llamaron mi aten- cion; qui/ se tocar uno de ellos y al tomarlo me picó la mano, mi susto fue tal que lo arrojé al suelo horrorisada, lo bolvi á tomar con la pun/ta de mi sombrilla y examinandolo bien com/prendi que aquello debia ser un cilicio; el otro objeto era una disiplina que tenia alguna se/mejanza con la que úsaban mis crueles maes/tras del Hospital de Terceros. ¡Yo úsar esto! Me dije, ¡que capaz! pues si me obligan á darme diariamente una zurra de azotes, salgo de aquí como rata por tirante. Preocupada en estremo con esas reflecciones mandé llamar con úrgen/cia […] á uno de los Sacerdotes que ayudaban al Padre director. “Padre, le dije al acercarme al confesonario, me quiero ir á mi casa ¿“Porqué? me pregunto, porque me tengo que azotar, le dije, eso me da mucho mie/do”, vamos, hija mia, me contestó, quedese usted aqui y no se preocupe por tan poco, pues ninguna obligacion tiene de seguir ese piadoso ejercicio que es solo para las personas que lo quieren ha/cer;” esto me tranquilisó y bolbi á mi celda mas animada. Todas las noches poco antes de la cena se hacia el ejercicio de la disiplina, se decia antes una corta oracion y repentina/mente quedaba aquella sala completamente [a oscuras] y en ese momento entonaban las jovenes del colegio el triste canto de[1] Misere mei Deus secundum mágnum, misericordian tuan 3 . Bien que el padre Pinzon, mi confesor, aprobaba mi matrimonio con Perry, quise saber la opinion de otro sacerdote, y me dirijí al Padre Abolajia di/rector de los Ejercicios; le conté mi caso y le dije que estaba yo alli porque me iba á casar, ¿“es buen cristiano su nobio de usted?” me preguntó “Padre, le dije, es Ingles y protestante”; Pobrecita de usted, hija mía, ¿y como se ha resuelto usted á únirse con un hombre que no es de su religion y con quien siempre vivirá usted desunida por no profesar la misma fé? ¿y sus hijos de usted que seran? Probablemente los mandaran á educar á Ingla/terra y bolveran al lado de usted protestantes”; me hizo estas y otras muchas mas reflecciones que yo le rebati diciendole que eramos tres hermanas huer/fanas y sin fortuna, que estaba yo comprometi/da y que el mundo hablaria sino me casaba. “y á usted ¿Qué le puede importar todo eso si ofrece usted ese olocausto á Dios por conserbar su fé y salvar el alma de su hijos; yo insiti en otras re/flecciones puramente temporales y él acabó su discurso diciendome las mismas pala/bra que la Madre Priora del Convento de Ca/puchinas; deje usted ese hombre por Dios, y el cielo le dara un Catolico que la hara feliz. Del confesonario, corri á un altar adonde estaba una hermosa imagen de la Virgen de los Dolores alli me arrodillé y dije Madre mia, te pro/meto que si el hombre que me pretende por esposa no es catolico, no me caso con él: diariamente me afirmaba mas en esta resolucion, que comuniqué al Padre Abolfia, á su entera satisfaccion. Sali de mis ejercicios despues de nueve dias, habien/do saboreado mi alma positivos consuelos espi/rituales. Al dia siguiente de mi salida fue Perry á visitarme, y sin perder tiempo le comuinique mi resolucion… |
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Despedimos con la aún señorita Concha Lombrado este año y en 2010 los seguidores de su vida podrán seguir con ella los albores del efímero Segundo Imperio Mexicano...
1Ignacio de Loyola autor de Los Ejercicios espirituales, los explica: Por este nombre se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de razonar, de contemplar; todo modo de preparar y disponer el alma, para quitar todas las afecciones desordenadas (apegos, egoísmos,...) con el fin de buscar y hallar la voluntad divina.
2Rama jesuita que amén de los preceptos de san Iganacio de Loyola, los de Felipe Neri.
3Miserere Mei, Deus o Ten piedad de mí, Oh Señor es la meditación más profunda sobre la culpa y la gracia. La tradición judía ha puesto el Salmo 50 en labios de David, quien fue invitado a hacer penitencia por las palabras severas del profeta Natán (cf. versículos 1-2; Samuel 11-12), que le reprochaba el adulterio cometido con Betsabé y el asesinato de su marido Urías. Gregorio Allegri (1582-1652), sacerdote, músico, cantante y compositor italiano musicalizó la oración hacia 1638 bajo el papado de Urbano viii. La obra es interpretada de forma regular, exclusivamente en los maitines celebrados en la Capilla Sixtina el miércoles y viernes de Semana Santa. Está escrita para dos coros, uno de cuatro voces y otro de cinco. Uno de los coros canta una versión simple del tema original y el otro coro, a cierta distancia, canta un comentario más elaborado. Es uno de los mejores ejemplos del estilo polifónico del Renacimiento, llamado en el siglo xvii stile antico o prima prattica, y denota las influencias de la escuela romana que guiaba el afamado Palestrina. En un principio, se impuso una prohibición de ejecutar la obra fuera de la Capilla Sixtina, e incluso se amenazaba con la excomunión a quien la copiara. A pesar de ello se difundieron algunas copias. El Emperador Leopoldo i de Austria solicitó y obtuvo una, que conservó en la Biblioteca Imperial de Viena. Sin embargo, cuando la hizo ejecutar pensó que había sido engañado. El entonces maestro de capilla del Vaticano, tuvo que trasladarse a Viena para explicar las técnicas de ejecución y las improvisaciones. llamadas abbellimenti que nunca eran escritos, porque según los maestros de capilla no podían reflejarse en el papel y de éste modo garantizaban su permanencia. El Padre Giovanni Battista Martini (1706-1784) poseía otra copia. En 1770, Wolfgang Amadeus Mozart con tan sólo 14 años, luego de escucharla sólo una vez, transcribió la obra de memoria, para luego hacerle correcciones menores en una segunda ocasión. Este hecho le granjeó a Mozart ser Caballero de la Orden de la Espuela de Oro. Hacia 1771, el Dr. Charles Burney, luego de un viaje a Italia, publicó en Londres una versión de la obra, basada posiblemente en la copia de Martini, la de Mozart y, quizás, una copia obtenida de la propia Capilla Sixtina.
Memorias manuscritas de Concepción Lombardo de Miramón, “Capítulo III °: Mi juventud, quienes fueron mis verdaderos maestros. Tenancingo, Querétaro, vuelta á México”, Fondo DCCCII-2, t. 1, 1859-1917. Colección del Centro de Estudios de Historia de México CARSO.
La paleografía es autoría de quien escribió este artículo; es literal y respeta la ortografía del documento primario. Las abreviaturas se han desatado y para indicarlas se han subrayado. Las diagonales indican cambio de renglón.
[1] Anónimo novohispano | Sor María Josefa de la Natividad | Siglo XVIII | Óleo sobre lienzo 44.3 x 29 cm
[2] Trabajo novohispáno | Azote | Primera mitad del siglo XIX| Lámina y alambre de hierro calado| 60.4 x 9.7 cm |