GABRIELA HUERTA TAMAYO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

Calendario de las Señoritas Megicanas, Semanario de las Señoritas Mejicanas y El Álbum de la Mujer, del acervo de la biblioteca del Centro de Estudios de Historia de México CARSO, son sólo algunos ejemplos de la prensa dedicada especialmente a mujeres que nació en nuestro país en el siglo XIX. Estas revistas dan cuenta de una mayor participación femenina que dejó de conformar un pequeño grupo lector para volverse periodistas y escritoras: un acontecimiento que tuvo lugar cuando su educación se limitaba a las tareas domésticas y no se aceptaba que, al igual que los hombres, pudieran hacer públicas sus opiniones, poesías, discursos...

Desde el virreinato, casi exclusivamente los conventos y las familias ligadas a las elites criollas favorecieron que las mujeres aprendieran a leer y escribir, actividades que contribuyeron a crear un medio letrado: la redacción de cartas, diarios, o crónicas conventuales; la lectura individual –o en voz alta- en las salas comunes de costura; la memorización y recitación de poemas en las tertulias, el aprendizaje de un idioma diferente al propio, o bien del oficio de la tipografía y la encuadernación, de acuerdo con la historiadora Lucrecia Infante Vargas, en su reciente artículo «De la escritura personal a la redacción de revistas femeninas», de la revista Relaciones 113. Su ingreso en el medio periodístico también fue gradual: de 1805 a 1838, se tratará de cartas publicadas en diarios; una segunda fase abre con la primera edición dedicada a las lectoras: el Calendario para las Señoritas Megicanas (1838-1843) de Mariano Galván. La tercera parte de 1870 a la primera década del siglo XX; se caracteriza por la mayor actividad de mujeres en escribir, traducir y dirigir revistas para damas.
 

Se considera que una primera rúbrica femenina fue bajo el seudónimo La Currutaca Juiciosa en el Diario de México (1805-1817), el 19 de mayo de 1806. En 1814, aparecerían también las misivas de Conchita Pimiento (acaso otro sobrenombre) que relataba su afición a leer. Este diario tendría como temas, según reseña Infante Vargas: la defensa de las preferencias establecidas por las mujeres en diversos ámbitos –desde la moda y el teatro hasta la lectura o escritura de poemas–; el enojo hacia la opinión de los varones sobre la pobreza del intelecto femenino; y el deseo de acceder a niveles de educación superior. En el mismo tenor, en 1821, El Federalista Mexicano publicaría una misiva de la correspondencia de Leona Vicario a Lucas Alamán increpándole a éste que no sólo el amor es móvil de las acciones de las mujeres: que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños […] 1.


1 Citado por Patricia Galeana, en <<Lecciones de las mujeres de México del siglo XIX y asignaturas pendientes>> , en Mujeres, Derechos y Sociedad, enero del 2007, Año 3, no. 5, p. 5 [http://www.mdemujer.org.mx/femu/revista/ 0305 /0305art04/art04pdf.pdf]




Publicaciones de diferente orientación atendieron al público femenino, como El Águila Mexicana (1823-1827), fundada por Germán Nicolás Prissette, que incorporó temas de moda y poesía, y La Orquesta (1861-1877), de caricatura política, que ofrecía para el bello sexo desde su primer año, figurines de moda cada tres meses.

La prensa femenina entre los años cuarenta y setenta fue dirigida y escrita por varones. La primera revista dedicada especialmente a las mujeres fue el Calendario de las Señoritas Megicanas, de Mariano Galván Rivera (1791-1876), que apareció en 1838 cuando se establecían los primeros talleres de litografía en el país. Formado en la era de la Independencia, el entonces librero fundó el suyo en 1826 y desde entonces publicó el afamado Calendario Galván. Obras religiosos, la tercera edición del Periquillo samiento y gacetas políticas liberales se imprimieron en su editorial. De 1841, en el artículo sin firma «Influencia de la educación sobre la felicidad del bello sexo» se decía:

 



En su actual posición social, en la nueva era que ha comenzado para el bello sexo megicano, es preciso que contribuya á la regeneración social de este pais que se ha lanzado de nuevo a la carrera de las luces y de la civilización. Llamado á participar de la libertad y de la felicidad del hombre, lo está también al progreso de su inteligencia. Con una educación sólida, una instrucción sabiamente dirigida, una religión dulce, unas costumbres morigeradas, elevarán á las señoritas megicanas al punto en que deben colocarse las esposas, las madres y las hijas de los que libres é independientes, sabrán disfrutar de las ventajas que deben proporcionarles estas cualidades, desde el momento en que se persuadan seriamente de la necesidad de la educación, y tan luego den principio á ella, cultivando la del bello sexo, cuya influencia en su felicidad he procurado indicar ligeramente
.

Similar escenario dibujaba también el Semanario de las Señoritas Mejicanas de Vicente García Torres (1811-1894). El editor, más conocido como el fundador de El Monitor Republicano y El Siglo XIX, sufrió censura, persecución y destierro a mediados del siglo; destacó como otros liberales por la independencia de su pensamiento que criticaba incluso a los gobiernos republicanos. En la «Introducción» apelaba a los hombres:

Si nada hay, pues, más importante á la felicidad de una nacion que la ilustracion de esa bella mitad del género humano […] deben propender todos los hombres pensadores y todos los amigos de la felicidad verdadera de su patria. Y sobre esta empresa educativa señalan: Tan grandiosa y halgüeña perspectiva ha animado á los redactores de este periódico, no obstante la persuacion en que se hallan de su insuficiencia, á contribuir con una piedra al menos para la construccion del edificio de la ilustración del sexo débil. Y subraya la novedad de esta publicación que es seguramente el primer ensayo que en su línea se haya hecho hasta ahora en México.


En 1870 tuvo lugar la aparición de la primera revista dirigida por una mujer: La Siempreviva. La poetisa, maestra y sufragista Rita Zetina de Gutiérrez (1846-908) fundó esta publicación en Mérida, Yucatán, REDACTADA EXCLUSIVAMENTE POR SEÑORAS Y SEÑORITAS , según se lee al pie del nombre de la gaceta, en la que tuvieron lugar sobre todo poemas, en su modalidad de «amistades», con los cuales unas se regalaban a otras versos, o extraídos de sus álbumes personales donde escribían sus propias líneas o copiaban o traducían las de otros, y breves artículos y discursos sobre la instrucción y naturaleza femenina. Contó con el apoyo de la Imprenta del Gobierno de Yucatán, a cargo de Manuel Heredia Argüelles. Con esta publicación y El Recreo del Hogar (1879), editada en Colima por Cristina Farfán de García Montero, también poetisa yucateca, son los inicios de la prensa femenina dirigida por mujeres.

En este caso estará también El Álbum de la Mujer. Educación científica, moral y literaria del bello sexo (1883-1890), que circulaba en la Ciudad de México por la española Concepción Gimeno de Flaquer, su directora propietaria, quien había estado ligada al mundo cultural desde su juventud. En 1883, recién casada con el editor Francisco de Paula Flaquer, reside con él en la capital mexicana, y funda el Álbum con la siguiente presentación para sus lectoras: […] el objetivo de mi vida es cantar vuestros méritos y virtudes, es hacer conocer vuestras facultades intelectuales, es referir vuestros múltiples heroísmos, es colocar vuestra hermosa figura sobre el más elevado pedestal […]. Y con esta línea, la revista se estructuró su formato y contenidos: con estampas de retratos de mujeres y hombres célebres, artículos varios donde se incluían asuntos de modas, crónicas de las regiones de España y México, ensayos y discursos sobre la mujer de la autoría de su directora, poesías que también privilegiaron los autores nacionales y de la península, además de una hoja de anuncios (de guanterías, droguerías, mercerías, tabaco, zapaterías, sombrererías, litografías, librerías).
 

A fines del siglo XIX seguía vivo el pulso que late en la sentencia popular del Diccionario de la Real Academia del Español de 1832: LA MUJER Y LA PERA LA QUE CALLA ES BUENA. Refrán que recomienda el silencio a las mujeres. Pero el crecimiento de revistas y periódicos era ya testimonio de voces femeninas. Los debates finiseculares alimentados con sus propias miradas versarían sobre la naturaleza, educación e influencia del bello sexo en los espacios públicos de la prensa, la escuela y, con el tema del derecho al voto, la política.


Colección de la biblioteca del Centro de Estudios de Historia de México CARSO:
[1] Vicente García Torres, impresor | La esposa de Lord Byron (izquierda) y portada (derecha) del Semanario de las Señoritas Mejicanas. Educación científica, moral y literaria del bello sexo | Tomo I, 1842 | 3ª Calle de San Francisco 1, Ciudad de México
[2,4 y 5] Mariano Galván, editor | Calendario de las Señoritas Megicanas para el año de 1941 | Portal de Agustinos 3, Ciudad de México
[3] Concepción Gimeno de Falquer, directora propietaria | La reina de Saba (portada), portada de El Álbum de la Mujer | 30 de marzo de 1884 | Tomo II, 1884 | Imprenta de Francisco Díaz de León, Calle de Lerdo 3, Ciudad de México

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