Procuro imaginarlo joven
y siempre lo veo viejo.
Beatriz espejo.
Dr. Atl.
El paisaje como pasión |
Gerardo
Murillo nació en Guadalajara en 1875, un año después
de que en París se realizara la primera exposición
de impresionistas. Muy pronto se marcha a la ciudad de México
a estudiar pintura en la Academia de San Carlos y para 1896 se embarca
con rumbo a Europa. Hay quien afirma que fue precisamente en este
trayecto donde surge una parte de su apodo, cuando el barco en el
que viajaba atraviesa por una gran tempestad que casi lo hunde y
decide entonces nombrarse agua en náhuatl: atl. Cuando en
Roma se gradúa de doctor en filosofía, el escritor
Leopoldo Lugones completa el seudónimo: "Te llamarás
Dr. Atl" |
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Alfredo Zalce
El Paricutín (detalle)
1949, óleo sobre tela
69 x 103 cm
Col. Lance Aarón y familia |
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Pero aquel que fuera bautizado por sus amigos con una ceremonia
que incluyó una tina llena de champagne como recordatorio
del elemento líquido que casi le quita la vida, será
un ser más de tierra y fuego; nacía para el arte nacional
un autor furioso por irrumpir con sus pinceles y resaltar a base
de la emisión violenta de materiales y colores lo que para
él fue entrañable en el paisaje nacional: la belleza
y la energía.
Alumno de José Maria Velasco
y admirador de Leonardo da Vinci, el Dr. Atl fue también
geólogo, promotor de otros artistas, vulcanólogo,
reconocido gourmet, editor de periódicos y revistas, bohemio,
revolucionario y excéntrico. La crítica coincide en
que será después de los 50 años de edad cuando
Gerardo Murillo crea lo más sólido de su producción.
Quizá es por eso que siempre lo pensamos con ese aspecto
que define Espejo de “personaje bíblico”: con
cabello y barbas revueltos por un viento perturbador. En exteriores,
ante la inclemencia del panorama de una vida nacional en ebullición
política, o de cara a la intemperie de la pasión por
su oficio, y desde la huella que dejó un amor fulminante:
el encuentro con Carmen Mondragón.
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| Estudios para dos naturalezas |
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Al Dr. Atl, a quien la vida le regaló dos volcanes:
Nahui Olin y el Paricutín.
TOMÁS ZURIAN, NAHUI OLIN.
UNA MUJER DE LOS TIEMPOS MODERNOS |
Gerardo Murillo, Dr.
Atl
Autorretrato
1946
Carbón sobre papel
38.6 x 32.4 |
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Sin duda el Dr.
Atl tuvo dos pasiones: Nahui Olin, Cuarto
sol, como llamara a Carmen Mondragón, y el volcán,
Paricutín. Ambos compartieron la misma naturaleza explosiva
y fogosa de un fenómeno en erupción, con su fuerza
y expresividad. La relación con Nahui Olin no llegó
a dos años. La que sostuvo con el volcán, hasta su
muerte.
Si bien el trato con esta mujer
“de los tiempos modernos” mexicanos, bellísima
y polémica, lo llevaría a descender a simas de pasión
y excesos, el nacimiento del Paricutín en 1943 lo condujo
a escalar cimas novedosas en pintura.
Trabajó
con óleos, acuarelas, esténciles, carbones, tintas
y al fresco. Si su alma de aventurero lo había hecho ya permanecer
en las faldas del Popocatépetl y alcanzar cúspides
nevadas, la experimentación lo llevaría a técnicas
pictóricas en donde ensayará con pigmentos, aglutinantes
y medios. Materiales elaborados, por ejemplo, con cera, copal, aceite
de linaza y jabón. Propuso la acqua-resina y la petro-resina
como mezclas para plasmarse sobre diversos soportes.
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Pintó en
distintos tipos de madera: celotex, fibracel y tripay; sobre lienzos
y yutes; con óleo, pastel, y piroxilinas. Inventó
los Atl-colores: una amplia gama de tonos brillantes susceptibles
de ser aplicados en otras superficies pintadas para conseguir una
textura más rica. Gama que no pierde su transparencia y luminosidad.
Dirán algunos que esta retórica tonal se adecuará
genialmente a su temperamento.
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En
1950 el Dr. Atl presenta en Bellas Artes una magna exposición
con obras sobre el Paricutín y su monografía
Como nace y crece un volcán. Para entonces ya
estaba consolidada en su fortuna crítica la imagen de un
pintor vanguardista atraído por el paisaje nacional, con
una textura densa en donde colores verdes perico, lavas moradas,
rojos fuego y nubes blanquísimas pueblan un lienzo pletórico
de fuerza plástica rugiente. |
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En Dama con volcanes estamos
ante el retrato de una mujer realizado de manera convencional, a
no ser por el protagonismo del paisaje de fondo al que hay que agregarle
la cualidad de la visión aérea –aereopaisaje–
y una mirada curvilínea,
con la representación esférica de la naturaleza, formalidad
que aprendiera de Luis G. Serrano y que nuestro pintor inmortalizara
en la pieza Paisaje curvilíneo del
Valle de México de 1942. Como motivos característicos
de la manera del Dr. Atl tenemos volcanes, un árbol seco
y nubes con poderío por su volumen y colores. |
Gerardo Murillo, Dr. Atl
Dama con volcanes
1944
Óleo sobre fibracel
119.5 x 119.5 |
Un
elemento en el cuadro sirve de intermediario de los dos asuntos
principales de la obra: entre el paisaje y la dama, un libro rojo
al centro intriga. El personaje se encuentra en una lectura y desplaza
la mirada al exterior: a un panorama que la hace comprender lo leído.
Reflexiva y fuerte, la mujer sentada nos recuerda al pintor que
la representó. |
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Gerardo Murillo, Dr. Atl
Paisaje con volcán
(detalle), 1946
Óleo sobre masonite
49.5 x 60.2 |
Al
hombre prematuramente viejo, encorvado, de apariencia frágil
y que solía presumir de practicar la técnica óleo
al temple, ya que atemperaba los elementos de su pintura. Lo que
nunca templó fue su carácter y se manifestó
siempre lava en movimiento: rojo y ardiente. |
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MÓNICA LÓPEZ VELARDE
| Curaduría e investigación |
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