La sociedad mexicana de mediados del siglo XIX toleraba que una viuda portara después de un tiempo razonable de por lo menos dos años y medio, colores distintos al luto negro. Sin embargo, que una viuda se casara de nuevo evidenciaba desde tiempos virreinales la apretada situación económica de la familia, aunque para la abuela materna de Concepción Lombardo, su matrimonio con Francisco Ocampo sólo tuvo las razones del corazón:
[…] Mariqui/ta cuando al ver aquellas personas, quiso salir de la Igle/cia; y marcharse á la casa, pero mi abuela la detubo, y le dijo, Cuando naci, me encontré que me habian casado, esta vez me caso yo con el hom/bre que amo, y tu seras quien lo presentará á tus hermanas. Mi abuela, despues de la ceremo/nia del casamiento, con la mayor desenvoltura, tomó del braso á su marido, y se lo llevó á su casa donde lo presentó á sus hijos. Don Francisco Ocampo, bien que joven, era viudo y tenia una hija que apenas contaba tres años; al dia siguiente del matrimonio, llevaron á casa de los esposos á la pequeña Tomasa.1 […] De los catorce hijos que tubo mi abuela, mi ma/dre fue la mayor, y entre que se casaron y se murieron, le quedaron solo dos con ella en su casa, Lola y Guadalupe, las dos pasaban de los cuaren/ta y se habian quedado á vestir santos. La mayor Guadalupe era fea de encargo; alta muy delgada y seca como un fideo, pero de buen talento, y mucha chis/pa, tenia una felicidad admirable para encon/trar consonantes y hacia unos cuartetos como las del negro poeta.2 […] La mas joven, Lola, era todo el contrario, de su hermana, de baja estatura, bastante gruesa, y le daba por el romanticismo, si[n e]mbargo, era tambien inteligente y de graciosa y agradable conversacion. Estas tres mugeres [incluye a Tomasa] formaban un conjunto tan ameno y simpatico, que sin ser jovenes ni bonitas, tenian su casa llena de jovenes que gozaban con su sociedad y la preferian á cualquiera divercion. […] Gran hospitalidad reinaba allí, se servian continuamente chocolates, y refrescos, y los amigos tenian libertad de sentarse á la mesa cuando llegaban á la hora de la comida. Ningun lugar mas á propósito podia yo encontrar despues de mi quiebra con Perry.3 para olvidar, que la casa de mi abuela, fui alli y me encontre con un señor Domec4 gran pianista español, que hacia pocos dias que habia llegado á Mexico. Mi abuela le dijo que yo cantaba, y quiso oirme, le cante una piesa de la opera italiana que gusto mucho y me pregunto que si no cantaba algo en español, le dije que no y entonces me dijo que al dia siguiente me llevaria una romansa5 de jugar con fuego […].
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El maestro Do/mec llegó á la hora indicada con gran rollo de papeles de musica española entre otras, estaba la romansa de Jugar con fuego que dice así: “Un tiempo fue que en dulce calma lejos de magica de majica ilucion, ni se agitaba inquie/ta el alma, ni palpitaba el corazon”. Me encontre tan adecuadas aquellas palabras para mi circunstancia, que en dos ó tres repasos que le di, la pude cantar con sen/timiento y exprecion. Esto entusiasmó al Maes/tro, y me insistió para que estudiásemos algu/nas piesas concertantes. Para lograrlo, llevo al dia siguiente algunos amigos suyos filarmonicos, entre otros un joven español que tenia una presiosa vos de tenor. Luego llevó un baritono y asi se fue poco a poco formando una agradable reunion de aficionados á la musica...
1 Recordarán los lectores de Las aventuras de Concha el episodio cuando la señorita Lombardo y su pequeña “tía” Tomasa exploraron un cerro en Tenancingo y las valientes jovencitas querían cazar un águila.
2 Concha alude al poeta veracruzano don José Vasconcelos, cuyas composiciones improvisadas eran celebradas por la sociedad. Para enamorar a una muchacha recitaba: El corazón se te alegra/ siempre que encuentras al negro;/ yo también mucho me alegro:/ mi alma, ¿quieres ser mi negra? Al ser rechazado decía: Arrastrando las cadenas/ del iracundo Cupido/ con cuya flecha me ha herido/ sin dar descanso a mis penas.
3 El celoso y orgulloso novio inglés de Concha.
4 Concepción Lombardo puede referirse a J.E. Domec, artista que musicalizara la zarzuela en un acto El corregidor (1861) del español Niceto de Zamacois, la cual que se estrenó en México en la segunda mitad del siglo XIX y fue registrada por Francisco Monterde en su Bibliografía del teatro en México (1970).
5 La romanza es un fragmento musical de carácter romántico escrito para una sola voz o un instrumento. Se cultivó desde la Edad Media y se distingue por su estilo melódico y expresivo. El siglo XIX desarrolló la romanza de salón y de ópera, así como de zarzuela.
Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo III°: Mi juventud, quienes
fueron mis verdaderos maestros. Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, T.
1, 1859-1917. colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO.
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Trabajo europeo, Escena galante (anverso) | Último tercio del siglo XVIII | Gouache sobre papel. Varillas y guardas de concha nácar. Roseta de metal y piedras | 27 x 51.2 cm
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