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ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ | DIRECCIÓN
SER PINTOR NO ES UNA PROFESIÓN, DEL MISMO MODO QUE NO LO ES SER ANARQUISTA, ENAMORADO, CORREDOR, SOÑADOR O BOXEADOR. ES UN CASO DE NATURALEZA. LA LIBERTAD DESENFRENADA DE LA
INSPIRACIÓN […]
MAURICE DE VLAMINCK
El 18 de octubre de 1905 la sala siete del Salón de Otoño en el Grand Palais de París se llenó de furia. Un huracán de pintura proclamaba libertad. El simbolista Gustave Moreau había descubierto a un grupo de pintores encabezados por Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck. El color superaba la profundidad y las líneas fluían libres. El crítico de arte Louis Vauxcelles al ver la muestra expresó: ¡Donatello au milieu des fauves! (¡Donatelo en medio de las fieras!). A partir de este momento se les conocerá como fauvistas.
Opuestos al Impresionismo y a las ideas cientificistas de Auguste Comte, los fauves perseguían –en palabras de Matisse– la expresión, sin distinguir entre los sentimientos y la manera de comunicarlos. Nunca se cohesionaron como grupo ni escribieron un postulado o manifiesto, sin embargo, los unían los temas y principalmente el uso vibrante del color puro.
Se sumaron a la apuesta Georges Braque, Othon Friesz, Albert Marquet, Raoul Dufy, Kees Van Dongen y Georges Rouault. El investigador Mario de Micheli observa que en realidad, el fauve más consecuente fue Vlaminck.
Naturaleza y violencia
Pintor, grabador e ilustrador, Vlaminck también escribió poemas, novelas y ensayos. Maurice de Vlaminck o mejor dicho De Wlaminck, el Hombre flamenco,nació el 4 o el 11 de abril de 1876 en el seno de una familia de músicos. |

De padre belga y madre francesa con influencia germana, creció admirando a los impresionistas.
En 1879 la familia se mudó al suburbio parisino de Vésinet. A los 18 años se casó con Suzanne Berly y tuvo tres niñas. Más tarde, lejos de la vorágine de París, adoptó la ciudad francesa de Rueil-la-Gadelière del departamento Eure y Loira, en el distrito de Dreux, como su espacio de creación. Debido a su temperamento y continuos arranques en público, el matrimonio no prosperó y, ya en 1921 estaría casado con la hermosa Berthe Combe.
A pesar de que nunca estudió en la Academia, en 1895 Rabichon, miembro de la Sociedad de Artistas Franceses, había reconocido su atractiva técnica de dibujo. En el 96 Maurice ingresó al servicio militar y a su regreso a Dreux tres años después, se ganaba la vida impartiendo clases de música. Su talento como violinista del Théâtre du Château d’Eau le permitió conocer en una gira a André Derain con quien rentó un precario estudio.
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Entusiasmados por los vertiginosos cambios en la pintura, ambos jóvenes asistieron en 1901 a la exposición de un entonces poco conocido artista holandés: Vincent van Gogh. Ante la fuerza de sus obras lo adoptaron como maestro indirecto y fundaron la llamada Escuela de Château o Chatou, la cual no tuvo ningún miembro nuevo, pero les dio la libertad que la Academia les negaba.
En 1904 Vlaminck presentó su primera exposición individual en la galería parisina Berthe Weill, y un año después fue el Salón de Otoño el que le brindó buenas críticas, nuevos públicos y el gusto del famoso marchand de arte impresionista Ambroise Vollard, quien le compró todos los cuadros de su estudio y le organizó su primera gran exposición en 1906. La más notable sería en la Galería Druet, en 1919.
Cuando Vlaminck comenzaba a pintar, vivía en las bancas del Sena
ANDRÉ MANTAIGNE
Remando, desde su velero, o con la vista desde el pequeño restaurante Le Chat –donde acostumbraba bailar– o simplemente contemplándolo desde sus orillas, el río Sena fue el motivo más importante de su pintura. Vlaminck decía que cuando se tratara de un paisaje de campo, el abrazo fluvial se volcaba en cielos de aguas agitadas por vientos oceánicos. Anunciaba en cada gesto, sin saberlo, al Expresionismo de la Europa central. Al mismo tiempo, como apunta el literato Vanderpyl: Un retrato de Vlaminck es un pasiaje, un pasaje de piel coloreado, una piel primaveral o una piel iluminada por el otoño o piel seca como la tierra empobrecida.
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Obsesionado por la química, buscó la permanencia del brillo y la intensidad del color –hoy todo un reto para la conservación. Pronto su vuelta al naturalismo lo distanció de Derain y comenzaron las descalificaciones. La influencia cezanniana derivó según el investigador Simón Marchán Fiz hacia una realidad instintiva, opuesta al más constructivo y neoclasicista: l’art vivant.
Ante la irrupción geométrica del Cubismo, Vlaminck oponía su estrecha relación con la naturaleza, una suerte de vínculo empático que la interpreto a través de mi temperamento –decía el artista– y proclamaba: El cubismo es la guerra. ¿Por qué? Porque veo en uno y en otro la misma compulsión hacia la fealdad y la destrucción. Maurice no rechazó la ocupación parisina de las fuerzas del Tercer Reich. Su filiación al partido nazi no es contundente –mas en una carta sin destinatario escrita en la década de los 30 que recogió su biógrafo Daniel Hanry Kahnweiler se lee: El sendero que nos proponen desde el nuevo Imperio tiene el vigor de la juventud y la fórmula del progreso.
Es quizá su ideología la responsable de que no destaque más su obra en la historia del arte. La convicción de sus ideas lo llevó a pintar con determinación. De la colección de Vanguardias Europeas que conserva Museo Soumaya Fundación Carlos Slim, catorce obras provienen de los pinceles feroces de Maurice de Vlaminck. De su época temprana destacan El pueblo, una luminosa acuarela,y El cuartel; dos naturalezas muertas estudiadas por The Wildenstein Institute que pertenecieron a la Galarie Kleinmann & Co. de París. De su etapa madura los paisajes con almiares, y de su último periodo, los espacios arbolados donde combina colores vibrantes que evocan a Edvard Munch. |
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El lienzo era sólo expresión; liberar la violencia de los sentimientos y del temperamento; instinto envuelto de brutalidad, de color, de luz, de pasión… La ciencia –decía Vlaminck– mata la pintura […] Mi pasión me permitía todas las audacias, todas las desvergüenzas contra los convencionalismos del oficio del pintor. Quería provocar una revolución en las costumbres, en la vida cotidiana, mostrar la naturaleza en libertad, liberarla de las viejas teorías y del clasicismo […] Soy un bárbaro tierno y lleno de violencia. Traduzco instintivamente y sin método, una verdad no artística sino humana.
Así, los almiares de pinceladas curvas, campos de trigo o cortezas de árboles de trazos discontinuos se funden con sendas que no llevan a ningún lugar certero, o bosques violentos que respetan los principios de la perspectiva lineal.Un 10 de octubre hace 50 años murió Vlaminck. De silueta imponente, corpulento; piel rojiza que, como su obra, nunca pierde incandescencia.
[1] Maurice de Vlaminck | Paisaje tempestuoso, detalle | c 1950 | Óleo
sobre lienzo | 60.5 x 73
[2] Entrada del pueblo, detalle | Primera mitad del siglo XX| Óleo sobre
lienzo | 46 x 55.8
[3] Naturaleza muerta, detalle | Primera mitad del siglo XX | Óleo sobre
lienzo | 54.6 x 65.4
[4] El bosque, detalle | Primera mitad del siglo XX | Óleo sobre lienzo |
63 x 73.2
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