EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

La mentalidad de la época, las condiciones sociales, los avances tecnológicos y el talento de promotores y diseñadores han hecho del negocio de la moda uno de los más dinámicos e interesantes.

Describe el sociólogo francés Gilles Lipovetsky, durante el siglo XIX la democratización del vestido y el comercio de la indumentaria seguían una estructura piramidal: las casas de alta costura eran las emisoras de novedades, los almacenes y los sastres repetían los patrones en boga y lo hacían a costos más accesibles hasta llegar a la población de menor poder adquisitivo. Esto daría pie a escenas como las que narró el escritor Émile Zola en El paraíso de las damas (1883):

[…] la señora Guibal se paseaba por los almacenes durante horas, sin gastar nunca un céntimo, feliz y satisfecha de poder regalarse la vista; la señora De Boves, siempre corta de dinero, padecía continuamente los tormentos de un deseo devorador y sentía rencor hacia las mercancías que no podía llevarse; la señora Bourdelais, con su fino olfato de burguesa sensata y práctica, iba derecha a las gangas y, gracias a su maña de buena ama de casa libre de pasiones febriles, daba a los grandes almacenes un sabio uso que le ahorraba mucho dinero […].

UN NUEVO ESPACIO PARA LA MODA

Hasta mediados del siglo XIX, en la confección del vestido participaban el modista y el cliente; este último adquiría sus telas y accesorios en establecimientos que eran llamados cajones de ropa debido a que la mercancía se exponía en los contenedores que las transportaban. Desde el siglo XVI hasta 1843 en la Ciudad de México, El Parián – en las calles de Diputación y Portal de Mercaderes frente a Catedral – tuvo 130 cajones, ocupados en su mayoría por comerciantes chinos.




Recibió su nombre por su semejanza con el barrio de Manila en Filipinas. El padre del escritor mexicano Guillermo Prieto (1818-1897) fue dueño de uno: En un tiempo, los parianistas constituían la flor y nata de la sociedad mercantil de México, y los amos y los dependientes daban el tono de la riqueza, de la influencia y de las finas maneras de la gente culta.

El otro gran mercado de la ciudad fue El Volador, en las calles de Universidad y Porta Coelli, también en el Centro Histórico capitalino. Hacia 1843 cuando Antonio López de Santa Anna (1794-1876) mandó demoler El Parián, cajones, modistas y luego grandes almacenes establecieron sus locales en otro sector. Manuel Rivera Cambas (1840-1917) apunto: Los comerciantes empezaron a colocar sus tiendas en las calles de Plateros, de Monterillas y Flamencos, adornándolas con el gusto y el lujo que las antiguas no tenían. En Monterilla (hoy 5 de febrero) estaban Al Puerto de Veracruz y El Palacio de Hierro, en Plateros (hoy Madero), Sorpresa y Primavera Unidas, la Casa de J. Balme y Compañía, en Empedradillo (hoy Monte de Piedad), Reynaud y Cía., El Puerto de Liverpool en San Bernardo y Callejuela.


LOS BARCELONNETTES EN MÉXICO

Entre 1840 y 1930 nuestro país recibió una migración, en su mayoría de hombres, del valle de Barcelonnette, Ubaye, al sur de Francia, quienes se asentaron en la capital, en Guadalajara, Puebla de los Ángeles, Zacatecas, Toluca y en las principales ciudades, en las que dominaron el negocio cuyo giro fueron «vestidos y novedades» del país e importados. El éxodo fue propiciado por la necesidad de buscar nuevos mercados y establecerse en países dónde no se perdiera el modo de vida tradicional de esta comunidad gala, vinieron a México a formar la nueva barcelonnette.

El éxito de este grupo en nuestro país se debió a tres sucesos históricos: la expulsión de los peninsulares (1827) después de la guerra de Independencia (1810-1821), la Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865) y la Intervención francesa y el Segundo Imperio Mexicano (1862-1867).

Las empresas abandonadas por los españoles fueron rescatadas por los inmigrantes, quienes tenían el apoyo del gobierno    de    Maximiliano   que   a  su  vez

obtenía rebajas del algodón de los Estados Confederados de América e importaciones de Francia.

Su presencia en nuestro país fue tan grande que a principios del siglo XX el 90% de las empresas vinculadas al sector textil eran de su propiedad, como El Fénix, donde se comercializó y fue adquirido el vestido de novia de Museo Soumaya. Existían en ese tiempo 257 establecimientos franceses y el 83.2% fueron barcelonnettes.

CAPITAL COSMOPOLITA

Hacia 1863, apunta Marcos Suberville Tron, cuatro casas abrieron oficinas de compra en Europa. Joseph Ollivier, dueño del almacén La Ciudad de Londres, importaba telas y accesorios de sus oficinas en París y Manchester. Fue el primero en fusionar dos casas para tener espacio de circulación para su clientela aunque sostuvo el mostrador tradicional. Otras de las innovaciones de estos comerciantes galos fue transformar las puertas en escaparates y afrancesar los edificios.

La modernización de los almacenes se llevó también a la arquitectura con la construcción entre 1888 y 1891 del edificio de El Palacio de Hierro en el estilo Chicago de entonces novedosa estructura de acero. En 1909, Alexandre Reynaud de Las Fábricas Universales contrató arquitectos para dar una presencia vanguardista a la tienda, dotándola de un torreón o vidrieras al estilo de los grandes almacenes parisinos, apunta Marcos Suberville Tron.

De acuerdo con el modelo de Au bon Marché (El Barato), las grandes tiendas galas expendían prendas listas para usarse, telas, confecciones a la medida y por departamento. Los atuendos comenzaron a exhibirse en maniquíes y los clientes circulaban por el lugar.



La sociedad mexicana vistió prendas de almacenes y firmas de modistas de México y el extranjero: La Gran Sedería, (Monterilla 3 y 4, Ciudad de México), Julio Albert y Cía. (Sucursal Ciudad de México), Las Palomas, Almacén de Peletería y Calzado (Bajos de Porto Coelli, Ciudad de México), La Polonesa (Jalapa, Veracruz). Vestidos a la moda provinieron de Robes & Manteux, Mademoiselle Lelu (París) o Mademoiselle de Latour Robes (Nueva York). Los caballeros mexicanos adquirieron trajes en prestigiosos almacenes norteamericanos como The Man´s Store en Laredo, Texas, o Saks en Nueva York.

En 1902, se abrió la primera tienda de ropa llamada Saks & Co. en Washington, D.C., Fifth Avenue fue agregado en 1924 cuando el almacén abrió la famosa casa en la calle de Manhattan.

COMPRAS A DISTANCIA

El éxito de las ventas por correo que la sociedad entre Richard W. Sears y Alvah C. Roebuck tuvo en 1887 los llevó a ampliar el negocio. En 1895 se editó el primer catálogo general. Aunque en sus inicios la empresa tuvo como clientela principal a los hacendados y campesinos, esta situación se modificó dado que hacia 1920 las metrópolis reunieron una mayor población que los entornos rurales.

En nuestro país fue creciente el número de catálogos, sobre todo después de la Revolución Mexicana.

En 1916 la etiqueta dictaba el uso del vestido blanco para la boda. En ese año todas las tiendas estuvieron cerradas y la señorita Bertha Rodríguez Marquett encargó su traje por catálogo, y también un bastón de ébano para su padre.

En 1947 después de la Segunda Guerra Mundial, Sears abrirá en México su segundo almacén fuera de la Unión Americana.

La moda, proceso social derivado de la modernidad, también fue inspiración para el arte; así describió Zola en el libro mencionado la diversidad, el lujo y el color de los grandes almacenes: Pero el escaparate que más les llamó la atención fue el último, donde florecía una exhibición de sedas, rasos y terciopelos que armonizaba en una gama ágil […]: bajo el negro intenso y el blanco de leche cuajada […] destacaban los quebrados pliegues de los rasos rosa y azules, que iban palideciendo hasta alcanzar una infinita ternura.


[1]Confección de Casa Stuart comercializada por Julio Albert y Cía. |Conjunto de calle |c 1894-1895|Chaqueta, corpiño y falda de jacquardde chiné de seda| 156.5 x 30 (cintura) cm
[2y 3]Confección anónima comercializada por Saks Fifth Avenue Traje de gala de tres piezas|c 1940|Saco, chaleco y pantalón de casimir. Forro de satén|Camisa y chaleco| c 1920-1930|Algodón|Pajarita|c 1930|Seda bordada|Col. Particular

[4] Confección francesa comercializada por el Almacén El Palacio de Hierro de la Ciudad de México|Vestido de baile estilo Revival  Imperio.
c 1910 |Tul industrial de hilo de plata rebordado con chaquira de cristal. Bisutería, perlas de papelillo, chaquira y canutillo de cristal. Bandas de raso de seda |168 cm x 34 (cintura alta) cm. Peso: 4 kg
[5] Confección francesa comercializada por el Almacén El Fénix Julio Albert & Compañía de la Ciudad de México|Vestido de novia (detalle)|c 1881 |Raso y gasa de seda. Azahares de metal forrada con papel, cera blanca y tafetán color verde|138 x 24 (cintura) + 220 cm de cauda

Regresar