La madre de Dios
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CON FRECUENCIA MARÍA ES INVOCADA CON EL NOMBRE DE MADRE DE DIOS. LOS GRIEGOS LA LLAMABAN THEOTOKOS, LOS LATINOS MATER DEI, DEIPARA, DEI GENETRIZ. EN FRANCÉS ARCAICO SE DECÍA LA MÈRE-DIEU (CASA DEI), HÔTEL-DIEU (HOSPITIUM DEI). EN ITALIANO, MADRE DI DIO; EN CASTELLANO, MADRE DE DIOS; CORRESPONDE AL INGLÉS GODMOTHE; AL ALEMÁN, MUTTERGOTTES, GOTTESGEBÄRERIN; AL POLACO, MATKABOSKAK. LA TRANSCRIPCIÓN RUSA DE THEOTOKOS ES BODOMATER O BOGORODITSA. LOUIS RÉAU, ICONOGRAFÍA DEL ARTE CRISTIANO

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El punto de partida del culto mariano es el Concilio de Efeso en el año 431, fecha en que la Virgen María fue proclamada santa y Madre de Dios. Así como el domingo es el día del Señor, el sábado es consagrado a María por haber sido el de su nacimiento y porque según la leyenda, a partir del sábado santo ella habría afirmado la Resurrección de su hijo.

La Virgen María es la patrona de un mes entero, mayo, lo que la distingue de todos los demás santos. Instituido en el siglo XVIII, una suerte de sincretismo de la Virgen María y la diosa Flora, se dice que se eligió este tiempo en recuerdo de las Floralias romanas. De origen pagano o no, las flores son generalmente atributo de María.

María, Miriam, “la graciosa”, “la bella”, María la virgen, es nombrada de muchas maneras: Bendita entre las mujeres, Soberana de la luz, Espejo de Justicia, Sede de Sabiduría, Rosa Mística, Pozo de agua viva. Estrella de Mar, Madre. Su singular presencia femenina ha sido motivo de infinidad de manifestaciones en el arte de Occidente, cuyos asuntos fundamentales van de su nacimiento hasta su Asunción; con todo es la imagen de su maternidad la que ha ocupado de manera esencial el continente expresivo del arte religioso que conocemos.

Pocos son los momentos de la Virgen María en los Evangelios. Sin martirio y sin milagros en la Historia sagrada, el culto mariano tuvo dificultades para establecerse y, sin embargo, con el tiempo, su devoción en el catolicismo es de primer orden con una suerte de paralelismo entre la Pasión de Cristo y la Compasión de la Virgen.

El Nacimiento de la Virgen María
Es claro cómo el ciclo mariano tiene inspiración en el cristológico. Así como se celebran las fiestas de la Anunciación de Jesús, de la Natividad, de la Presentación de Jesús en el templo, de la Pasión, de la Resurrección, y de la Ascensión en los ritos de nuestra religión, existen las fiestas marianas correspondientes: la Inmaculada Concepción, la Anunciación, la Purificación de la Virgen, la Visitación, La Asunción, La Natividad de María. Menos representada ésta última, en comparación con las demás, presentamos aquí un notable ejemplo europeo.

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Pocos son los momentos de la Virgen María en los Evangelios. Sin martirio y sin milagros en la Historia sagrada, el culto mariano tuvo dificultades para establecerse y, sin embargo, con el tiempo, su devoción en el catolicismo es de primer orden con una suerte de paralelismo entre la Pasión de Cristo y la Compasión de la Virgen.

Los Evangelios no refieren nada de los pasajes anteriores a la Anunciación: lo que correspondería al nacimiento, la infancia y los años de juventud de la Virgen María. Son los Evangelios apócrifos –el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Seudomateo y el Evangelio de la Natividad de la Virgen– los que nutren una historia mariana, fuente de la que echaran mano los artistas. La Natividad de la Virgen será una imagen particularmente difundida en toda Europa durante los siglos XIV y XV, sobre todo para encargos monásticos femeninos.

No se sabe la fecha de nacimiento de la Virgen: La Iglesia la ha fijado el 8 de septiembre.Tres versiones del lugar: Jerusalem, Nazaret y Belén. El año: hacia el 15 a. C.

Pero lo que se conoce como ciclo de la Virgen María comienza en realidad con el de Ana y Joaquín cuando el arcángel Gabriel se les aparece para avisarles del nacimiento de un niño. Fue entonces cuando los viejos esposos se encuentran en la puerta dorada. La tradición dice que del beso que se dieran nacerá la madre del Redentor.

Lo divino apenas indicado por el nimbo subraya
a los actores principales: Joaquín, Ana y la Virgen.

Si bien la representación del nacimiento de la Virgen se parece a la de su hijo Jesús, aquélla tiene una fórmula iconográfica diversa e interesante: Generalmente Santa Ana está sentada o acostada en su cama, asistida por dos mujeres que en algunas piezas vierten agua con un aguamanil sobre sus manos. Hay quienes han interpretado a estas tres figuras femeninas como la supervivencia de Las tres parcas que en la mitología griega están presentes en los alumbramientos.

En la parte inferior de la tabla, en un marco simulado, se lee en ruso “Nacimiento[...]”. La pieza, tal vez copia de un icono ruso temprano, da cuenta del hecho sin ningún elemento sobrenatural, en una habitación y no en un templo, con los instrumentos propios del parto –jarra y aguamanil–. El icono de Museo Soumaya acusa cierto parecido –en la imitación de la cama y los cortinajes, aunque con menos personajes–, con El nacimiento de la Virgen de Gaudenzio Ferrari, fechada hacia 1545, hoy en la Pinacoteca di Brera en Milán.

En la obra podemos reconocer rasgos estilísticos bizantinos en las grecas que buscan abstraer la naturaleza con formas ornamentales subrayando el mensaje de la escena más que su resolución plástica. Asimismo el trabajo en temple y oro y la utilización de austeros motivos en la representación, evocan la factura de los maestros italianos de los siglos XIII al XV.

Lo divino apenas indicado por el nimbo subraya a los actores principales: Joaquín, Ana y la Virgen. Ana, que nunca se cita en el Evangelio, aparece aquí como figura esencial, portadora de aquel gesto de humildad que las fuentes literarias narran en la Virgen durante la Anunciación. Siendo una escena ocupada la mayoría de las veces exclusivamente por presencias femeninas, destaca en primer plano la presencia de san Joaquín.


Según san Bernardo, en las Escrituras sólo cuatro veces la Virgen María pronuncia palabras. Dos de ellas, episodios popularizados en la devoción con el Fiat de la Anunciación y el Magnificat de la Visitación.

En Nacimiento de la Virgen María, la recién nacida, aunque en el centro, es muy pequeña. Alusión tal vez a la modestia y recato que la Iglesia pedirá para sus evocaciones en arte.

Ciertos exegetas creen que fue María quien por humildad habría pedido a los Evangelistas que no la mencionaran. Santo Tomás de Villenueve explica que el silencio de las Sagradas Escrituras sobre la presencia de María, corresponde, de manera inversa, a su importancia: “La gloria de la Virgen es más fácil de pensar que de describir.Ya es bastante para su historia que se haya escrito que de ella nació Jesús. Le basta con ser la Madre de Dios”.

Seguramente con esta idea es que el arte cristiano ha abordado, sin escatimar figuraciones, la historia de la Virgen, y le ha dado, junto a la de Jesús, un lugar fundamental en sus representaciones.

MÓNICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


1.-Anónimo San Joaquín, Santa Ana y la Virgen niña Siglo XVII Óleo sobre tela 110 x 89 cm
2 .-Anónimo San Joaquín, Santa Ana y la Virgen niña (DETALLE) Siglo XVII Óleo sobre tela 110 x 89 cm


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