GABRIELA HUERTA TAMAYO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

A Carlos Monsiváis

Postales antiguas, cruce de historias. En impresiones fotográficas nacieron hacia 1891, su dominio comercial se extendería seis años después. Entonces la fotografía tenía casi sesenta años de edad y los artistas la empleaban cada vez más tanto para el registro de su obra, como para distribuir imágenes o integrar catálogos entre la prensa, las galerías, los museos y los compradores.
En torno a la postal fotográfica del yeso Eva, de Auguste Rodin, se decantan referencias sobre la escultura concebida en 1881, la toma hecha en 1904, su uso como medio de comunicación y mercantil en postales durante 1911. También cuenta el valor de las personalidades que la firmaron y la voluntad artística de la fotografía, más allá del testimonio. Es significativo que llegara a Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim a través de Carlos Monsiváis, agudo y célebre intelectual de la cultura moderna y contemporánea de México, además de fervoroso coleccionista, que identificó en esta tarjeta a notables literatos franceses, aunque poco difundidos en México, ligados al mundo del maestro escultor.
Las primeras décadas del siglo XX representan la época de oro de las tarjetas postales. Los periódicos apenas se ilustraban con fotografías, de manera que las postales informaban sobre los acontecimientos dignos de mención. En 1889 obtuvieron carta de naturalización al venderse en más de trescientos mil ejemplares con la imagen dibujada de la Torre Eiffel y su producción se elevaría por la Exposición Universal de 1900. Su uso era muy frecuente entre vecinos, por ejemplo, para darse cita el día ulterior.

 

 

Rodin había empleado la fotografía para registrar su trabajo y en 1876 le fue útil para demostrar su pericia en escultura cuando fue acusado por haber obtenido el yeso La Edad de Bronce de forma ilegítima. A partir de 1880, fue una constante para documentar Lapuerta del Infierno y los proyectos que vinieron. A la vez, fue asiduo en reunir fotografías de antigüedades greco-romanas, de sus amigos y viajes… Su archivo en este rubro integra alrededor de siete mil imágenes. De acuerdo con la investigación Rodin et la photographie, que dirigió Hélène Pinet, curadora del Museo Rodin de París, las primeras que se captaron de su obra escultórica fueron hechas por autores casi desconocidos (Charles Bodmer, Victor Pannelier, Freuler) y por otros que aún permanecen anónimos.
Rodin advirtió el potencial expresivo de la fotografía cuando recurrió a Jean Limet (1855-1941) para editar un catálogo en 1903. El vínculo de éste con la escuela fotográfica pictorialista –que en la vanguardia subrayó su oficio como arte– resultó en imágenes que eran más que reproducciones tradicionales de esculturas. Utilizó la goma bicromatada para difuminar contornos y detalles, así como para subrayar la atmósfera de luces y sombras, en un estilo cercano a los simbolistas plásticos, del que tanto gustaba Rodin.
Limet, sin embargo, no fue el fotógrafo con quien el escultor firmaría un trato comercial de exclusividad, para evitar problemas sobre los derechos de reproducción, como los que antes se habían presentado con Eugène Druet (1867-1916) sobre las tomas de la exposición en el Pabellón del Alma en 1900.


*Los términos franceses recto y verso se utilizan para indicar el anverso y reverso de una postal.
     

Rodin convino con Jacques- Ernest Bulloz (1858-1942), especializado en obras de arte, para que fuera su fotógrafo oficial. […] durante quinceañoscontaba Bulloz a partir de 1903–, estuve en relación directa con Rodin, quien me hacía fotografiar todas sus obras, de acuerdo con indicaciones muy precisas; lo veía pues de cerca todas las mañanas, ya fuera en Meudon, ya fuera en su taller del Depósito de Mármoles, ya fuera en sus últimos días en el antiguo convento de la calle de Varenne [Hotel Biron, hoy Museo Rodin]. Buena parte del trabajo fotográfico es resultado de las indicaciones de Rodin, porque –señala Hélène Pinet– el escultor no [descuidaba] nada. [Imponía] el ángulode la toma, la luz, el fondo e incluso el encuadre. Los fotógrafos que pasaron por el taller se sometían a la menor exigencia de Rodin. Desechaba las tomas que no le gustaban. Las de Bulloz eran por lo general luminosas y coloridas, gracias a la técnica del tiraje al carbón en diferentes tintas –sepia, azul, naranja o verde–, procedimiento reconocido por su gran estabilidad al paso del tiempo. En una atmósfera oscura, capturó el yeso de Eva de frente a la cámara, y obtuvo una impresión con detalles y contornos sobriamente difuminados. La toma es eficaz al reforzar el inquieto mundo psicológico del personaje en el momento de la expulsión del Paraíso.
Pocos años después, las impresiones de Edward Steichen (1879-1973) lo superarían en los ambientes fantasmáticos, sobre todo, con las que Rodin celebró de Balzac.
Llamada también Eva en la roca o Eva después del pecado, el motivo escultórico de la postal fue originalmente creado para preceder, con Adán, La puerta del Infierno.
Su fuerza simbólica estriba en el drama de la primera mujer, madre de la humanidad, sobre el cual meditaba el poeta Rainer Maria Rilke en 1902 a través de la obra de Rodin: La cabeza se hunde profundamente en lo oscuro de los brazos, que se cruzan sobre el pecho como si tuviera frío.

 

La espalda está arqueada; la nuca, casi horizontal; la pose, inclinada hacia delante, como para escuchar su propio cuerpo en el que comienza a agitarse un futuro desconocido y es como si la pesantez de ese futuro actuara sobre los sentidos de la mujer y la hundiera desde su vida dispersa en la profunda esclavitud humilde de la maternidad.
Esta agobiante visión sobre el porvenir y el valor de la madre las compartía el escritor con un grupo próximo a Rodin: los decadentistas, hijos espirituales de Baudelaire (1821-1867), que veían con desesperanza el fin de siglo.
Son ellos los personajes del reverso de la postal.

 

La remitente, Valentine de Saint-Point (Anna Jeanne Valentine Marianne Desglans de Cessiat-Vercell, 1875-1953) y la destinataria Rachilde (Marguerite Eymery, 1860-1953) son dos escritoras, periodistas y anfitrionas en sus propios salones literarios. La primera abordó los temas de la lujuria, el incesto y, de manera regular, la mujer y su participación en el arte. Se desempeñó también como secretaria y modelo del escultor, a quien le dedicó algunos ensayos. La segunda, acreedora de la medalla de la Legión de Honor, y cuyas cartes de visite la mencionaban como «Rachilde, hombre de letras», escribió crónicas sobre Rodin, y es reconocida en la historia de la literatura por la creación de personajes que pusieron en el centro del debate los temas de la identidad sexual, el sadismo o el travestismo. A los veinticuatro años, alcanzó fama por su novela Monsieur Vénus. Ambas literatas bordaron una visión moderna de las mujeres, de su sensualidad y valor social, incluso político. Rodin se sumergiría entre sus líneas para plasmar con ellas, y con el intenso ascendiente de Camille Claudel, el abanico de emociones y conflictos del alma femenina.
La nota al reverso de la postal dice: 26 de junio de 1911/ A Rachilde — / Con la pena de su ausencia y como un homenaje de admiración y de simpatía — Valentine de Saint-Point. Siguen las rúbricas de la escultora Geneviève Granger (1877-1967), el poeta Léon-Paul Fargue (1876-1947), el crítico cinematográfico y literato Riccioto Canudo (1877-1923), el escritor Jérôme Tharaud (1854-1953), el ilustrador y escultor Libero Andreotti (1875-1933), los escritores Charles Inman Barnard (1850-19¿?), Gabriela d’Annunzio (1863-1938) y Rosny Aîné (1856-1940), entre las identificadas. El mensaje termina así: y las 150 personas que aplaudieron La Muerte de Antinoo. Sobre la firma de Rodin («Aug Rodin») es posible pensar –hasta obtener opinión especializada sobre las tintas– que o bien asistió a este evento, o bien, Valentine de Saint- Point usó una postal autografiada que conservaba de tiempo atrás.

 

La muerte de Antinoo, a partir de la generosa asesoría de Hélène Pinet, se puede referir al misterio sinfónico El martirio de san Sebastián, de Gabriele d’Annunzio, con música de Claude Debussy, porque el 22 de mayo de 1911 –el mes anterior a que los amigos de Rachilde rubricaran la postal– la obra se había estrenado en el Théâtre du Châtelet y el personaje principal, san Sebastián, era afín a otros nombres de la cultura homoerótica, como Antinoo, amante del emperador Adriano, o el hermoso Adonis.

Las diferencias en este grupo de artistas sobre los conflictos de su tiempo, como el colonialismo, el antisemitismo o el nacimiento del fascismo, así como las vicisitudes personales que implicó el estallido de la Primera Guerra Mundial, los llevarían a romper sus lazos. Las obras de los decadentistas han venido a ser una fuente para la literatura, estudios de género, sexualidad, política, sociología, debido a la agudeza con que revelaron estos temas, incluso en el aturdimiento de la Bella Época, del fin de siglo, que celebrara Rachilde:



[1 y 2] Jacques-Ernest Bulloz (1858-1942) | Tarjeta postal de Eva | 1904 | Reproducción en plata sobre gelatina | 13.9 x 9.2 cm
[3] Los Decadentes / No tienen talento / Se me dice / ¡Oh! ¡Ni pensarlo! / ¡Yo lo digo! / Que tienen genio / En el fondo / Pues los más exangües / Se rehicieron / (Y nos rehacen) / Con una botella / De vino Mariani / Hay versos libres / Rachilde.
Publicidad para el vino de coca Mariani, recopilada en Figuras contemporáneas, de L’Album Mariani, cuarto volumen, Librairie Henri-Floury, París, 1898.

 
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