MONICA LÓPEZ VELARDE ESTRADA

Salvador Dalí, célebre por sus excentricidades,
no se conformó con pintar: quiso ser un testigo
del siglo en perpetua actuación.

ALIAN BOSQUET

Cuatro años habían pasado desde que La interpretación de los sueños –de la editorial Franz Deuticke– rondaba las librerías de Viena y Leipzig, cuando Salvador Felipe Jacinto Dalí nace en Figueras (Gerona), España, en 1904. Expulsado dos veces de la Escuela de Bellas Artes de Madrid (la segunda definitiva); demiurgo de una de las imágenes –la del artista extravagante y loco– más difundidas del siglo XX, será para la historia del arte universal, representante perdurable del movimiento surrealista y uno de los creadores más comprometidos con el descubrimiento del inconsciente.

Muy pronto Dalí fue rebelde e histriónico de esa rebeldía: organizador de célebres protestas estudiantiles, con el tiempo hizo de la protesta parte de su vocación: contestatario de la vanguardia, propone regresar a la tradición pictórica, principalmente la italiana. Entre sus anécdotas libertarias se cuenta que el joven estudiante declaró incompetente al jurado que lo examinó en la Academia de San Fernando. Es popular su crítica a Picasso, al arte moderno, a la técnica del arte de su tiempo y al arte abstracto. Siempre fiel a su espejo diario, fue despedido del grupo que comandaba André Breton por su escrito Tendencias más recientes de la pintura surrealista.

Las apuestas teóricas venidas de Sigmund Freud rebasaron el ámbito meramente clínico dotando a parte de la historia de la cultura occidental de una nueva manera de ver al hombre sobre su mundo, lo que se reflejó de manera notable en las expresiones artísticas.

EL DIVÁN DE DALÍ

La crítica es algo sublime. Es digna tan solo de los genios. El único hombre que podría escribir un panfleto sobre la crítica soy yo, porque soy el inventor del método paranoico-crítico.

SALVADOR DALÍ, LOS CORNUDOS DEL VIEJO ARTE MODERNO.


Es en París, a través de Joan Miró, que Dalí conoce al grupo de surrealistas en 1929. El artista español se convierte en un seguidor de tiempo completo; surrealista surreal, subalterno, orillero. El arte: su diván. Realiza por su vía la búsqueda de nuevas formas con la idea principal de que la realidad tenía más aristas que las visibles. Junto con Max Ernst y Yves Tanguy, entre otros, hace del retrato del inconsciente –si eso es posible– las formas de una imaginería explosiva, que abarcan tanto lo maravilloso como algunas de las preocupaciones freudianas.
 

La histeria será uno de los tópicos más difundidos del psicoanálisis, también lo será, a su manera, para los surrealistas. En 1928 la aparición de la versión traducida del Caso Dora, por Marie Bonaparte y Rudolph Loewenstein, volvía a dar vigor a una verdadera concepción de la histeria. En ese mismo año fueron los agrupados en torno a Breton quienes festejaron el cincuentenario de la histeria. La idea fue que la locura, lejos de ser una enfermedad, formaba parte integrante de la personalidad humana.


Así, apunta Elizabeth Roudinesco:

En realidad fueron los surrealistas, más que los psicoanalistas los que reivindicaron la herencia de Charcot al rendir homenaje, en 1928, no al neurólogo de Salpêtrière, sino a Augustine, su célebre paciente: Nosotros los surrealistas insistimos en celebrar aquí el cincuentenario de la histeria, el más grande descubrimiento poético de fines del siglo XIX, y eso en el momento mismo en que el desmembramiento del concepto de la histeria parece cosa consumada.

Proponemos pues en 1928 una definición nueva de la histeria: la histeria es un estado mental más o menos irreductible que se caracteriza por la subversión de las relaciones que se establecen entre el sujeto y el mundo moral al que cree prácticamente pertenecer, fuera de todo sistema delirante […] La histeria no es un fenómeno patológico y puede desde todos los puntos de vista considerarse como un medio supremo de expresión.


EL ASNO PODRIDO

 

Tengo auténticas razones para darle las gracias por la carta de presentación
que trajo a mis visitantes de ayer, pues hasta ahora me sentía inclinado a considerar
a los surrealistas, que al parecer me valoran cual su santo patrono, como chiflados incurables…
El joven español, sin embargo, con sus ojos cándidos y fanáticos y su indudable
maestría técnica, me ha hecho reconsiderar mi opinión.

SIGMUND FREUD, CARTA A STEFAN ZWEIG, 20 DE JULIO DE 1938.

 

En el texto Lo que el surrealismo debe al psicoanálisis, Teresa del Conde opina que El nacionalismo francés fue determinante en la lenta y esporádica asimilación del psicoanálisis, pero habrían de ser dos franceses, un poeta con formación médica –André Breton– y un psiquiatra involucrado en la lingüística –Jacques Lacan–, quienes en mayor medida dieran a los descubrimientos de Freud un giro altamente creativo.

Dalí se encontró con Sigmund Freud el 19 julio de 1938. Ocurrió en Londres, último refugio del padre del psicoanálisis. Antes, todavía en Viena, junto con intelectuales y artistas firmó una carta de felicitación por los 80 años del famoso doctor vienés. Con Jacques Lacan, en cambio, tuvo una relación estrecha. Los estudios de psiquiatría de Lacan, fundador de la escuela freudiana más sólida y conocida en el planeta, se vieron influidos a partir de su encuentro con los surrealistas. Hay que recordar, dice Roudinesco, cómo, habiendo abordado la doctrina vienesa por medio del sueño y el automatismo de Janet, Breton buscó en los signos de la locura una escritura, un lenguaje, una estética, y, en el inconsciente, ante todo más allá de la conciencia, después un lugar que pudiera comunicarse con la vida real para un cambio revolucionario del hombre.

El primer contacto entre Dalí y Lacan se llevó a cabo a través de la revista Le Surrealisme au Service de la Revolution, con el artículo “El asno podrido” publicado en julio de 1930. Este asomo al mundo plástico le iba a permitir al psiquiatra francés una nueva idea de la captación del lenguaje para el terreno de la psicosis. De este modo, empezaría a efectuar una síntesis –a partir de la paranoia– de tres zonas del saber: la clínica psiquiátrica, la doctrina freudiana y el segundo surrealismo. El resultado, De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad.

El estudio venía de un año atrás. El 18 de junio de 1931 Lacan se encontró con Marguerite Pantaine por primera vez. Inmediatamente se interesó en la paciente. Con lo que resultó, que conformará una doctrina sobre la paranoia y redactará buena parte de una obra teórica que iba a hacer de él el fundamento de una nueva discursividad freudiana. El caso: Marguerite –Aimée su seudónimo–, de 38 años de edad, sacó de su bolso un cuchillo de cocina e intentó asesinar a la actriz Huguette Duflos a su llegada al teatro donde debía interpretar el papel principal de una comedia titulada Todo marcha bien. El parte médico tradicional lo definiría así: delirio sistemático de persecución a base de interpretación, con tendencias megalomaníaticas y sustrato erotamaníaco; un típico caso de locura de persecución. Un médico agregaría, seguro de su dicho: Por lo demás, toda criminal es a mi juicio, más o menos tarada: su anomalía se manifiesta más o menos por extravagancias.   

Para esas fechas el periodo del primer Surrealismo había caducado y la publicación del segundo Manifiesto de André Breton anunciaba la búsqueda de un punto del espíritu que permitiera resolver la contradicción entre el sueño y la vida material. Más allá de la experiencia de los sueños artificiales y de la escritura automática, se trataba ahora de descubrir las nuevas tierras de acción política. El sueño de cambiar al hombre debía tomar una forma concreta: inventar un modo creador del conocimiento de la realidad.

En ese marco fue que Dalí puso al servicio del movimiento su famoso método paranoico-crítico. En 1933 publica en el primer número de la revista Minotaure: Interpretación paranoico crítica de la imagen obsesiva de El Angelus de Millet: con un proceso netamente paranoico es posible obtener una imagen doble: es decir, la representación de un objeto que sin la menor modificación figurativa o anatómica, sea al mismo tiempo la representación de otro objeto absolutamente diferente, despojada a su vez de toda clase de deformación o anormalidad que pueda delatar algún arreglo.
 
Para Dalí la paranoia funcionaba como una alucinación, es decir, como una interpretación delirante de la realidad. Un fenómeno de tipo seudoalucinatorio, que servía para la aparición de imágenes dobles: la imagen de un caballo, por ejemplo, podía ser la imagen de una mujer y la existencia de esa imagen doble hacía caduca la concepción psiquiátrica de la paranoia como “error” de juicio y delirio “razonante”. Dicho de otra manera, todo delirio es ya una interpretación de la realidad y toda paranoia una actividad creadora lógica.

Mientras Jacques Lacan leía la obra de Freud, encontraba en la posición daliniana el instrumento que faltaba a la teorización de su experiencia clínica en materia de paranoia. La biografía de Lacan relata que éste pidió una cita a Dalí, quien lo recibió en su cuarto de hotel, con un trozo de esparadrapo pegado en la punta de la nariz. El pintor esperaba una reacción de asombro por parte de su visitante, pero el psiquiatra no se inmutó. Escuchó tranquilamente al autor exponerle su doctrina.

Dalí produjo a propósito de la teoría psicoanalítica. A tal grado que los productos artísticos basados en su método conforman un hito para la historia visual de Occidente. El freudiano más importante del siglo XX, Lacan, reconoció en el gesto surrealista una síntesis entre la teoría que había revolucionado el pensamiento de su tiempo y el saber psiquiátrico.

Salvador Dalí, clásico, vanguardista, religioso, con intereses científicos, escribió un Manifiesto místico así como un Tratado sobre arte moderno. Llamado «genio», detestado por farsante, ampuloso; grandilocuente del exhibicionismo. Hombre de una sola mujer, Gala, venerada dalinianamente. Obsesionado con la cuarta dimensión, perseguidor de la inmortalidad. En 1974 el autor del emblemático cuadro La persistencia de la memoria (1931), prologa e ilustra el libro de Sigmund Freud Moisés y el monoteísmo (1939). En ese mismo año inaugura el Teatro-Museo Dalí, en Figueras, para algunos, el objeto surrealista más grande del mundo.

 


Salvador Dalí
[1] El elefante espacial | Concebida y fundida en 1980| Bronce con pátina negra y café, y áreas doradas|277 x 148 x 58 cm (altura sin obelisco).
[2] Cristo de san Juan de la Cruz | Concebida en 1974 | Bronce dorado |308 x 120 x 122 cm
[3] Newton surrealista | Concebida en 1977 |Fundida en 1984 | Bronce con pátina negra y verde, y áreas doradas | 179 x 105 x75 cm



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