres de Carrier-Belleuse fueron modelo de la época y este aprendizaje fue vital para sus alumnos. John Tancock señala como ejemplo a Rodin, cuya productividad se debe en gran parte al aprendizaje con Carrier-Belleuse. Desde 1857 expuso en el Salón de París esculturas de gran formato con las que obtuvo medallas, comisiones y múltiples clientes. A partir de 1859, después de la exhibición anual, alcanzó la fama y el patrocinio de Napoleón III, quien lo contrató para el proyecto masivo de reconstrucción arquitectónica de París en que realizó esculturas monumentales en bronce. En 1876 fue nombrado director de arte en la Fábrica de Cerámica de Sèvres.
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Madre del sueño, la noche
Artista inquieto y renovador, volcó su mirada hacia los maestros del siglo XVIII, como Clodion y Jean-Antoine Houdon, en los que encontró un nuevo material: la terracota. Con gran habilidad para el modelado, realizó retratos, bustos y alegorías que contribuyeron a un resurgimiento del Rococó, del que fue el principal exponente. En sus figuras en terracota convivieron los detalles contundentes y texturizados con finos acabados mate. La noche alegórica sujeta con dulzura en su brazo derecho a uno de sus hijos, con el otro extiende su manto de estrellas. El cabello rizado cae a los lados de su rostro como nubes blondas. De expresión serena, sus proporciones recuerdan las de la antigüedad clásica. No es la barca de la noche de los egipcios; ni la celta, poblada de almas en pena; es Nicte, la noche griega, hija del caos que reinó en el principio de los tiempos: madre cosmogónica del sueño, también lo fue de la muerte. Cautivas, titanes, gracias, sátiros y bacantes, diosas y dioses, beldades, hombres ilustres: todos ellos moldeados por sus manos, impregnados con el espíritu romántico que caracterizó al Segundo Imperio, el estilo de un escultor que marcó una época.

EVA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
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1.Albert-Ernest Carrier-Belleuse | La noche alegórica | Ca.1860 | Terracota sobre base de madera | 64.5 x 18 x 8 cm


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