HÉCTOR PALHARES MEZA | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


Con el cáliz de tu copa y el vino que te pongo
para que nunca esté vacía mantén la fuerza en mi cuerpo y espíritu para
[…] defender mi fe.

ORACIÓN A SANTA BÁRBARA



La obra escultórica de Domenico Gaggini representa el tránsito del Gótico internacional al Humanismo. Perteneciente a una familia de conocidos artistas, Domenico viajó a Florencia entre 1444 y 1446 y fue discípulo de Brunelleschi (1377-1446) y Donatello (1386-1466), señala Antonio di Pietro Averlino, il Filarete, en su Tratado de Arquitectura (1460-1464).


Influido por la espiritualidad del gótico tardío y con elementos compositivos y de perspectiva que anunciaban el Renacimiento, Gaggini realizó magníficas tallas como el Crucifijo del Oratorio de san Juan Bautista en Ovada, Piamonte, y la capilla del Bautista en la Catedral de san Lorenzo de Génova.

El rey aragonés Alfonso V «el Magnánimo» (1396-1458) entró triunfante a la ciudad de Nápoles el 26 de febrero de 1443, liberándola del control económico y político de los duques Sforza de Milán. Desde la bahía napolitana dominó Sicilia, Cerdeña y Córcega. Como testigo de su grandeza, encargó al arquitecto Guillermo Sagrera la remodelación del llamado Castel Nuovo, fortificación del siglo XIII en la que estableció su corte para no regresar jamás a su natal España.

En 1452 el escultor Francesco Laurana (1430-1502) comenzó las obras del célebre Arco triunfal de Alfonso V de Aragón en el Castel Nuovo. Domenico Gaggini fue convocado para participar en la talla de La templanza dentro del grupo de las virtudes cardinales de la fachada. La Capilla Palatina en el interior del castillo, hoy Museo Cívico de Nápoles, también conserva espléndidas tallas de Gaggini realizadas entre 1452 y 1458, etapa de mayor esplendor de la cultura y las artes promovida por Alfonso v. Luego del fallecimiento del monarca en 1458, el artista cambiaría su residencia a la isla de Sicilia.

Llegó a Palermo en 1459 y fue ahí donde estableció un taller de escultura que luego quedaría a cargo de su hijo Antonello. Entre 1463 y 1480 hizo espléndidos trabajos, entre ellos destacan el Monumento de Antonio Speciale en la Iglesia de san Francisco de Asís y la capilla de Santa Cristina en la catedral palermitana.

Domenico Gaggini murió en septiembre de 1492 y fue sepultado en la Iglesia de San Giacomo della Marina.

La talla en mármol de Santa Bárbara como alegoría de la fe pertenece a la época en que el maestro trabajó en la corte napolitana y fue adquirida en 2007 por Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim. Se trata de una obra medular en el tránsito del Gótico al Humanismo que, en las líneas del investigador Stefano Zuffi, valora sobre todo las proporciones bien calculadas: ningún aspecto [de la escultura] sobrepasa claramente a los demás, cada parte guarda una relación con el todo, incluso las expresiones y los sentimientos se acomodan a una compostura controlada. El otoño de la Edad Media se transforma, imperceptiblemente, en el alba del hombre moderno.

Louis Réau apunta que Bárbara nació en Nicomedia –hoy Izmit, en Turquía–, provincia de Anatolia, antigua capital del reino de Bitinia. Hija del rey sátrapa Dióscoro fue bautizada en secreto y convertida al cristianismo por un sacerdote que la visitaba haciéndose pasar por médico. Como muestra de su nueva fe, mandó abrir una tercera ventana en la torre que la resguardaba, clara alusión a la Santísima Trinidad. Su padre, encolerizado, mandó perseguirla y ella logró huir refugiándose en un peñón que se abrió milagrosamente para protegerla. Se dice que un pastor denunció el escondite y sus rebaños fueron transmutados en langostas como castigo divino por su indiscreción.

Al ser encontrada, y negándose a abjurar del cristianismo, el juez Marciano le hizo pasar por toda suerte de terribles tormentos atándola a un potro, flagelándola, desgarrándola con rastrillos de hierro, rodándola sobre fragmentos cortantes, quemándola con hierro candente y finalmente ordenando a los verdugos que arrancaran sus pechos con tenazas. Luego del martirio, Dióscoro consiguió para ella la pena máxima y él mismo la decapitó en la cima de una montaña en el año 306. Sus reliquias llegaron a Venecia durante el siglo X y hoy reposan en el Monasterio de Torcello, Italia.



El culto a santa Bárbara comenzó a principios del siglo IV en el monasterio de Edesa, extendiéndose rápidamente hacia el norte de África cuando los coptos lo introdujeron en Egipto. En Europa, su representación más antigua es la que aparece como parte del pilar de Santa María la Antigua en Roma (650), acompañada de un pavo real, símbolo de inmortalidad.

Santa Bárbara es, junto con Margarita, Catalina y Dorotea, integrante de las cuatro vírgenes capitales, así como del grupo de los catorce santos auxiliadores de la Iglesia.

La leyenda de santa Bárbara fue compilada en el siglo X por Simeón Metafrasto y difundida en el siglo XIII en Occidente por Santiago de Vorágine en su célebre Leyenda dorada.

La escultura en Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim muestra a la santa con gesto dulcísimo y de pie sobre una base que reproduce un castillo donjonado –cuya torreta central es más elevada que las laterales– de tres ventanas. Para J.F. Rafols: En las artes representativas la palabra gótico sugiere una interpretación de la naturaleza a través de un espiritualismo intenso […]. La torre –recordatorio también de la prisión de Bárbara en Nicomedia– encierra el sentido profundo que tuvo el martirio paleocristiano. Matilde Battistini apunta: También el cristianismo asignó una función positiva a la torre ya que vio en ella un símbolo de vigilancia y de ascensión. Como eje del mundo y eslabón de unión entre el hombre y Dios, la torre se asimila a la Iglesia y a la Virgen María […].

 

El cáliz se sostiene en la mano izquierda de Bárbara, quien con suave movimiento de su derecha sujeta la hostia consagrada. Un largo velo drapeado la cubre, alegoría del episodio en que un ángel, para protegerla de las miradas lascivas y burlonas a las que la exhibió su padre al mostrarla desnuda, le colocó el manto sobre su cuerpo lastimado.

La imagen no posee todos los atributos comunes a su iconografía, como la corona, la palma del martirio y la espada con la que fue decapitada. Símbolos de la Eucaristía y de la fe, la hostia y el cáliz en este caso enfatizan la fuerza redentora de la conversión y la entrega de la vida por un amor incondicional.

El cáliz se asemeja a una copa amplia que según describe la investigadora Rosa Giorgi, es bastante parecida a las píxides [formas cilíndricas o de torre] en que se conservaban las hostias consagradas para administrar a los agonizantes en el siglo XV. De la torrecilla se habría pasado a la píxide, y luego al copón o cáliz, sin tapa, encima del cual planea una hostia. Dicha representación también se vincula con santa Bárbara como patrona de la buena muerte, la que llega de súbito sin gozar de la confesión o de la comunión, de ahí su apelativo de «Mater confessionis» en el amplio culto que se le rinde, sobre todo, en Francia, Italia, España y Alemania.

Para la religión yoruba el homólogo de Bárbara es Xangô, deidad del trueno, el rayo y la justicia. Se trata de la analogía con la fe católica en la que ella se vincula con el rayo que por designio divino fulminó a su padre luego de ejecutarla.

 

Por ende, es protectora contra las tormentas y calamidades naturales que pueden mermar la vida del hombre. De ahí también la devoción especial que a la santa le rinden los artilleros, arcabuceros, cañoneros y todos los que en su oficio manejan explosivos.

Para Meter Stockmeier, el principio de considerar la condición de cristiano como hecho punible nacía de la preocupación por la salud del Estado, sobre todo si se tiene presente que, según la información de Plinio, gran número de personas de toda edad, de toda clase social y de ambos sexos se adhería al cristianismo, poniendo así en grave peligro al viejo orden.

Mártir, testigo de fe, arquetipo de fortaleza y entrega, santa Bárbara abre una nueva ventana de esperanza en un imaginario común. Reza una oración popular: Señor, que diste a santa Bárbara una increíble fortaleza para soportar los mayores ultrajes y tormentos por ser fiel a Ti, te pedimos que, como ella, nosotros seamos fuertes en la adversidad y humildes en la prosperidad para alcanzar como ella la eterna bienaventuranza.


[1] Domenico Gaggini | Santa Bárbara como alegoría de la fe | c 1452 - 1458 | Mármol
[2, 3 y 4] Francesco Laurana, et. al. | Arco triunfal de Alfonso v de Aragón «el Magnánimo» en el Castel Nuovo de Nápoles, Italia (detalles) | c 1452 - 1458 | Mármol | Fotografía: Héctor Palhares

 
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