

ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
Yo prefiero, por mi parte, una posición que ofrece actividad y
deberes, aun dificultades si queréis, a contemplar el mar des-
de una roca hasta los setenta años.
CARLOTA A LA CONDESA D'HULST, 1864 |
EN EL PALACIO DE MIRAMAR, cerca de Trieste, á los 10 dias del mes del abril de 1864; estando en la sala de recepcion Su Alteza Imperial y Real el Señor Archiduque Maximiliano de Austria y su augusta esposa Su Alteza Imperial y Real la Señora Archiduquesa Carlota […] Fernando Pardo, prefecto político dirigió al archiduque la locución siguiente: […] cábenos la dicha de informaros, á nombre de la Regencia del Imperio, que el voto de los Notables –por el cual habiais sido designado para la corona de México– ratificado hoy por la adhesion entusiasta de la inmensa mayoría del pais, de las autoridades municipales y de las corporaciones populares, consagrando aquella unánime proclamacion –ha llegado á ser– ya por su importancia moral, ya por su valor numérico, un voto verdaderamente nacional.
Así comienza este documento firmado por don Fernando Pardo, prefecto político de Puebla y por su Secretario General Manuel Marchena que conserva el Centro de Estudios de Historia de México CARSO en su fondo Segundo Imperio Mexicano.
La presentación del voto nacional a Maximiliano se dio a conocer el 19 de mayo de 1864. |
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Tan sólo seis días después se proclamó este bando en Puebla con la siguiente consigna: se imprima, publique por bando nacional y circule á quienes corresponda para su cumplimiento.
El 22 de enero de 1862 firmaron Maximiliano y Juan Nepomuceno Almonte –hijo ilegítimo del prócer María Morelos y Pavón, entonces ex ministro de Relaciones Exteriores– los doce primeros puntos de los Convenio de Miramar, mismos que también pueden ser consultados en el archivo CARSO. Los artículos restantes y la aceptación final al trono se concretaron el 10 abril del 64 en la habitación italiana de Carlota Amalia de Bélgica.
El 3 de octubre de 1863 la nutrida delegación mexicana arribó al Castillo de Miramar y permaneció en tierras italianas hasta el 14 de abril de 1864. Durante este periodo Maximiliano requirió la documentación necesaria que avalara que todos los partidos mexicanos sin importar su ideología, vieran con beneplácito la instauración de una monarquía imperial. |

Hoy sabemos que en Italia y en Francia se falsificaron los testimonios de liberales y conservadores que José María Gutiérrez de Estrada mostró en el gabinete de Maximiliano.
Este bando nacional por el cual todos los mexicanos conocieron que un austriaco los gobernaba, también hacía referencia a la emperatriz Carlota: Una Princesa, que no menos que por sus gracias promete, es ya reina por sus virtudes y por su elevada inteligencia, sabrá sin duda, desde lo alto del trono, atraer todos los ánimos á la mas perfecta union para el culto comun de la patria.
Los detractores del impero, liberales e incluso algunos conservadores, comenzaron una encarnizada lucha desde el arribo de los monarcas. En contraste el bando concluye diciendo:
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FERNANDO MAXIMILIANO JOSÉ DE HABSBURGO, ARCHIDUQUE DE AUSTRIA-HUNGRÍA, PRÍNCIPE DE HUNGRÍA Y PRÍNCIPE DE LORENA, GOBERNADOR DE LOMBARDO-VÉNETO Y EMPERADOR DE MÉXICO.
(VIENA, AUSTRIA, 1832 – QUERÉTARO, MÉXICO, 1867) |
Hijo de Francisco Carlos y Sofía de Wittelsbach, aunque no fue un buen estratega, era un apasionado de las artes militares, la navegación y la lectura. Desde muy temprana edad, su vida transcurrió entre viajes por Europa y Sudamérica. Siempre a la sombra de su hermano mayor, el emperador Francisco José, nunca despuntó en la vida política europea, lo cual le permitió estar en contacto con las ideas liberales de la generación posnapoléonica que tanto rechazaban las monarquías absolutas. Como regalo de bodas con la princesa belga Carlota, le fue otorgado el gobierno de las provincias del norte italiano, entonces dominadas por el Imperio austro-húngaro. Avecindado en el Castillo de Miramar en Trieste frente a las costas del Adriático, Maximiliano cultivó la botánica y la entomología. El joven matrimonio abandonó este sitio en abril de 1864 luego de aceptar la corona mexicana. Su mejor biógrafo Egon Caesar Conte Corti en su libro Maximiliano y Carlota apuntó: El telón se levantaba, el drama podía empezar. |
Por este título glorioso, y apoyados en las promesas del tres de octubre de mil ochocientos sesenta y tres, que han hecho nacer en el pais tan fundadas esperanzas, nos presentamos ahora á solicitar de Vuestra Alteza Imperial, la aceptacion plena y definitiva del trono mexicano, el cual vendrá á hacer, Señor, un principio de unión y un manantial de prosperidades para aquel pueblo, sujeto por tantos años, á bien rudas y dolorosas pruebas […] cuando esta historia no nos habia mostrado en los europeos, hasta el dia de hoy, mas que dominadores.
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Hacia 1861 el presidente don Benito Juárez había suspendido el pago de la deuda externa para privilegiar las reformas que su gobierno necesitaba en materia de educación, urbanismo, transportes y desarrollo comercial. El hecho, como refiere el investigador Héctor Palhares, le dio a Napoleón III, uno de sus principales acreedores, la justificación para promover la invasión militar a nuestro país, que por un lado resultaba de su apremiante necesidad de materias primas, al tiempo que hacía frente al entonces nuevo imperio estadounidense.
Debido al desenlace del Segundo Imperio Mexicano, la cláusula adicional secreta que firmó en Viena, Francisco José el 31 de marzo de 1864, nunca se llevó acabo:
Su majestad el emperador, por amor fraternal promete, para el caso en que el archiduque Max renunciase voluntariamente al trono de México o lo perdiese, dejar a su ruego, sin fuerza el pacto que hoy firma y restablecer al archiduque y a sus hijos en el caso en que los mismos tuviesen que abandonar su posición en México, el restablecimiento en todos los derechos correspondientes a los archiduques austriacos.
La ejemplaridad de Juárez anuncia una necesidad patriótica. Es Benito Juárez la construcción del Estado Nacional, apunta Carlos Monsiváis, y la muerte de Maximiliano en el Cerro de las Campanas, la internacionalidad del hoy Benemérito de las Américas. ¡Viva la década!, voz popular de éxito que se escuchaba por toda Austria, hoy tiene una doble lectura, al ser la década de los 60 del siglo XIX, en palabras de Ignacio Sosa, el fin del colonialismo europeo en nuestro continente y la exaltación del héroe individual y colectivo.
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[1,3 y 4] Fernando Pardo, prefecto político de Puebla |Manuel Marchena, secretario general Presentación del voto nacional a Maximiliano |19 de mayo de 1864 | Col. Centro de Estudios de Historia de México CARSO |Fondo Segundo Imperio Mexicano
[2] Charlet & Jacotin Photographie|Retrato de Maximiliano de Habsburgo |c 1860| Albúmina iluminada con temple |8.8 x 5.4 cm
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