Volvería a la capital para organizar la resistencia en contra de Sebastián Lerdo de Tejada a través del célebre Plan de Tuxtepec. Hacia 1876 ocupó por primera vez la presidencia de la República. El historiador Luis González y González apunta: A partir de 1877 la consigna pública será: antes que nada, pacificación y orden; en seguida, progreso económico, y por último, libertades políticas siempre y cuando fueran compatibles con las ideas de disciplina y desarrollo.
La primera mitad del siglo XIX significó para México un largo proceso de ajustes y reajustes para lograr la vuelta al orden político. Tras la independencia de España en 1821, la nación había sorteado guerras civiles, pérdida de territorio, invasiones militares y un endeudamiento con las potencias extranjeras. Como colofón de estos sucesos, el régimen de Porfirio Díaz (1877-1911) representaría un periodo de paz y progreso material sin precedente. En palabras del científico José Yves Limantour, ministro de Hacienda: El general Díaz fue, sin duda, el creador del México moderno. Después de sesenta años de agitación que precedieron a su administración, él llevó al país a un estado de progreso que no superaba ninguno de los países de América Latina.
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El régimen porfiriano fue reconocido por los Estados Unidos en el año de 1878. Amén de la pacificación de la sociedad mexicana, el nuevo gobierno sería líder de un amplio programa de desarrollo económico a través de la construcción de vías férreas, trabajo en las haciendas, usufructo metalúrgico, auge comercial, inversión extranjera y apoyo a las instituciones bancarias. Sin embargo, los destellos porfiristas tenían otra cara que revelar: la falta de justicia social y los abismales contrastes que determinaban la explotación y expoliación del campesinado y el proletariado mexicanos, como lo describe crudamente John Keneth Turner en su emblemática obra México bárbaro.
En palabras del historiador Enrique Krauze:
En 1910, el campo de México era una constelación de haciendas, unidades autárquicas que no pocas veces usurpaban la propiedad de los pueblos, concentraban al cincuenta por ciento de la población rural y acaparaban más de la mitad de las tierras […] En 1910, existía la percepción de que Díaz había entregado los recursos de México al extranjero. La Revolución reaccionó propiciando un reclamo de afirmación nacional tanto en la esfera económica como en el ámbito cultural: México para los mexicanos. |