

HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN
Fumando espero
al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales
de alegres ventanales […].
FUMANDO ESPERO1 |
En la década de los años veinte del siglo pasado, el universo femenino experimentó una radical metamorfosis en los ámbitos de lo público y lo privado. Luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la mujer de clase media había abandonado su estatismo doméstico para quedar inserta en un ritmo más dinámico y activo dentro de la sociedad. Trabajadoras, enfermeras, secretarias, entre otros oficios, permearon sus futuros vínculos con el género masculino durante el periodo entre guerras (1919-1939).
El ritmo del Charleston –en el que destacaba la célebre Joséphine Baker (1906-1975) con sus sugerentes y frenéticos movimientos corporales, en los centros nocturnos de Nueva York y de París– construyó la imagen de una mujer arriesgada que, al igual que la moda ligera y volátil de los vestidos de coctel que lucía sobre el cuerpo, tendría nuevos significados dentro del esquema social de la primera posguerra.
Para Harry M. Benshoff: Ellas argüían que la Gran Depresión había traído algo salvaje, licencioso, incluyendo el “escandaloso” comportamiento de las mujeres independientes y flappers. En la década de los treinta, esa mujer liberada se haría de una personalidad vinculada con el cine sonoro –que había nacido en 1929– y las herencias del glamour que trajo consigo la pantalla grande.
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1 El último cuplé –dirigida por Juan de Orduña en 1957– en donde Sara Montiel canta en la intimidad de su camerino el tango-cuplé Fumando espero (1922), cuya letra es de Félix Garzo y la música de Juan Viladomat.
LA DIVA Y EL TABACO
En el cine, al principio no fue el verbo, sino la imagen,
y además en primer plano.
RAMÓN FREIXAS y JOAN BASSA
No resulta extraño encontrar en los treintas una galería de diosas vivientes, glamorosas y sofisticadas, con una boquilla y cigarro en los labios. Luego de la aparición en pantalla de la primera vamp, Theda Bara (1885-1955), inició la construcción del arquetipo de la mujer devoradora e implacable, con las volutas de humo siguiendo la línea de sus curvas y despertando, con poder alevoso, toda la fantasía masculina en el entorno. Para los investigadores Ramón Freixas y Joan Bassa:
El cine negro,2 transitado por personajes de engañosa doblez, impregnados de ambigüedad, es terreno abonado para el nacimiento de una nueva mujer, caldo de cultivo de otra moral […] Acostumbran ser causantes de desdichas, acarrean la ruina y la ofuscación de los hombres. Vence el daguerrotipo de hembra escurridiza, malvada, concebida como tormento psicológico del varón […] mujeres independientes económica, sentimental y sexualmente –además suelen fumar–, tan tentadoras y mortíferas como sus precedentes.
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Mae West, Greta Garbo, Ava Gardner, Rita Hayworth, Barbara Stanwyck, Marlene Dietrich, Bette Davis, Joan Crawford o Katherine Hepburn, entre otras, impregnaron de humo las lentes y las pantallas de las décadas doradas de Hollywood. Símbolo acaso de liberación icónica; depositario del erotismo de la publicidad y de los medios; ejecutor del glamour de la diva; compañero imprescindible en el terreno de la seducción… el cigarro abrazó con fuerza el imaginario femenino de la mano de la herencia cinematográfica.
LAS DIVAS MEXICANAS
Mujeres de todas las profesiones, unas cantan, otras bailan; rubias y morenas, jóvenes unas, maduras otras, todas son hermosas y todas ríen; vienen a vivir.
ALEJANDRO GALINDO
El florecimiento del cine de oro mexicano puede identificarse, para la mayoría de los investigadores, entre los años de 1939 a 1952. Época que también da cuenta del llamado Milagro mexicano –era de desarrollo industrial, económico y modernizador del país, con gran apertura a la inversión extranjera– que llegó a su clímax con Miguel Alemán Valdés (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y López Mateos (1958-1964).
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2 Género fílmico que floreció entre los años 40 y 50 del siglo xx, cuyo arquetipo fue El halcón maltés (1941) de John Huston. De manera tradicional, sus contenidos abordan la delincuencia de una forma expresiva y con énfasis en el perfil siniestro de la psique de sus personajes.
Al finalizar la era de los gobiernos militares heredados de la Revolución, frente al impulso de los civilistas y su nueva concepción del Estado mexicano, la sociedad sería también una receptora inmediata de estas transformaciones.
En el caso femenino, además de romperse el estereotipo de la ama de casa fiel y abnegada, se construía uno nuevo que, por supuesto, se impregnaba de olor a cigarro. […] y una noche, en un bar, observa a la deslumbrante mujer, sola, y acude a prenderle el cigarro que ella se dispone a fumar. Intenta un acercamiento mediante la siguiente observación: está sola, nerviosa y en actitud de espera; cortante, ella le responde: “No estoy nerviosa ni espero a nadie; en cambio, no sé lo que usted espera para retirarse”.3
En juego de espejo con las grandes divas de Hollywood, nuevas beldades –mexicanas y extranjeras– construyeron su propio mito en el umbral del cine nacional. María Félix, Dolores del Río, Marga López, Emilia Guiú, Sara Montiel, Katy Jurado, Ninón Sevilla, Miroslava, Elsa Aguirre, Silvia Pinal, entre tantas otras, eternizaron su imagen con indumentaria provocadora y
sugerentes actitudes, lo mismo que con un sempiterno cigarro en la boca.

3 Diálogo entre María Félix, la Doña, y Fernando Soler en la cinta Que Dios me perdone (1948) de Tito Davison.
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Para Julia Tuñón: Los estereotipos cubren una función esencial en el cine […] los trajes entallados de satén, el cigarrillo o, en otro sentido, el puro que fuma Sara García, son elementos de reconocimiento.
En estos tiempos en los que el tabaco significa y resignifica nuestra realidad, la sensualidad y las boquillas parecerían haber terminado su mancuerna. Sin embargo, quedan estampados los rostros de esas mujeres que, como en el melodrama de Salón México (1948), en el crimen pasional de Doña diabla (1949) o en la picardía de Escuela de vagabundos (1954), nos ofrecen una sonrisa que se desdibuja entre aquellos días de humo...
[1] José Ortiz Ramos, fotógrafo | Miroslava [1926-1955] en El puerto de los siete vicios | 1951 | Dir. Eduardo Ugarte. Prod. Manuel Altoaguirre | Fotograma | Col. Fundación Televisa, a.c. ©
[2] Alex Phillips, fotógrafo | María Félix [1914-2002] en La diosa arrodillada | 1947 | Dir. Roberto Gavaldón. Prod. Jack Wagner y Rodolfo Lowenthal | Fotograma | Col. Fundación Televisa a.c. ©
[3] Alex Phillips, fotógrafo | María Félix [1914-2002] en Que Dios me perdone | 1948 | Dir. Tito Davison. Prod. Gregorio Walerstein | Fotograma | Colección Fundación Televisa, A.C. ©
[4] Alex Phillips, fotógrafo | Ninón Sevilla [1926] en Llévame en tus brazos | 1954 | Dir. Julio Bracho | Prod. Guillermo Calderón | Fotograma | Colección Fundación Televisa, A.C. ©
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