EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


En consecuencia de tal conducta, y de las hostili-/dades empezadas por parte de la Francia, aún antes de/ declararnos la guerra, he expedido todas las órdenes / convenientes a fin de detener, rechazar o acometer al/ enemigo por mar o por tierra, según las ocasiones se/ presenten: y he resuelto y mando que desde luego se/ publique en esta corte la Guerra contra la Francia, sus/ posesiones y habitantes, y que se comuniquen a todas/ las partes de mis dominios las providencias que corres-/ponden y conduzcan a la defensa de ellos y de mis vasa-/llos, y a la ofensa del enemigo.

De esta forma enérgica se cierra el decreto emitido por Carlos IV, rey de España, para declarar la guerra a Francia en 1793. El documento, que forma parte del acervo del Centro de Estudios de Historia de México CARSO, está antecedido por un oficio de Pedro de Acuña, Ministro de Gracia y Justicia, dirigido al Deán y Cabildo de la Iglesia Metropolitana de México. El edicto informaba las razones por las que dio inicio la Guerra de la Convención que España perdería hacia 1795.

En el oficio introduce al mandato de la corona española y solicita el apoyo del clero novohispano: Al atroz atentado cometido por la Francia    con   su   legiti-/mo   soberano,    […]  esta insultan/do con sus armas a las potencias extranjeras que/ peligro que amenaza a la nuestra con tan vecinos ene/migos, han obligado al Rey a declarar la guerra/ a aquella Nación en los términos que contiene el/ Real Decreto cuya copia rubricadade mi mano incluyo a usted en tan urgente compostura […].

 

El borbón Carlos IV (1748-1819) nació en Nápoles, Italia. Heredó la corona de España y sucedió a su padre, Carlos III en 1788. Por su desinterés en los asuntos políticos se ganó el mote de «el Cazador». Los conflictos que atravesó a partir de la Revolución francesa con el gobierno de la Convención Nacional y después con Napoleón Bonaparte, lo condujeron a su abdicación en favor de su primogénito Fernando VII en 1808.
El emperador francés citó a la familia real española a una reunión en la localidad francesa de Bayona. Ahí, ante la presión de Bonaparte, Fernando VII devolvió el trono a su padre, sin saber que éste había acordado previamente ceder los derechos de la corona en favor del monarca galo. El nuevo rey de España habría de ser José Bonaparte. Murió desterrado en 1819 en la corte papal del Vaticano.

 



LA REACCIÓN ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Es tan notoria la moderación/ con que he procedido respecto a la Francia desde el punto/ en que se manifestaron en ella los principios de desorden,/ de impiedad y de anarquía que han sido causa de las tur-/bulencias que están agitando y aniquilando a aquellos ha-/bitantes […] Para conseguir/ estos fines tan útiles a la quietud universal, tan confor-/ mes a las leyes de humanidad, tan correspondientes a las/ obligaciones que imponen los vínculos de la sangre y/ tan debidos al mantenimiento del lustre de la Corona,/ cedí a las reiteradas instancias del Ministerio Francés,/ haciendo extender dos notas en que se estipulaba la neu-/tralidad y el retiro recíproco de tropas.


 

Cuando se declaraba una guerra, la patente de corso era la cédula que un monarca expedía para autorizar a un súbdito a hacer el corso contra los enemigos de la nación y poder atacar sus naves. Cuando los piratas eran capturados se les trataba como bandidos y debían pagar con su vida; los corsarios se juzgaban bajo las leyes de guerra y podían salvarse o recibir penas menos duras.

Carlos IV unido a Luis XVI (1754-1793) por el abolengo compartido de la casa real de Borbón, buscó que el gobierno de la Convención Nacional salvaguardara a los reyes de Francia y a sus hijos.

Mis principales miras se reducían a descubrir si sería/dable reducir a los franceses a un partido racional, que/ detuviese su desmesurada ambición, evitando una guerra/ general en Europa, y a procurar conseguir, a lo menos,/ la libertad del rey cristianísimo Luis VVI y de su/ augusta familia, presos en una torre y expuestos diaria-/mente a los mayores insultos y peligros.

La labor diplomática del monarca, dirigida por Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda y amigo de Voltaire, fue inútil y el 21 de enero de 1793 Luis XVI fue llevado a la guillotina. El monarca español enfatizó en su edicto lo que consideró la mala fe de los revolucionarios franceses, que al mismo tiempo que daban largas a las solicitudes de España para la liberación de la familia real […] estaban cometiendo el cruel e inaudito asesinato de su soberano.

Carlos IV realizó también un recuento de las agresiones de los franceses a los bienes de su nación:

 

 

Al mismo tiempo estaba apresando un buque francés a otro español en las costas de Cataluña; […] y casi contemporáneamente llegaron noticias de que hacían otras presas, y de que en Marsella y demás puertos de Francia detenían y embargaban nuestras embarcaciones.

Finalmente, el día siete del corriente nos declararon la Guerra, que ya nos estaban haciendo aunque sin haberla publicado por lo menos desde el veinte y seis de febrero, pues ésta es la fecha de la Patente de Corso contra nuestras naves de guerra y comercio, y de los demás papeles que se hallaron en poder del corsario francés el Zorro, Capitán Juan Bautista Lalanne, cuando le apresó nuestro bergatín El Ligero […] con un buque español cargado de pólvora que se llevaba.

En el mandato, Carlos IV no oculta la molestia con respecto al nuevo gobierno revolucionario: Tampoco se descuidaron en hablar repetida y afectadamente de la República Francesa; y en esto llevaban el fin de que la reconociésemos con el hecho mismo de admitir aquel documento.

LAS CONSECUENCIAS FUTURAS EN AMÉRICA

[En los primeros años de la independencia]
se empezó a usar la palabra gachupín
con sentido
peyorativo; según Alamán,
servía para designar a los españoles
que querían entregar el trono de España
a Napoleón.

Proceso moral y político
de la Independencia de México

JOSÉ SILVA VALERO

El oficio de Pedro de Acuña dirigido al Deán y Cabildo de la Iglesia Metropolitana de México recalca la fidelidad de América a España: […] para sostener el honor/ de las armas españolas su majestad que tiene tan repe-/tidas experiencias del celo generosidad y eficacia/que el clero […] de esos Reynos […] ha/ concurrido en todas ocasiones a auxiliar sus sobe/ranos designios dirigidos a la mayor felicidad de/ sus vasallos […]. Acuña cierra su misiva con diplomacia y agradece el ya esperado apoyo: con efecto ha tenido y tiene su majestad  la/ incomparable    satisfacción   de  que  el

 

clero de España/ anticipándose a sus soberanos deseos le haya fran/queado ya y franquee todas sus facultades. Por lo/tocante al de América confia su majestad animado/ al mismo espíritu de fidelidad que siempre ha/ mostrado […]. Fidelidad que en 1810 tomó un rumbo distinto. Las decisiones de los reyes españoles, la influencia liberal de las Cortes de Cádiz y de la Revolución Francesa, aunados a los elementos que desde mediados del siglo XVIII se habían consolidado para la vida propia y autónoma de Nueva España repercutieron en el movimiento independentista de la América española. En palabras del historiador José Silva Valero la designación de José Bonaparte en el trono de España fue la oportunidad histórica que dio pie a la posibilidad de nuestro ser político.


[1] Medalla de bronce con chapa de oro, 1784, “Nacimiento de los príncipes Carlos y Felipe” | 110.56 g; 62 mm; giro 0º
[2] y [3] Decreto del Rey de España Declarando la guerra a la Francia revolucionaria y oficio manuscrito de Pedro Acuña al Dean y Cabildo de la Santa Iglesia de México | Aranjuez, España, marzo de 1793 | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO | 31.8 x 21.8 cm
[4] 4 S (ESCUDOS) Oro de 21 Qs, Carlos IV, con busto de Carlos III, 1789, Mo (México)| Tipo I, real orden de 24.XII.1788 | 13.51 g; 31 mm; giro: 0º; ex: P. Ferréz T., 1.III.78

La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para indicarlas se han subrayado. Las diagonales indican cambio de renglón.

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