EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

La primera [sala de la Casa Worth] exhibía bellas sedas negras y blancas, […] En la segunda habitación, el salón del arco iris, se podían ver sedas de Lyon y brocados italianos multicolores. En la tercera había paños ingleses. En un salón de espejos, los diseños de Worth se exponían sobre maniquíes de madera. Desde la entrada, la clienta podría comprobar, […] cómo su traje palidecía al lado de las nuevas creaciones del couturier.[…] el salón lumière, era quizá la idea más ingeniosa de Worth. Espesos cortinajes de terciopelo impedían que la luz del día penetrara, y estaba iluminada con luz de gas para recrear el ambiente de una sala de baile. De esta manera, la clienta podía asegurarse del efecto que produciría su vestido en las condiciones reales en las que iba a ser llevado.

BRONWYN COSGRAVE

Edmond de Goncourt publicó en 1862 la frase más célebre de Rose Bertin: ¿Acaso a Vernet le pagan sólo el lienzo y los colores? En las palabras de la modista de María Antonieta se avistaba el futuro que la moda seguiría en la siguiente centuria. La relación cuidadosa en que sastre y cliente trabajaban juntos para llegar al modelo final seguiría el camino de otras profesiones que implicaban estética y utilidad: la autoría.

Pocos años antes de que Goncourt escribiera La mujer del siglo XVIII (1862) el joven inglés Charles Frederick Worth (1825-1895) sentó las bases de la alta costura, conocida por su origen galo como haute couture. Para el sociólogo Gilles Lipovetsky, la primera fase de la historia de la moda moderna inicia a mediados del siglo XIX cuando lo más sofisticado de la costura adquiere el calificativo de alta. Basada en creaciones fastuosas, innovadoras y a la medida, se diferencia de la producción en serie, de bajo costo y de imitación. Carolyn Bradley menciona que antes de 1850 la competencia existía en el precio pero no en la idea nueva, […].
 

EL PADRE DE LA ALTA COSTURA

Esta seca, tenebrosa y nerviosa criatura las recibe, vestido con una chaqueta de terciopelo, tendido descuidadamente sobre un diván y con un puro entre los labios. Les dice: “¡andad!, ¡volveos!, ¡bien!, regresad en una semana y os compondré una toilette que os vaya.

HIPÓLITO TAINE (1828-1893)

Worth nació en Bourne, Lincolnshire, Gran Bretaña en 1825, y debido a la mala situación financiera de la familia su madre decidió enviarlo a Londres para trabajar con la firma Swan & Edward como aprendiz de sastre adquirió precisión en la práctica sartoril. Ahí el joven modisto descubrió las galas de otros países, y en la tranquilidad de las salas de la National Gallery buscó inspiración para los trajes de bailes de máscaras que diseñaría en Francia. En 1845 se cambió a la casa Lewis & Allenby –proveedores de tejidos de lujo de la reina Victoria (1819-1901)– y al año siguiente se trasladó a París, en donde trabajó para maison Gagelin.



En este lugar conoció a Marie-Augustine Vernet (1825-1898), y se casó con ella. Los vestidos que diseñó para la joven llamaron la atención de la clientela de Gagelin y motivaron el interés hacia el nuevo couturier. A través de Marie-Augustine entró en contacto con la princesa Pauline de Metternich, quien después introdujo a Worth con la emperatriz Eugenia, la esposa de Napoleón III quien sería su principal promotora.

El primer vestido que el modisto confeccionó para la emperatriz fue realizado con brocados de Lyon. La soberana expresó su rechazo a vestir una prenda que parecía una cortina. Napoleón III la obligó a utilizarla con la visión de imponer el gusto por las sedas de la región francesa y reactivar su economía. Así surgió la relación entre musa y diseñador, y la industria de los brocados se incrementó en Francia entre 1850 a 1900, de 57,500 a 120,000 telares.

FUNDACIÓN DE LA CASA WORTH

No son ellas quienes eligen, sino él. […] “Madam” dijo [Worth] “De parte de quién venis?”… “No entiendo” “Me temo que necesitáis una recomendación para poder ser vestida por mí”. Ella se marchó sofocada de rabia, pero otras se quedaron diciendo: “No me importa lo grosero que sea con tal de que me vista.”

HIPÓLITO TAINE (1828-1893)

Con una cola de corte de seda blanca bordada en oro, que fue vendida en un precio altísimo, el joven inglés ganó el primer premio del pabellón de moda en la Exposición Universal de París de 1855.
 

Ante la negativa de Gagelin de asociarse con él, abrió su atelier en colaboración con Otto Gustaf Borbergh (1821-1881). Bajo el anuncio Trajes y abrigos confeccionados, sedería, grandes novedades, la maison Worthse ubicóen el número 7 de la calle de la Paz. La sociedad duraría mientras la firma se mantuvo, hasta 1956.

Frente la casa se alinearon los carruajes de las mujeres más elegantes del mundo, como la emperatriz Eugenia, la reina Victoria, la emperatriz Sissy, la reina de Hungría; las actrices Sarah Bernhardt, Lillie Langtry y Jenny Lind; las herederas americanas de los Astor, los Carnegie, los Rockefeller y los Vanderbilt. También mujeres mexicanas, como Clara Luz Romero Vargas, esposa del embajador mexicano en Alemania, quien utilizó un vestido del modisto cuando asistió a la coronación del rey Guillermo II en 1888. Muchas de ellas llegaron a gastar más de 10 mil dólares al año en sus guardarropas por aquella suma lucían una de sus fastuosas creaciones de gala.

La maison llegó a vender hasta 7 mil vestidos y 4 mil accesorios por año. Parte de su éxito se debió a la cuidadosa supervisión de los materiales que utilizaba. Algunos sederos franceses tenían la producción del año comprometida con el atelier parisino, que para 1897 tenía sucursales en Londres y en las ciudades francesas Dinard, Biarritz y Cannes.




Para conseguir una producción más rápida, Worth utilizó en la mayor parte de su confección la nueva máquina de coser, dejando el trabajo a mano sólo para los acabados y detalles. La originalidad en el diseño fue parte de su éxito: puso de moda la crinolina con forma de campana, el polisón, los vestidos estilo túnica, entre otros cortes que definieron las siluetas femeninas de su época.

Consciente de las necesidades de las mujeres, Worth también diseñó otros atuendos para maternidad, para estar en casa y luto. Su talento unido a genialidad comercial llevó a la empresa a contar con 1,200 empleados y a tener ingresos anuales de 80 mil dólares al año.

CONFECCIÓN ÚNICA

Una de las innovaciones más importantes de Worth fue que, a la manera de los artistas, firmó sus prendas. (Imagen 2) Otro de sus grandes éxitos fue la presentación de colecciones, -2 al año- que sigue siendo una de las características fundamentales de la alta costura.

En 1874 los dos hijos de Worth, Jean-Phillipe (1856-1926) y Gastón (1853-1924), se incorporaron al negocio familiar, el primero como diseñador y el segundo en la administración. En 1900 –ya sin la presencia del padre– la casa volvió a llamar la atención en el Pabellón de la Elegancia de la Exposición Universal.


El suntuoso vestido de gala talla 5, indica que su dueña midió aproximadamente 1.60 m de altura. El uso del corsé desde la infancia modelaba una cintura pequeñísima. El corpiño mide, cintura alta 36.5 por 44 cm en hombros, y copa C, lo que serían las proporciones de una modelo.
 

El vestido hoy en Museo Soumaya - Fundación Carlos Slim fue creado por Worth en 1910. De corte princesa y talle alto en estilo Nuevo Imperio, reúne terminados industriales y a mano, que dan cuenta de la perfección en su hechura a medida. El corpiño –de línea «V» para escote y espalda– es atravesado por una cinta con drapeada debajo del busto. Todas las piezas del traje llegan a la parte trasera, y ahí se unen con broches hembra y macho. Para ocultar estas uniones el diseñador ideó un hábil recurso de confección: el bordado en forma de concha, que las cubre enlazándose con ellas por medio de broches de presión. Del ornamento marino surge una cauda en raso de seda sobre tul industrial. El ribete que la corona presenta una serie de hilos de chaquira enhebrada diez centímetros de largo.

La prenda está bordada a mano sobre tul, en tono similar al raso de seda del resto del conjunto. (Imagen 4) Las siluetas de hojas pequeñas y alargadas cubren la tela siguiendo una estructura de rombos. Los abalorios de cristal fueron seleccionados en tono natural y su interior es metálico; están facetados y tienen un tamaño mayor al de la chaquira común (imagen 5). La falda, en «V», se confeccionó sobre un raso delgadísimo.

Worth llevó al terreno social la idea del couturier como artista. Paul Poiret, entonces un joven aprendiz que trabajó en la casa parisina, heredó el liderazgo del maestro y también la misión de enaltecer el ideal femenino por la belleza: En las decisiones de la moda y de las mujeres se da una especie de provocación al buen sentido que resulta encantadora.

[1, 2, 4 y 5] La maison Worth | Vestido de baile estilo Directoire | c 1910 | Satén y tul de seda decorado con chaquira | 140 x 37.5 (cintura) + 118 cm (cauda)
[3] La maison Worth | Conjunto de muñecas de moda | c 1930 | Estructura de madera tallada con policromía. Vestidos de raso, terciopelo y materiales sintéticos. Rostros de tela pintada. Cabellos de hilo | 13 x6 x5 cm | Col. Lydia Lavín

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