
JAIME CUADRIELLO |
Son signos artificiosos las letras y son signos
naturales los retratos. Hablan aquellos
por la potestad, que les dio el arbitrio; éstos
por la representación, que tienen en la
semejanza. No hacen falta, pues, los carac-
teres
donde hay imágenes.
ANTONIO DE PAREDES, 1746 |
LA OBRA
Esta colorida lámina de cobre, pintada al óleo con minucia y esmero, es sin duda el más elocuente testimonio visual de la proclamación pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de la Nueva España. El evento tuvo lugar en la Santa Sede, en Roma, en 1754, luego de casi ocho años de sostener, mediante una procuración bien financiada, innumerables diligencias y peticiones, previo visto bueno de la metrópoli y el empeño de la Compañía de Jesús. Su composición abigarrada evoca el momento en que el padre procurador jesuita Juan Francisco López (1696-1773) se presentó ante el solio papal, cual un nuevo Juan Diego tenante, mostrando al pontífice Benedicto XIV la copia de la Imagen que al efecto había realizado, de visu y sin vidriera, el que, a partir de entonces, sería el más celebrado pintor de la Nueva España: Miguel Cabrera. Vemos pender la imagen desde lo alto, desplegada hacia el centro de la composición, y con auxilio de dos ángeles volanderos que figuran un bastidor celestial, allí se enseñorea, con majestad y soberanía, sobre los presentes. Con este recurso visual, muestra a la imagen al modo de manto sagrado, y hace ostensible el origen portentoso de la misma, su estampación en la capa de Juan Diego por manos que no son de este mundo.
Para que no haya duda de que es allí que otorga un reconocimiento canónico y litúrgico a la Imagen del Tepeyac, a sus pies se inscribe el lema: Patrona Novæ Hispanæ. Al mismo tiempo, el padre López, humillado y ataviado con la sotana negra y el talar de los jesuitas, mira de frente al espectador mientras recibe del sucesor de san Pedro el pliego de la bula con el breve Benedictus XIV. Non est equidem.
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Es posible que este episodio de impetración o ruego elevado en audiencia papal haya tenido lugar semanas antes del 24 de abril de 1754, cuando la Sagrada Congregación de los Ritos aprobara el rezo litúrgico y emitiera su decreto que daba respuesta a la solicitud del arzobispo de México y del mitrado de Michoacán. El 25 de mayo de ese mismo año, finalmente, quedó confirmado el patronato por medio del breve apostólico Non est equidem, que además disponía de forma obligatoria solemnizar la fiesta anual del 12 de diciembre en todos los territorios del reino, con asistencia de sus autoridades eclesiásticas y civiles.
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ZODÍACO MARIANO
Zodíaco hace alusión al famoso florilegio dedicado a las vírgenes novohispanas, llamado Zodíaco Mariano, obra de los jesuitas Francisco de Florencia y Juan Antonio de Oviedo, publicado en 1755, un año antes de las fiestas de proclamación novohispanas, una suerte de cartografía mariana del reino, fortificada por las distintas imágenes de la Virgen, entronizadas y veneradas en las casas de los autores criollos para sacralizar y proteger los espacios urbanos. En palabras de Oviedo: Llamóle Zodíaco Mariano porque como el sol en los signos y casas del zodíaco celeste, es en donde junto con sus luces y resplandores envía favorables influjos a beneficio de toda la Tierra, así el Sol de Justicia Cristo en las casas y templos de su Santísima Madre, la cual en todos ellos es signo grande.
Pasaremos revista a cada una de las diez imágenes que circunscriben la escena central, empezando por la parte superior izquierda y siguiendo el orden de las manecillas del reloj. En primer lugar, destacan dos devociones prohijadas por los padres jesuitas desde Italia: la Virgen de Loreto y Nuestra Señora del Refugio. Aparece también la presencia corpórea, de Nuestra Señora de la Misericordia de la ciudad de Panamá, venerada de origen en el pueblo de Santiago de Veraguas, seguida de la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Sin duda, hay que detenerse en el significado que allí reclama la importancia de la Señora de los Remedios de Naucalpan. En tanto protectora de los hechos fundacionales de la Conquista, no sólo es un anuncio de las más portentosas apariciones guadalupanas, sino de la primera predilección de María por tomar para sí la titularidad de este reino.
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En los ángulos inferiores del cuadro aparecen dos devociones prácticamente desconocidas por tratarse de tallas o bultos de coro y clausura: Nuestra Señora de la Misericordia y Nuestra Señora de la Concepción, ambas de devoción profunda para las religiosas capuchinas. Entre ellas, Nuestra Señora de la Luz. No deja de ser curioso que esta imagen, prohibida precisamente por Benedicto XIV a causa de la impropiedad doctrinal de su mensaje iconográfico, esté aquí a los pies del mismo Papa, para ostentar ese enorme poder de redención (que ya no de intercesión) y hacer patente que ella todo lo puede.
La Virgen de Soterraña –devoción originada en Nieva, Segovia, pero que fue adoptada en la cripta de la Basílica de San Vicente de Ávila–, era de la predilección del ayuntamiento. Si Guadalupe guarecía a la ciudad contra las inundaciones y los temblores, la de los Remedios propiciaba las lluvias en épocas de estiaje y la de Soterraña la preservaba contra los rayos y centellas (el catálogo de los desastres más temidos en la urbe). Finalmente la presencia de la Virgen del Carmen, cuyas capillas anexas a los templos conventuales de carmelitas, con los riquísimos camarines transversales a la nave, se reputaban como verdaderos tabernáculos de María Madre de Dios, lugar sagrado de la creación, desde el Antiguo Testamento, Sancta Sanctorum del templo de Salomón y sobre todo Arca del Alianza establecida con el pueblo escogido de Dios y, por ende, anuncio de su Iglesia triunfante.
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[1] Miguel Cabrera, atribuido | La proclamación pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de la Nueva España | c 1756 | Óleo sobre lámina de cobre | 59 x 44.3 cm
[2] y [3] Luis Lasso de la Vega | Nican Mopohua [Hvei tlamahvçoltica omonexiti in ilhvicac tlatoca çihvapilli Santa María Totlaçonantzin] | México, 1649 | Impreso | 20.3 x 15 cm | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO
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