
Como parte de la tradición del llamado Grand Tour entre los artistas y viajeros europeos, quienes buscaron la inspiración en la magnificencia del paisaje y las ruinas arqueológicas romanas, entre 1825 y 1828 Corot realizó el primero de sus tres viajes a Italia.
Por aquella época los grandes cánones en la pintura eran el dibujo preciso, los temas históricos, la copia fiel y la observación científica del entorno, cultivados por los maestros Jacques-Louis David (1748-1825) y Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867).
Hacia 1830 –luego de la Revolución de Julio que retiró al último Borbón del trono francés, Carlos X – muchos artistas salieron de París rumbo a Normandía y Bretaña. Entre ellos estaba Camille Corot, quien comenzó una trashumancia que lo llevaría a pasar largas temporadas en la casa que su padre había comprado en Ville-d’Avray, en los alrededores del bosque de Fontainebleau. La seducción de la pintura al aire libre promovida por los maestros de Barbizon –entre los que se encontraban Millet, Díaz de la Peña, Rousseau, Daubigny, Troyon y Dupré–, atrapó la atención de Corot y lo llevó hacia un registro del paisaje bajo nuevas influencias tonales y lumínicas, preámbulo de las búsquedas que más tarde emprendería el impresionismo francés.
Fontainebleau representó para el artista la posibilidad de pintar mediante un empaste impregnado de humedad, junto con los registros de la naturaleza como fuente de toda inspiración. El maestro solía decir: […] buscad ante todo la forma; luego, los valores o relaciones de tonos, el color y la ejecución; y todo ello sometido al sentimiento que hayáis experimentado.
|
|
Con una buena acogida de su pintura en el gusto francés, Corot recibió el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor en 1848. La presentación de Una mañana, danza de las ninfas (1850), obra de impecable movimiento y empleo cromático, inauguraba un episodio en la historia de la pintura europea.
Su trabajo continuó incesante en las décadas de los cincuenta y los sesenta, alcanzando –como suscribe René Huyghe– un total de casi tres mil pinturas en el género de paisaje.
En 1874 cuando Monet, Renoir y Sisley, entre otros, exhibían ante el público parisino sus cuadros impresionistas en el taller de Charles Gleyre, el maestro quedó postrado en cama por el desarrollo de un fuerte tumor estomacal. Luego de una lenta agonía, murió en París el 22 de febrero de 1875.
EL PAISAJE
Sobre un lienzo fino, ligeramente teñido,
[Corot] dibujaba con lápiz blanco. Luego, utilizando
unos pocos colores básicos, establecía el “efecto”
del cuadro mediante un claroscuro de tierras,
ocre, negro y blanco, señalando a continuación
la sombra más pronunciada y la luz más viva.
GUSTAVE COLIN,
pintor y escritor francés
Con círculos y cuadrados Camille Corot solía marcar –sobre sus apuntes tomados en plein air– las zonas de mayor luminosidad y oscuridad de un determinado paisaje, para luego traducirlas en el óleo dentro del taller. Él mismo confirmó la relación estrecha entre el estudio al aire libre y el paisaje de taller: el estudio debe llevar inevitablemente a un paisaje de taller, pero éste puede de hecho pasar al estudio, gracias al trabajo de la memoria, señala el investigador Vicent Pomarède.
De la colección de paisaje francés del siglo XIX en Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim destacan ocho lienzos de Camille Corot que dan cuenta de su trabajo preciso de investigación
lumínica y tonal, así como de los grandes temas cultivados por él a lo largo de cuatro décadas. |