ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN

Heredero del pensamiento ilustrado de Europa y forjador del México independiente, el criollo Agustín de Iturbide proclamó: Ya os he enseñado el modo de ser libres, corresponde a vosotros encontrar el de ser felices.

La investigadora Guadalupe Jiménez Codinach apunta: La influencia del pensamiento liberal y la expansión de las campañas napoleónicas en el Viejo Continente, habían dejado secuela en los virreinatos allende ultramar. El criollismo resignificó los aspectos vinculados con los derechos del hombre y las garantías individuales, que luego serían generadores de las actas constitucionales en América. El caso de Agustín I –como el de su homólogo Pedro I del Brasil– se reviste de interés al entender que el México independiente nacía de la mano de una monarquía imperial, pero moderada.

Agustín de Iturbide representa el perfil contradictorio que tuvo el movimiento de Independencia en Nueva España. La lucha de los criollos en la defensa de sus derechos estamentales versus la autoridad implacable del gobierno virreinal fue la tónica general de la primera mitad del siglo XIX. Numerosos líderes habían dejado su impronta en el escenario de la insurgencia: Hidalgo y su convocatoria incluyente, Morelos y la organización del ejército y su legislación, Guerrero y su conquista del sur.

Como miembro del ejército real español, Iturbide había alcanzado el grado de coronel debido a la intercesión del virrey Félix María Calleja. Su primera gran maniobra con miras al ascenso político individual fue pactar con Vicente Guerrero y asegurarse el apoyo de sus tropas. En febrero de 1821, ya con una carrera militar que pudo consolidar por la creación del Ejército trigarante, promulgó el Plan de Iguala en el que defendía la soberanía de nuestro país. Criollo de origen, participó al lado de las huestes españolas durante la primera fase de la insurgencia, cobrando muchas vidas de los sublevados y con apoyo del congreso fundó la monarquía americana. Agustín I fue coronado junto con su esposa Ana María Huarte el 21 de julio de 1822.

AGUSTÍN COSME DAMIÁN DE ITURBIDE Y ARÁMBURU (Valladolid, hoy Morelia, Michoacán, México, 27 de septiembre de 1783 – Padilla, Tamaulipas, México, 19 de julio de 1824)

Hijo del español José Joaquín de Iturbide y de la michoacana Josefa Aramburu y Carrillo. Estudió en el seminario de Valladolid, hoy Morelia, y a los quince años optó por las labores del campo. Ingresó a la milicia como alférez del Regimiento provincial y en 1805 se casó con Ana María Huarte y Muñiz, con quien procreó seis hijos.
Luego del encarcelamiento del virrey Iturrigaray, ofreció sus servicios a las huestes realistas. En 1809 tuvo alguna relación con la llamada conspiración de Valladolid y, al parecer, rehusó el grado de general que le ofreció Miguel Hidalgo.
Luchó contra el primer movimiento insurgente en el Monte de las cruces, en las inmediaciones de la Ciudad de México. A partir de ese momento inició una persecución de los revolucionarios independentistas.
Para 1820, cuando combatía a José María Morelos, ya ostentaba el grado de coronel. Participó en la conspiración de la Profesa, cuya finalidad era impedir el restablecimiento de la Constitución liberal de Cádiz de 1812.
El virrey Apodaca lo comisionó para combatir a Vicente Guerrero. Estableció su cuartel en Teloloapan y, luego de entrevistarse con el caudillo en Acatempan, ambos jefes celebraron la paz.
Iturbide proclamó el Plan de Iguala, el primero en su género en la historia nacional, y consumó la última fase de la Independencia de México con el apoyo del Ejército Trigarante.
Entró triunfante a la capital el 27 de septiembre de 1821 y más tarde sería proclamado como Agustín I Emperador de México.
Murió fusilado en Padilla en 1824 y sus restos fueron trasladados con magnífica pompa a un sepulcro que se erigió en la capilla de san Felipe de Jesús en la Catedral Metropolitana.
Las letras de oro con su nombre que figuraban en uno de los muros del salón de sesiones de la Cámara de Diputados, fueron desprendidas por iniciativa aprobada el 5 de octubre de 1921.



Sus constantes incursiones en el extranjero –obligadas por los exilios forzados a los que se vio sujeto– le permitieron un acercamiento a las ideas liberales de la emancipada unión americana y la Francia ilustrada. A su decir:

[…] y solo cabe en la cabeza de un Visionario, cuantas razones se podri/an exponer contra la soñada republica de los mejicanos, y que poco alcanzan los que comparán á lo que se llamó Nueva España, con los Estados Unidos de América […] ni un solo Es/pañol fué tratado mal mientras la gue/rra de Independencia que yó dirijí, […].

La revolución de Casa Mata, en la que Antonio López de Santa Anna y sus seguidores enfrentaron al monarca mexicano, hizo que abdicara en marzo de 1823 para dirigirse a Italia.

De esta época data el Testamento de Iturbide que otorgó antes de embarcarse: Hallándome próximo á pasar á la Italia en prémio de mis buenas óbras confinado por disposición del Soberano Congreso Mexicano, creyendo como desengañado creo y confieso que las naciones son Soberanas de sí mismas, y lo serán á pesar y despecho de los tiranos, y sus maquinaciones; y asi mismo que á la presencia de las luces han caido y caerán las usurpaciones y crueldades de los reyes, el fanatismo y ciega obediencia de los pueblos; estando, pues, en las orillas del Occeano, pero en mi entera salud, memoria y entendimiento natural, temeroso de perder la vida en una borrasca de que no está exento ningun navegante, ordeno y dispongo esta mi última voluntad testamentaria en la forma siguiente. Así comienza este documento impreso en la casa de doña Herculana del Villar, que hoy resguarda el Centro de Estudios de Historia de México CARSO.

El texto rebosa de alusiones a personajes de la política imperial y a las gestiones que debían tomarse durante su ausencia: Primeramente encomiendo mi alma á Dios que la crió, redimió y conserva, y mi cuerpo á la fragata inglesa nombrada Ravvlins para que lo lleve á donde no haga daño.

Su relato de los procesos históricos de México que lo llevaban al exilio, le dio la posibilidad de emplear con ironía y sarcasmo para narrar los hechos que se sucederían luego de su partida: Quien sabe si el Soberano Congreso despojará á mi buen compadre [Juan Bautista Arechederreta] del rectorado [de san Juan de Letrán] en premio de sus méritos. Si asi fuere puede irse á Pequin á fundar algun colegio donde aquellos chinitos aprendan servidumbre mas de la que tienen.

Tras desafiar la voluntad del congreso y volviendo a pisar suelo mexicano en 1824, fue acusado de ser traidor y estar fuera de la ley, y así que mereció la pena de muerte en Padilla, Tamaulipas, con el documento original de su Manifiesto al mundo escondido en la cintura, que al recoger su cadáver para preparar el cuerpo, le fue encontrado entre su camisa y la faja. Al manuscrito, que todavía presenta resabios de la sangre que lo tiñó, se le añadió la siguiente aclaración:

[…] papeles que se le encontraron despues de fusilarlo en Padilla, que llevava en la cintura moja [da].

Polémico, carismático y revolucionario, Agustín de Iturbide –a pesar de haber perseguido la libertad de prensa, misma que se restauraría hasta el arribo de don Benito Juárez a la presidencia– deja un legado sobre sí mismo en las últimas líneas de su propio testamento: He aquí uno de los frutos de la libertad de imprenta, pues al que no lo contiene el temor de Dios, la virtud, ni su conciencia, lo enfrenará su amor propio, y cumplirá con sus obligaciones temeroso de no aparecer en un público lleno de confusión y de ignominia.


[1 y 3] Agustín de Iturbide | Testamento de Iturbide que otorgó antes deembarcarse | México, 1823 | Impreso en casa de doña Herculana del villar y socios | Impresión sobre papel | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
[2] José Francisco Rodríguez, atribuido | Agustín de Iturbide | c 1822 | Altorrelieve en cera policromada y modelada sobre vidrio | Medallón de latón, vidrio convexo | 8.5 x 5.9 x cm
[4] Agustín de Iturbide | Manifiesto al mundo de Agustín de Iturbide o sean apuntes para la historia | 23 de octubre de 1823 | Tinta y sangre sobre papel | 25.2 x 20.5 cm | Fondo DCCCIX-I

 
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