

ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
Nació en la ciudad de Utrech, en los Países Bajos, pero Jacob Marrell vivió sus últimos años en Fráncfort del Meno, hoy Alemania. Si bien, su obra tiene el carácter flamenco y reúne la cosmovisión del norte de Europa, también suele estudiársele dentro de la Escuela germana.
Alumno del bodegonista George Flegel y del español Juan Davidz van der Heem, Marrell fue desde su tiempo ampliamente elogiado por las pinturas de flores. Su maestro van der Heem o Hamen, entre 1620 y 1630, fue el más importante bodegonista de la corte española, y a su muerte Marrell heredó una clientela aristocrática que lo convirtió en uno de los más destacados maestros del arte de la alacena.
Su obra rompe con las simetrías de las composiciones donde conviven los objetos en atmósferas austeras e indeterminadas. Sencillez y modernidad artística se unen en este magnífico ejemplo de las vanitas que se desarrollaron en Europa a lo largo del siglo XVII. El nombre y el concepto derivan de vanitas vanitatum et omnia vanitas, es decir, ¡Vanidad de vanidades y todo vanidad! (Vulgata, Eclesiastés, 1, 2).
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El discurso moral y la carga simbólica de estas pinturas eran referentes para los espectadores. Aluden a la brevedad de la vida, que aquí se sugiere por objetos como un reloj de media cebolla –el tiempo que corre–. Marca las seis de la tarde, crepúsculo que vaticina el fin de la jornada. Las flores abiertas, espléndidas, no tardarán en secarse. Un tulipán corona el ramo, clara referencia a la supremacía flamenca sobre los demás gobiernos europeos.
PALABRAS DEL PREDICADOR, HIJO DE DAVID, REY DE JERUSALÉN |
Vanidad de vanidades, dijo el predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. […] Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Y sale el sol, y se pone el sol, y con deseo retorna a su lugar donde vuelve a nacer. […] Nada hay nuevo debajo del sol. […] No hay memoria de los primeros, ni tampoco de los postreros, habrá memoria en los que serán después. […] Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse. Hablé yo con mi corazón, diciendo: […] mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia […] y las locuras y los desvaríos, conocí al fin que aún esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha tristeza; y quien añade ciencia, añade dolor. |
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De origen persa, es la flor más difundida en los Países Bajos, que hacia el siglo XVII, ya contaba con más de ciento cincuenta variedades. La de puntas malva y cuerpo amarillo blancuzco que retrató Marrell, era una de las más raras y costosas especies, sólo superada por el tulipán azul celeste.
Debido al tratamiento de formas y colores, el investigador Fred G. Meijer cataloga esta obra hacia 1660, la etapa madura del artista. Es en torno a este año que Ámsterdam fundó, debido al gran comercio de flores, una bolsa especializada donde era posible apostar por los colores de los nuevos bulbos. La fiebre del tulipán –apunta Lucia Impelluso– acabó convirtiéndose en una verdadera manía, hasta el punto de que, cuando en 1637, se produjo una caída de precios, ni siquiera la intervención directa de los Estados Generales [Francia] consiguió hacer frente a la emergencia.
En este lienzo, el íride amarillo junto con la rosa rosada son símbolos de María; ambas flores se abren en plenitud frente a Cristo, representado por un clavel rojo, emblema de los clavos y su entrega salvadora.
Debajo de todas ellas, la blanquecina camelia alude a las ideas paganas importadas del Oriente. La llamada rosa del Japón fue introducida en la Europa continental del siglo XVI y representaba el exotismo que el sobrio gusto flamenco quería minimizar.
El cráneo, pletórico de significados, muestra de nuevo la fugacidad de los placeres y el inminente final. Tras él, acaso una fruta podrida, quizá un membrillo, regalo de Venus, que alude a la pasión amorosa que se acaba. Así, una vela casi extinta refiere a la muerte y al desdén hacia lo mundano, como el dinero en monedas de oro y plata aventadas sobre la mesa. El reflejo de una burguesía austera y una ética del trabajo como fuerza del hombre, le dan a este lienzo un serio carácter flamenco. |
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El libro del conocimiento está abierto: en él aparecen en alemán los nombres: Salomón, Creso, Helena, Alejandro Magno, Sansón y tal vez Cleopatra; es decir, ni la sabiduría, la riqueza, la belleza, el poder, la fuerza o la ambición logran salir invictos de la batalla final con la muerte. La otra página permanece en blanco para que el espectador escriba sus anhelos, que también perecerán.
Señala Jacob Marrell, sólo podemos asirnos a la fe, aquí representada por un bello crucifijo que se opone al catolicismo –de acuerdo con los estudios de Umberto Ecco o Fluvio Vanglio–. Un listón azul, la vara rota y la coronilla o flor rojiza inventada por los artistas flamencos del siglo XVI representan la decadencia de las monarquías católicas española y francesa, que se alejaban de los principios de austeridad que llevó Jesús, ante la ostentosa manifestación del Barroco.
Los sentidos nos engañan, sentencia además el pintor: las flores son al olfato –la vanidad–, como la llama a la vista –la ira–, el sonido de las monedas al oído –la avaricia–, las espigas de trigo trozadas y secas refieren al gusto –la gula– al tiempo que el satén del lazo, al tacto –la lujuria–. Completan los pecados capitales, los reflejos del medallón del reloj, la envidia; y el libro, la soberbia.
Este mensaje interior al que nos arroja Jacob Marrell, nos enfrenta al ineludible destino. El género de vanitas, lo vacío, lo fugaz, lo efímero, fue consecuencia –apunta Matide Battistini– de la precariedad que aquejó al continente europeo después de la guerra de los Treinta Años y de la extensión de las epidemias de la peste.
La obra del Soumaya adquirida en 1992 es cercana a la que conserva de 1637 el museo de Karlsrhue cerca de la frontera alemana con Francia; en aquella el maestro ocupó frutos e insectos para hacer énfasis en la vulnerabilidad. |

| SALOMÓN |
Llamado también Jedidías en el Antiguo Testamento, fue el tercer y último rey Israel. Construyó el Templo de Jerusalén y fue célebre por su sabiduría, riqueza y poder. Se le atribuye la autoría del Cantar de los Cantares, así como del libro de los Proverbios. |
| CRESO |
Último rey de Lidia, de la dinastía Mermnada. Su reinado estuvo marcado por los placeres, la guerra y las artes.
Con excepción Último rey de Lidia, de la dinastía Mermnada. Su reinado estuvo marcado por los placeres, la guerra y las artes.de Mileto, sometió a todas las ciudades griegas de la Anatolia. Debido a la gran riqueza y prosperidad de su país, se decía que era el hombre más rico sobre la tierra. |
| HELENA |
Helena de Troya o de Esparta es
un personaje de la mitología griega.
Considerada hija de Zeus fue pretendida
por muchos héroes debido a su gran belleza;
seducida o raptada por Paris,
príncipe de Troya, por ella se originó la famosa guerra. |
| ALEJANDRO MAGNO |
Fue rey de Macedonia desde 336 a.C. hasta su muerte en 323 a.C. Es considerado uno de los líderes militares más importantes de la historia, debido a que conquistó los imperios aqueménida y persa, incluyendo Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto, Bactriana y Mesopotamia. Extendió las fronteras de su propio imperio hasta la región del Punjab. Tenía planes de ir hacia el oeste y conquistar Europa. |
| SANSÓN |
Su nombre significa “del Sol” o “el que sirve a Dios” es uno de los últimos jueces de los Hijos de Israel mencionados en el Antiguo Testamento. Se caracterizó por una extraordinaria fuerza para combatir a sus enemigos y llevar a cabo actos heroicos: luchar contra un león, acabar con todo un ejército con sólo una mandíbula de burro, o derribar un edificio. Representa la lucha de su pueblo contra la ocupación filistea. |
| CLEOPATRA |
Cleopatra Filopater Nea Thea, fue la última reina
del Antiguo Egipto de la dinastía Ptolemaica y la
última soberana del periodo helenístico de Egipto.
Cleopatra VII recuperó el trono luego de las luchas
civiles de Roma, y debido a la intervención de Julio César, reestableció la hegemonía de Egipto en el
Mediterráneo oriental como aliada de Roma. Tras la muerte de César, Cleopatra sedujo al cónsul Marco
Antonio y juntos impusieron su fuerza en Oriente. |
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