¿De qué
murió el difuntiado? |
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Toda la noche
tronaron los cuetes y sonó la música. Los hombres
se acabaron los dos garrafones de aguardiente. ¿le sirvo
otra? sí, para refugito salucita salucita luego llegaba
otro y le preguntaba a la mamá: ¿de qué
murió el difuntiado? Elena Poniatowska.
Hasta no verte Jesús mío. |
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Es cierto que
en nuestro país el dulce pica y la muerte es fiesta.
En México conocemos la representación de la Muerte-niña
como el género plástico que da cuenta de la tradición
de retratar a los menores difuntos. La muerte temprana determina
que las exequias se conozcan como velorio de angelitos: niños
que murieron después de ser bautizados y antes de tener
uso de razón . Gutierre Aceves Piña afirma que el término angelito, por un
lado, pone de manifiesto la pureza extrema del pequeño
ser libre ya del pecado original por el bautismo recibido y,
por otro, la firme creencia de que el niño entrará
de manera inmediata al Paraíso. Esta convicción
es precisamente la que hace aparecer como natural la coexistencia
de sentimientos contradictorios en los padres que han perdido
un hijo: el dolor por la ausencia y la alegría de saber
que el niño vive para la eternidad. |
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Para el velorio,
así sentido, los padrinos del niño muerto desempeñan
un papel fundamental, ya que son los encargados de vestir al
difunto enfatizando su carácter sagrado: al niño,
como san José o Sagrado Corazón; a la niña,
como Inmaculada Concepción; cuando no de blanco o con
sus mejores ropas. El angelito es tendido sobre una sábana
o manta cubierta con las flores que llevan familiares y vecinos.
El momento cúspide de celebración será
cuando se ciña la corona al pequeño mientras se
lanzan cohetes para compartir de manera festiva a la comunidad
del suceso. Se ofrece comida y bebida y mandan retratar al angelito.
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La
Muerte niña, género vivo |
En mi casa los muertos
eran más que los vivos
OCTAVIO PAZ |
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Eduardo Merlo
afirma que la creencia de que los niños muertos se convierten
en alados seres celestiales
data de nuestra cultura precolombina, que alimentara parte de
la tradición mestiza. Como ahora, al narrar el funeral
infantil, la manera indígena refiere un mitote
–palabra náhuatl que significa fiesta.
Durante
el virreinato y ya entrado el siglo XIX el arte de la pintura
retrata una tradición con un fuerte sentido barroco al
poner en escena todo un ingenio de flores, adornos y vestuarios
que quieren, a manera de aureola o de trono, significar que
el personaje forma ya parte del universo celestial. El punto
áureo del cuadro estará en la cara del angelito:
momento en que el almita
está a punto de volar.
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No obstante que
estas piezas se aprecian como recuerdos familiares, son relativamente
pocos los ejemplos de pintura de niños muertos que conocemos
en nuestro país. Suelen ser en pequeño formato,
la mayoría en lámina de cobre o de zinc, aunque
hay sobre tela, y en miniatura sobre marfil. Suelen ser de factura
popular, empero sabemos que autores como Hermenegildo Bustos,
Miguel Herrera y José María Estrada, entre otros,
se ocuparon del género. Los hay del XX extraordinarios,
venidos del pincel de David Alfaro Siqueiros,
Retrato de niña viva y niña muerta, 1931;
Chucho Reyes, El niño que se
murió; Frida Kahlo, El
difunto Dimas Rosas a los 3 años de edad,
1937; Juan Soriano, La niña
muerta, 1938; Olga Costa, Niño
muerto, 1944; y Gabriel Fernández Ledesma, Coloquio de la niña y la muerte,
1959, por citar algunos. |
Del
siglo XIX presentamos una selección de piezas en Museo
Soumaya que ilustran las principales tipologías que conocemos
del género: los que interpretan al niño muerto,
de pie o acostado, siempre adornado de flores, es el caso de
Leona Julia de Jesús López, ca.1847, el Anónimo Niña muerta, ca.1885; ataviadas como
Inmaculada Concepción; cuando se muestra al niño
como si estuviera vivo, de pie o sentado; o cuando vemos al
personaje dormido, en cuyo caso el sueño será
metáfora de muerte.
En los óleos en que los niños muertos aparecen
como vivos podemos determinar que pertenecen al género
de Muerte-niña cuando se informa de manera textual en
la cartela como en Retrato póstumo
de la niña Elena Madrigal, 1875. En
Retrato del niño Marquitos González,1893
además se enriquece su distinción a partir de
una palma y una escobilla roja ¿un juguete?, y porque
se encuentra sobre un petate con el que, según se lee, voló a la Patria celestial.
Así, pequeños san Josés y pequeñas
Vírgenes Marías, los atributos iconográficos
más frecuentes en estas representaciones son la palma,
como triunfo sobre la muerte y alusión a la virginidad
de sus portadores; y la corona, como indicio de Gloria. Asuntos
y motivos que sin duda formaron parte de una pinacoteca doméstica
que se conservó con verdadero fervor. |
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“Más con el efecto que
con los pinceles ”Vivo sin vivir en mí y tan alta
vida espero que muero porque no muero
SANTA TERESA DE LA CRUZ
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Modelos de gran
virtud espiritual para la memoria de la familia, del más
alto aprecio pues uno de sus integrantes es nuevo inquilino
celestial, el género pictórico de Muerte niña
conforma una de las versiones más originales del arte
mexicano. |
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Pequeños
homenajes a la santidad de pequeños, a la simpleza como
virtud en las re-soluciones plásticas; alarde en los
significados, profusión en los adornos y escenarios,
actualización del sincretismo cultural indígena
y mestizo, una estética especial hay en esta manifestación
artística. Sentimos en sus contenidos, que para algunos
pudieran considerarse grotescos, un revestimiento de virtud
estética. Lo real como sinónimo de verdad y ésta,
a la vez, comunicante directo de belleza. El significante muerte
más allá de un ric-tus de de formación,
de negación y crudeza, encarnado en un gesto de intensidad
como en Retrato de padre con hija muerta. |
En
la inscripción del cuadro Leona
Julia de Jesús-López se lee a un autor
quien confiesa que la retrató, más
con el afecto que con los pinceles. Escenario primordial
para el que emprende la tarea de pintar y más para el
espectador que descubre, reinventa y afirma que el arte se compromete
fundamentalmente con lo expresivo, y que aquí guarda
para la emoción la puesta en acto de una vida justo en
el momento que ya ha dejado de ser. |
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1.-RLHZ Leona Julia de Jesús
López 1847 Óleo sobre lámina 44 x
59 cm |
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2.-Miguel Espinosa (atribuido) Elena
Madrigal 1875 Óleo sobrelámina de zinc 18
x 13 cm |
3.-Gerónimo
de León (atribuido) Marquitos González
1893 Óleo sobre lamina de zinc 18 x 13 cm |
4.-Anónimo
mexicano Retrato de padre con hija muerta Primera mitad
del siglo XIX Óleo sobre tela 63.5 x 53.3 cm |
MÓNICA
LÓPEZ VELARDE ESTRADA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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