El gremio
de bordadores:
un testimonio del siglo XVII |
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Los gremios
son instituciones de origen medieval que, para tener un mayor
orden y control de la producción, aglutinaban a artesanos
de un mismo oficio de manera obligatoria. Se dividían
en estrictas jerarquías; el estamento más bajo
eran los aprendices, varones de entre ocho y doce años
de edad que se entrenaban en la labor y a cambio recibían
casa y comida. Les seguían los oficiales, obreros especializados
a quienes se les pagaba un salario por su trabajo. El nivel
más alto correspondía al maestro, quien estaba
a cargo de un taller y una tienda (clientes), y necesitaban
haber rendido un examen para alcanzar el grado.
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Juicio
entablado por Antonio de Cueva Fondo XIV de la colección
Enrique S.
Cervantes Manuscrito primario Gremio de bordadores 1620 Archivo
del
Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX |
Este
sistema de trabajo se asentó en la Nueva España
desde finales del siglo XVI y pervivió casi intacto hasta
bien entrado el XIX. Sin embargo, hoy en día, aún
podemos identificar sus esencias en los estatutos sindicales.
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Los
distintos talleres gremiales constantemente luchaban por conseguir
la mejor clientela. Sin lugar a dudas, la Iglesia se consideraba
la institución de mayor reputación; trabajar para
ella conllevaba un prestigio que más adelante les traería
al público más selecto. Prueba de estas disputas
y reclamos es este documento que conserva el archivo del Centro
de Estudios de Historia de México CONDUMEX. El maestro
del arte de la seda Antonio de la Cueva le refiere su problemática
al canónigo “hacedor de los diezmos” de la
Catedral de México, Luis de Herrera: |
En
la ciudad de México a
dies y siete dias del mes de febrero de myll
seysientos y veinte años [...] se leyo esta petición[:]
digo que yo tengo hecha postura en el brocado y se A de texer
para esta santa iglesia Catedral en quarenta
y cinco pesos bara y porque soy ynformado que la parte contraria
siniestramente a informado que yo no puedo En vn Año
poner el telar, digo que me offrezco de hoy en Veynte dias dar
Texido brocado. (1) |
La
desesperación por conseguir el trabajo llevó al
artista a decir: “de
no Averlo Texido [en el plazo marcado]
me offrezco de Texerlo A quarenta y quatro pesos bara”.
Con frecuencia se encuentran largos juicios sobre reclamos,
adeudos y pagos injustos. La obligación moral para con
la Iglesia se ve reflejada en la aceptación de una remuneración
menor, pues aunque el finiquito no fuera el acordado, de esta
manera el fiel se sentía orgulloso de su templo, porque
las novedades artísticas europeas se incorporaban y reinterpretaban
en un imaginario estético propio. |
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Juicio
entablado por Antonio de Cueva Fondo XIV de la colección
Enrique S.
Cervantes Manuscrito primario Gremio de bordadores (DETALLE)1620
Archivo del
Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX |
Las
negociaciones emprendidas por Antonio de Cuervas dieron pie
a un juicio, del cual no conocemos la resolución. Sin
embargo, al final del documento se asienta: “El
jues mando dar traslado de la peticion a Pedro de Velasco, en
rason de que tiene fecha postura en las telas y con lo que dijere
o no, se lleve a los Señores Dean y cabildo,
para que provean lo que convenga”. |
La
seguridad del artista era tal que dice: “suplico
no se remate el dicho brocado sino que cada parte
labore y haga su brocado y después de hecho la santa
Iglesya compre lo mexor”. |
Para
que el asunto haya llegado a estos términos, podemos
inferir que la pieza en cuestión se trataba de un trabajo
muy elaborado. Los brocados, como indica María Teresa
Espinosa, por lo regular se trabajaban en un telar jacquard,
con tarjetas perforadas que llevaban grabado el diseño.
El estampado se realizaba sobre el fondo del tejido con una
trama suplementaria e hilos metálicos.
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Los
textiles religiosos iban desde vestidos y mantos para la Virgen
y santos, hasta accesorios para el ritual eclesiástico
como escudos, hijuelas, cubrecálices o carpetas. Asimismo
se bordaban regias casullas, túnicas, dalmáticas,
estolas, manípulos y tiaras que portaban los sacerdotes
con el fin de dar mayor riqueza a la estética del ritual
cristiano.
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El
presupuesto para hacer un trabajo como éste superaba
las posibilidades de cualquier taller gremial. Antonio de Cuevas
comenta: “A Vuestra Santidad suplico
se sirba de mandar se me den los veinte pesos de término
con calidad”. Este dinero significaba la compra
de la materia prima inicial, sobre todo del encargo de la plata,
pues como el Estado tenía el estanco o monopolio, se
debían solicitar varios permisos. |
Los distintos talleres
gremiales constantemente
luchaban por conseguir la mejor clientela. Sin lugar a
dudas, la Iglesia se consideraba
la institución de mayor reputación. |
Sin
embargo, la seguridad del artista era tal que dice: “suplico
no se remate el dicho brocado sino que cada parte labore y haga
su brocado y después de hecho la santa Iglesya compre
lo mexor, mexor labor [,] mexor Asiento de plata y oro y esto
sin que la santa Iglesya de dinero alguno hasta que se entriegue
lo texido“
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La
riqueza de estos testimonios nos lleva a contemplar desde otras
perspectivas al siglo XVII. El estudio de los primeros años
del virreinato es muy atractivo, pues comprende la asimilación
de los procesos de sincretismo entre diferentes culturas y la
conformación de nuevas realidades. Aunque durante el
del siglo XVIII se asentaron las bases de la nacionalidad y
se sembraron las semillas de la Independencia, desde el siglo
XVII inició la consolidación y las modificaciones
radicales a las estructuras políticas, económicas
y sociales que hicieran de esta región una de las más
importantes del imperio español. |
ALFONSO MIRANDA
MÁRQUEZ | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN |
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(1) Juicio
entablado por Antonio de Cuevas, Fondo XIV de la colección
Enrique A. Cervantes, Manuscritos e impresos, Gremio de bordadores,
1620. La paleografía del documento manuscrito primario
es literal, por lo cual se respetó la ortografía
original y es autoría de quien escribió este artículo.
Las abreviaturas están desatadas y para su indentificación
están subrayadas. |
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