Si bien la pareja nunca viajó a Europa, su hija y única heredera doña Lorenza, segunda marquesa de Oropesa del Cusco, primera grande de España Mestiza, contrajo matrimonio con Juan de Borja, hijo de san Francisco de Borja y duque de Gandía. Debido a la presencia de gallardetes y banderas, la obra hoy en el Soumaya refiere el momento de partida rumbo al Al-andalús, con protección real para ceder, por añadidura, sin derramamiento de sangre las riquísimas tierras incaicas al imperio español. En palabras de Massó: La circunstancia bien merecería un cuadro como éste.
Don Alfonso Pérez Sánchez, director emérito del Museo del Prado, quien también asesoró la compra de este cuadro, sugiere una interpretación distinta, pues Diego Quispe Tito pintó escenas bíblicas integradas a la vida cotidiana virreinal. En los lienzos de San Juan Baustista de Huaro y en la Parábola del hijo pródigo del Museo Histórico regional de Cusco –como apunta Pérez Sánchez– es imposible identificar a los personajes, pues no hay la más leve alusión a lo trascendente o hagiográfico. De este modo, el esteta opina: yo no tengo duda, la doncella es santa Úrsula, y hay testimonios, si bien escasos, donde no se acompaña de sus compañeras, que como la santa dieron la vida por defender su fe.
Los lazos rojos evocan al amor que emana del corazón de Cristo. El galeón inglés llega a tierra firme y los embajadores del rey Eterio que rodean a Úrsula, le piden matrimonio. Al preguntarle al especialista por qué Diego Quispe Tito no colocó nimbos, palmas o algún atributo que distinguiera a la santa germana, él respondió: El pasaje relata un episodio cuando Úrsula aún no se ha convertido en santa. Es una doncella bretona y no tendría porque tener algún halo luminoso, basta recordar varios lienzos americanos con similar representación. Aunque no abundan escenas como ésta y casi siempre se presenta a Úrsula acompañada de una o varias damas, el Viejo Continente también conserva ejemplos donde no se distingue la iconografía tradicional de la santa. En la Alcaldía de la pequeña ciudad alemana de Rothenburg ob der Tauber, en el distrito de Baviera, se encuentra una talla en madera similar, donde también se enfatizan la presencia tanto de de las embarcaciones extranjeras como la de los embajadores que insten en concretar el matrimonio. |
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Las discusiones en torno a esta Escena histórica –pintada hacia 1650, cuando Cusco fue destruido por un terremoto– muestran la riqueza interpretativa de las obras que en palabras de Umberto Ecco, siempre están abiertas a nuevos diálogos.
Gracias a la intercesión de los destacados y entrañables asesores de Museo Soumaya, Alejandro Massó y Alfonso Pérez Sánchez, por primera vez un acervo mexicano cuenta con una obra vinculada a este pintor indígena de cosmovisión sincrética que desde la América andina ilumina el arte de los reinos de ultramar.
Santa Úrsula y las once mil vírgenes
Hija de Noto, un rey bretón, Úrsula quien creció cobijada en el cristianismo, rehusó casarse con un monarca pagano. Después de tres años de convivencia y esfuerzos de la princesa por mostrarle los misterios de la fe a Eterio o Étereo, ante la insistencia del matrimonio, Noto decidió proteger a Úrsula y enviarla a Inglaterra junto con diez amigas.
La santa y sus compañeras que abrazaron el voto de castidad emprendieron un viaje fluvial que las llevó hasta la ciudad germana de Colonia, donde martirizadas, murieron ante los godos que insistían en que adoraran a falsos dioses.
En 1155 se descubrió en Colonia el templo de santa Úrsula. Una inscripción del siglo III daba cuenta del martirio de varias doncellas. La mala traducción hizo de las siglas «XIMV», aumentar exorbitantemente el número de mujeres inmaculadas de once a mil: «XIM» once mil, en una equivoca numeración romana; y «V», Vírgenes; en lugar de «XI», once; «M», Mártires; «V», Vírgenes. |
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Diego Quispe Tito, atribuido | Escena histórica | c 1650 | Óleo sobre lienzo | 114 x 147.5 cm |