GABRIELA HUERTA TAMAYO │ CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

La Exposición Universal de París de 1900 se realizó entre abril y noviembre. La revista mexicana El Mundo Ilustrado (1894-1914) publicó notas, artículos, fotografías y estampas sobre este evento y de las actividades de nuestro país en él.

Este tipo de certámenes derivaba del éxito que habían alcanzado en Europa las muestras sobre el avance agrícola y tecnológico desde 1849, y de la que en Londres, en 1851, logró un perfil internacional. Las Exposiciones de París acreditaban el liderazgo cultural que Francia irradiaba al mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Se fueron incorporando expresiones del arte y las artes aplicadas de cada nación participante para hacer más vívidos los recorridos. Los periodistas reflexionaban sobre los resultados: Hay quien juzga que las Exposiciones Universales son grandes fiestas decorativas, quermesses descomunales […]. Hay también quien defina una Exposición Universal como un colosal reclamo comercial, como un anuncio cinematográfico gigantesco […]. Para los primeros una Exposición es un emporio de bailarinas, para los segundos una feria de charlatanes, escribía el Dr. Manuel Flores para El Mundo Ilustrado (5 de agosto de 1900), y subrayaba la oportunidad que ofrecían para aprender: eran verdaderos establecimientos pedagógicos.

Como ejemplos señalaba el Palacio de la Óptica y las proyecciones astronómicas sobre la Luna, o las de los microbios de la peste, del tétanos, de la tuberculosis; el Mareorama que representaba un vapor y ofrecía enseñanza en geografía a través de excusiones con vistas pintadas de mares, costas, puertos, escuadras, con palpitante verdad, produciendo la ilusión de una verdadera travesía.
En una extensión de ciento veinte hectáreas se instalaron los pabellones de Austria, Cuba, China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Hungría, Luxemburgo, México, Perú, Turquía, entre las cincuenta y ocho naciones del evento. Cada uno se construía in situ y, al cabo de la Exposición, se desmontaba para llevarse a su país o se destruía. El mexicano se erigió en la ribera del Sena con el proyecto del ingeniero Antonio M. Maza. En los primeros cargos oficiales de la delegación estaban: Sebastián B. de Mier, Ministro de México en Londres y comisario general en la Exposición, Manuel García Torres, comisario, y Ramón Fernández de Arteaga, adjunto de comisario.
Al hacer referencia al Clasicismo de las edificaciones gubernamentales francesas, tales como la Cámara de Diputados, se pretendía que el pabellón [mexicano] despertara entre el público una sensación de estabilidad, tan necesaria para conseguir atraer a los inversionistas extranjeros, señala la investigadora Patricia Pérez Walters. Con este proyecto el gobierno deseaba dejar de lado los aspectos exóticos y primitivos con que en 1889 se había identificado el pabellón neo-azteca que lo distanciaba de la empresa modernizadora de Occidente.


El Mundo fue el primer semanario ilustrado con fotografías. El prospecto –número con la presentación de la revista– circuló el 14 de octubre de 1894. En sus páginas tenía lugar una columna del político y humanista Justo Sierra, crónicas históricas de Luis González Obregón, relatos de Emilia Pardo Bazán, y poesías de Luis G. Urbina, Amado Nervo, Salvador Rueda, entre otros. El volumen II de 1900, además de las noticias de la Exposición Universal cubría las acciones del gobierno de Díaz, los proyectos o develaciones de nuevos monumentos que vestían con nacionalismo liberal y moderno a la Ciudad de México y a los Estados, la industria y comercio, la vida de la colonia francesa en nuestro país y la de los mexicanos en el galo… Su director, el oaxaqueño Rafael Reyes Spíndola (1860-1922), también fundó El Imparcial (1896-1915), diario porfirista, y tomaba la dirección de El Mundo como un órgano para dar a conocer en estilo amable los avances gubernamentales y privados en materia de cultura, industria y comercio, además de notas de sociedad. Tuvo oficinas en las ciudades de Puebla y México.
En 1895 anunciaba que había adquirido nueva tecnología fotográfica –cuyo taller instalado en la Escuela de Artes de la ciudad angelina sirvió para inaugurar la cátedra de este oficio– y de impresión para poder salir con la regularidad esperada. En el país no hubo otra publicación similar; de ultramar, su competencia fue La Ilustración Española y Americana. En 1900 El Mundo Ilustrado reseñó también otras exposiciones, como la que de forma anexa se realizaba en Vincennes, o el certamen Pan-Americano desarrollada en Buffalo, Estados Unidos, o la Exposición Tabasqueña. Su inclinación por el porfiriato, impugnado por los revolucionarios, marcaron su fin y dejó de circular en 1915.


El número del 8 de julio, El Mundo publicaba fotografías de Manuel Flores (hijo) del interior con los siguientes pies: “Exposición de Bellas Artes”, “Exposición retrospectiva”, “Exposición de tabacos, productos químicos y perfumería” y “Exposición de granos y semillas”. El 19 de agosto, bajo el título “México en la Exposición de París. Verdadero éxito”, el semanario aplaudía los trabajos de los comisionados en ese maremagnum que era la Ciudad Luz en época de exposición, hay tanto que ver, tanto que admirar en lo general, que muchos de los detalles se pierden–: Las más importantes publicaciones europeas, los catálogos de la Exposición, la mayoría, en suma, de los órganos encargados de realizar los altos fines del certamen, se han ocupado de México. Por cuantos medios ha sido posible, se ha dado á conocer nuestra nación y se ha logrado despertar interés por ella. Las secciones “La Exposición de París” y “Nuestros Grabados” informaron con regularidad sobre los pabellones, las fiestas, los certámenes...

La gran Exposición Universal era el lugar al que deseaban llegar los artistas, intelectuales, industriales y comerciantes de todo el orbe. Y dejan estas regiones, inclementes para el arte y para la gloria […], era la línea de quejumbre que El Mundo publicaba el 5 de mayo de 1898 por la salida a Francia del escultor Jesús F. Contreras y el orador Jesús Urueta. Querían salir airosos o, si la fortuna los acompañaba, obtener premios.

Además de la Exposición, París también fue la sede de la segunda edición moderna de los Juegos Olímpicos. Se erigió el Grand y el Petit Palais.

En el pabellón del puente de l’Alma exhibió la obra del escultor más importante de los tiempos modernos, Auguste Rodin, y del también reconocido impresionista Claude Monet. Para Rodin esta muestra extendió aún más su influencia en el mundo. Los mexicanos que habían estudiado apenas una década atrás en París, conocían su trabajo y el de las nuevas generaciones, como el de Aristide Maillol. Los hermanos Enrique y Gabriel Guerra, Agustín L. Ocampo, entre otros, fueron cautivados con la expresión de los nuevos volúmenes del cuerpo humano para dar materia a las metáforas edificantes del positivismo y representar el florecimiento del modernismo cosmopolita, de acuerdo con el investigador Luis L. Lozano. El más importante fue el hidrocálido Jesús F. Contreras, quien había tenido oportunidad de participar en la Exposición Universal de 1889, estudió con Bartholdi e introdujo reformas en la enseñanza mexicana de la escultura.

Algunos de los jurados para las diferentes categorías de la Exposición se componían con más de un centenar de miembros, como el que premió al talento desconocido Camille Boignard, según nota del 30 de septiembre de 1900 de El Mundo. De la delegación mexicana de artistas plásticos alcanzaron galardón los pintores Leandro Izaguirre, Alberto Fuster y Gerardo Murillo, los escultores Enrique Guerra y Agustín L. Ocampo, y el más señalado con el reconocimiento francés de la Cruz de Caballero de la Legión de Honor: Jesús F. Contreras por su mármol Malgré tout [A pesar de todo].

 

Contreras había esculpido con un solo brazo el mármol. Por un diagnóstico de cáncer, había sufrido la amputación en 1898 en Francia, sin abandonar su oficio ni distanciarse de las comisiones públicas. Al momento de partir había concluido o encaminado muchos proyectos (en la Ciudad de México: Josefa Ortiz de Domínguez para el jardín de Santo Domingo; veinte esculturas para la avenida Reforma; en Morelia: Fray Manuel de Navarrete, en Coahuila…), además de trabajos numismáticos y de cerámica.
 
Malgré tout comparte el sentido de la escultura expresiva francesa y evoca a la Danaide de Rodin. El escultor lucha contra las limitaciones. En tono romántico el Dr. M. Flores interpretaría el sentido de la obra para El Mundo: Ya mutilado, en los insomnios de la fiebre, en las angustias del incierto porvenir, ante el horizonte obscuro y sin faro, surgió en su espíritu su creación más grande, la que le ha conquistado lauros y perpetuará su nombre. En la confusión de sus ideas, entre negras brumas de su dolor, con letras de fuego vió formulado su destino: “Malgré tout,” á pesar de todo, triunfaré, sabré sobreponerme á la impotencia, con un solo brazo lucharé y venceré, enseñaré laboriosamente á mi mano izquierda á modelar y á esculpir, y seguiré siendo sacerdote de lo bello. En vez de tender la mano que me queda al favor ó á la compasión, esgrimiré con ella la espada del combate y sabré vencer ó tendré derecho á morir. También conmovidos, tiempo después, el compositor Manuel M. Ponce y el poeta Amado Nervo también crearían sus homenajes.

El 28 de octubre tuvo su lugar en El Mundo el escultor Agustín L. Ocampo con motivo del reconocimiento en la Exposición de su mármol Desespoir [Desesperación].

 

El Dr. Flores también haría referencia al temperamento o carácter artístico que subrayaban Zola y Rodin: Sorprender el gesto especial en que mejor se revelan los caracteres de una forma, conseguir fijarlo, traduciendo no sólo sus movimientos externos, sus manifestaciones visibles, sino también las palpitaciones del sentimiento ó de la sensación en que tal gesto ha germinado, esto y nada más que esto es la escultura. Y agregaba sobre el Ocampo y su obra: Y al día siguiente, ¡á la labor! ¡á dejar escritos en la piedra los dolores, estas injusticias, á develar estas páginas! ¡Y cuántas de estas noches, joven artista, la desesperación no habrá llamado á tu puerta, y te habrá acompañado como una hermana vestida de negro! Así nació ese incisivo trozo de mármol, así brotó esa escultura punzante. Hija de la vida, producto de esa escuela de artistas nuevos, á los que Rodin ha marcado una senda, “Desesperación es un “sucedido,” un documento, un dato más que agregar á esa historia que la gacetilla narra inconscientemente en su tarea baladí.

Llegó diciembre y los reportes sobre el término de la Exposición. El 2 de diciembre Carlos Díaz Dufoo en El Mundo daba la noticia: La obra de destrucción ha comenzado. La piqueta hiere despiadadamente los pórticos de los palacios, abre profundas brechas en las columnatas, desquicia arcos, establece la ley niveladora del caos: la Exposición ha muerto! El Grande y el Pequeño Palacio, únicos supervivientes del concurso, estrofas de granito de este animado poema. Y hacía alusiones a la modernidad que alentaba las Exposiciones: Y esta visión se desvanecerá; las cúpulas y las estatuas y los arcos y las escalinatas serán barridos para dejar detrás de sí más que el recuerdo y la esperanza de nuevas futuras reconstrucciones. Porque el ideal de la Francia—¡oh pueblo triunfalmente latino!—es borrar las huellas del pasado para improvisar repentinamente el porvenir.


El Mundo Ilustrado, Año VII tomo II, no. 1, julio-diciembre de 1900
Colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[1] Pie de la estampa: “Repartición de premios á los expositores de París.” Publicación: 30 de septiembre de 1900.
[2] Pie de foto original: “Vista del Pabellón de México, cuya apertura se verificó el 1º de Junio”. Publicación: 19 de agosto de 1900.
[3] Artículo del Dr. Manuel Flores y fotografía de Malgré tout [A pesar de todo] de Jesús F. Contreras.
Publicación: 30 de septiembre de 1900.

 

 
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