GABRIELA HUERTA TAMAYO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN

 

¿Qué es el alma apasionada? Gozo profundo, dudas infames, búsqueda incesante; al menos así lo refiere el mito de Cupido y Psique. Simboliza el corazón entusiasmado por el amor, es decir, poseída por el diosecillo flechador.

La Hélade del siglo IV a.C. prolongó el espíritu del periodo anterior y multiplicó los mitos de héroes y de amor entre dioses y humanos. El mundo helenístico del siglo II a.C. la introdujo en los cuentos o fábulas milesias –género literario que condensa erotismo, humor y picardía–. Atenas, ya bajo el imperio romano, se haría de la primera versión escrita en el segundo siglo de nuestra era con el libro El asno de oro o las Metamorfosis del escritor Lucio Apuleyo.

LA HISTORIA DE CUPIDO Y PSIQUE

En el relato del escritor latino (El asno de oro, IV, 28 – VI, 24), Psique es la menor de las tres hijas de un rey. De gran hermosura, los hombres preferían admirar esta Venus de carne y hueso en lugar de asistir a los santuarios de la deidad de la belleza. Celosa y enfurecida, Venus se resolvió contra la joven. Un funesto oráculo de Apolo le anunció que sellaría su breve vida en un tálamo de muerte, donde se encontraría con un monstruo cruel con la ferocidad de la víbora, un monstruo que tiene alas y vuela por el éter, que siembra desazón en todas partes, que lo destruye todo metódicamente a sangre y fuego, ante quien tiembla el mismo Júpiter. Este horrible ser con quien habría de intimar era Cupido. En el momento de la cita adversa, el arquero la transporta, adormecida, frente a su palacio divino. Ahí la deja sólo para volver y hacerle el amor, esa noche y las siguientes, mientras su amada no lo vea, no lo reconozca. Para la doncella es un invisible Céfiro de voz misteriosa. No lo ha visto.


Las dolidas hermanas se enteran de que Psique está viva. Quieren buscarla. Ella también ansía verlas, pero su etéreo compañero le advierte que no ceda a los consejos fraternales ni trate de averiguar el aspecto de su marido. Las hermanas se reúnen y conocen el palacio, pero no al esposo. Preguntan por él y Psique les responde con mentiras. Después de la visita, el resentimiento de ellas, que vivían en el destierro y mal casadas con feos y viejos extranjeros, se precipita ante la dicha y bienestar de Psique. Planean matarla. Cupido vuelve a prevenir a su amada sobre los riesgos de escucharlas. Con la advertencia también le anuncia que estaba embarazada, será un dios si lo mantiene en secreto, en cambio será un mortal si lo profana. Psique se asombra ante el gran efecto que produce una leve picadura. Las hermanas se vuelven a encontrar; de nuevo, preguntan por el marido furtivo. Una vez más, Psique miente, pero ya no es creíble. Sus hermanas azuzan en ella el temor del viejo augurio: su esposo es un monstruo. Le proponen que descubra su rostro cuando lo halle dormido y, en ese momento, le corte la cabeza.



Las delicias y bondades del compañero se volvieron dudosas, y no frenaron la curiosidad de Psique. En la noche se aproximó a él con una lámpara de aceite. Extraordinario rostro: Céfiro era el mismo Cupido. La joven maravillada se lastimó con las flechas del carcaj de su divino amante. La pasión amorosa la inflamó y se lanzó a él para besarlo. Sobre el varonil hombro se derramó una gota candente de la linterna. De un sobresalto despertó y, sin contemplaciones, emprendió el vuelo. A partir de entonces, en la turbulencia de los sentidos, Psique buscó vengarse de sus hermanas, a quienes terminó llevando al suicidio; suplicó a los dioses para que la ayudaran a recuperar a esposo; fue maltratada por la sirvienta Costumbre y las esclavas Inquietud y Tristeza, en casa de Venus, su eterna rival. Ahí, la curiosidad la hizo aspirar el vapor de la somnolencia que le deparaba Venus dentro de una caja prohibida. Su esposo, ya sin enfado, volvió a ella, regresó el sueño a su lugar, y vivió con ella y con Hedoné –Placer, Voluptuosidad–, la hija de ambos. Zeus legitimó la unión y, con ambrosía, le regaló la inmortalidad a Psique.

ÁNIMA ALADA

Los mitos se fundamentan en las pasiones, susceptibles por naturaleza de conducir a los excesos. En las tragedias griegas desvelan la complejidad de las acciones en las que aspiran a realizarse. Son las formas en que se manifiesta el alma. También a lo largo de los siglos adquirió sentidos diversos. En tiempos homéricos, fue soplo o aliento fresco, también el vapor que emana de la sangre derramada. Después de la muerte su vida no es deseable; así lo recuerda el filólogo Georges Nicole en el Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg y Saglio: En una invectiva célebre [de la Odisea], Aquiles prefiere la suerte de un simple jornalero en la tierra a su condición real en el Hades.

La concepción del ánima como ser etéreo se mantendrá vigente durante la era clásica de Grecia. Por escrito lo asentarán poetas y filósofos, como Platón en el diálogo Fedro. Influido por los mitos órficos, el pensador dirá que el alma es carro o yunta alada, cuyo lugar natural es un mundo trascendente, el topus uranos, y el cuerpo será la cárcel de la que ansía librarse para ascender a su recinto ideal. Después, Aristóteles volverá a considerar el alma sólo como existente en los seres de este mundo, y hablará, no de una, sino de varias en las que se identifican las tendencias humanas: racional, sensitiva y vegetal. Luego, durante el Helenismo, más que abundar en una visión teórica del alma, los filósofos se abocaron al cuidado de sí, según inquirió el filósofo Michel Foucault, con lo que se amplió un conocimiento práctico del alma y se refinaron los sentidos y las pasiones. En este amplio horizonte, las figuras de las almas que se pintaron en vasijas –las primeras como seres antropomórficos alados de guerreros– o que más tarde se tallaron en esculturas –como la de Psique– son hijas de las ideas de su tiempo.

En el mito de la joven encanta la idea de un alma que, en el momento de saber que ha sido poseída por el amor, lo extravía, y decide recuperarlo sin importar que el demonio irresponsable la atormente –literalmente, como en los viejos dibujos, donde el pequeño dios juega a quemar una mariposa con cabeza humana que simboliza a la doncella–. Georges Nicole sugiere que las primeras representaciones habrían de surgir hacia el siglo IV a.C.; de ello también haría eco el diálogo platónico, que muestra el alma perdiendo las alas que poseía en un principio, luego recuperándolas; es el origen del mito de Psique, a veces atormentada por Eros, otras reunida con él. De la centuria posterior llegaron a nuestros días las primeras imágenes de la pareja.

PSIQUE FINITA

Si la desmesura o hybris de las pasiones tuvo su mejor lugar en las tragedias, las esculturas de los siglos V y IV a.C. fueron templadas representaciones. Los latinos celebraron la arquitectura y la plástica griega; por más de quinientos años las estudiarían, imitarían y reproducirían para prolongar el deleite. El mito de Psique seguía siendo actual en el siglo II d.C. Entre el fin del gobierno del emperador Adriano o en los inicios del de Antonino Pío, se data la copia de una estatua femenina que se ha identificado como Psique, y que conserva el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles en Italia. La obra fue hecha a partir de varios bloques de mármol y quedó fragmentada; al torso que hoy conocemos debió adosársele un soporte para erigirla. Los hoyos en su espalda, que habrían servido para los pernos de las alas, también sugieren que podría tratarse de una Afrodita o Andrómeda, o bien, una de las Gracias. Nada se sabe acerca de si formó parte de un grupo escultórico.

De esta figura proviene el busto de Museo Soumaya, obra europea del siglo XIX, digna de los temas y tratamientos que admitía la Academia francesa.

La cabeza de la joven se ladea hacia abajo, la inclinación de los hombros se extiende en un elegante contrapposto, la espalda habría estado atravesada por un drapeado. Ha sido hecha para verse de frente. Estas características son comunes a las esculturas de Praxiteles, escultor ateniense del siglo IV a.C. que intensificó la sensualidad de las figuras, y aportó los arquetipos masculino y femenino con Hermes y Afrodita. Al autor de asuntos eróticos, como la famosa Venus de Cnido –considerada el primer desnudo griego–, El sátiro escanciador, el Amor de Tespis, bien podría atribuírsele esta Psique, aunque no hay literatura antigua que brinde testimonio.

La postura sobria, conforme al estilo praxitélico, no manifiesta las turbulencias de la enamorada, desesperada y vengativa joven y parece sumida en hondas reflexiones. Incompleta, sin saber qué o a quién veía, y con la cabeza fragmentada se ha vuelto más enigmática y sugestiva. ¿Se detiene en la incierta decisión de descubrir el rostro de su marido, o tan sólo escucha la voz de éste, o bien repara en el contenido imprevisto de la caja de Venus...? A la luz del mito, su mirada ciega expresa la conciencia individual de saberse enamorada y, por ello mismo, vulnerable, finita. La narración de Apuleyo se resuelve en un final feliz, pero Psique ensimismada evidencia que su amor anudó lazos estremecedores y sagrados con el sueño y la muerte.



[ 1 ] Anónimo | Copia del busto de Psique Capra | Segunda mitad delsiglo xix | Mármol blanco | 67.5 x 44 x 27 cm

[ 2 ] Auguste Rodin | Psique contemplando al Amor | 1906 | Mármol blanco | 74.5 x 65 x 33.6 cm

[ 3 ] Anónimo veronés | Cupido y Psique | Principios del siglo xvi | Plato de parto | Óleo sobre tabla | 26.5 cm de diámetro

[ 4 ] Trophime Bigot | Cupido y Psique | Primera mitad del siglo XVI



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