ALFONSO MIRANDA MÁRQUEZ l DIRECCIÓN

La mujer de la alta sociedad del siglo XIX era culta, de buena conversación, sabía bailar, bordar y cocinar. Para conquistar a un hombre, la joven Concepción Lombardo comparte en sus memorias las estratagemas del amor:

A los dos dias de nuestro encuentro en el jar/din, Miramon se presento en casa acompañado de Romualdo [el pretendiente de Lupe, la hermana de Concha] y aunque se manifestó algo frio y recerbado, yo bien comprendi que no habia renuncia/do á sus pretenciones, y temia yo que bolbiera de nuevo a la carga […] Un dia organizamos una escurcion á una de las Haciendas cerca de Tacubaya mis hermanas y otras amigas quisieron benir, pero faltaban Caballos; Romualdo que diariamente nos veia, cuando oyó de que se trataba se lo abisó a Miramon y este se presento a casa ofreciendo/nos conseguir los Caballos. Se fijó el dia de la partida y la hora de mon/tar, todas querian mi Caballo por ser manso y estar acostumbrado á llevar Señoras. Yo lo sedi, y monté uno de los que llevo Miramon. Llegamos sin nobedad hazta la Hacienda, pero cuando nos metimos por un camino estrecho, formado por un lado de una pared bastante alta y del otro por una grande alberca ó baño de caballos llena de agüa, mi Caballo se asustó y comensó a mober las orejas y á hacerse de manos, yo me de/tenia en la silla cuanto podia pero por mas es/fuerzos que hacia veia yo que iba á caer al suelo […]

 
Miramon  con  una  prontitud increible saltó de su Caballo y me gritó “Señorita, suelte usted el estribo, asi lo hise, él se acercó á mi, me asió de la cintura y como una pluma me bajo del caballo. El animal sintiendose libre hechó á correr, y yo, pasado el susto tube que bolver en coche á Tacubaya. Después de este paseo Miramon me escribió insistiendo en sus pretenciones. Pero yo no contesté esa carta y cuando él benia á casa, lo trataba yo con la mayor indiferencia y algunas vezes me negaba á recibirlo. Todo esto, como era natural, aumentaba en él la simpatia que por mi tenia […] Con motivo de haber [conocido] a la familia Mackintosh […] con frecuencia nos invi/taban á tomar el the y á pasar la noche en casa de uno de los jóvenes, que tocaba perfecta/mente el piano y me acompañaba algunas piesas de canto. Una de las vezes que estabamos invitados, al momento de salir de casa, nos en/contramos con Romualdo y con Miramon que nos benian á visitar, yo hise una seña á mis her/manas para no hacerlos entrar […] Romualdo y Miramon, nos siguieron á lo lejos y cuando nos bieron entrar en la casa de los Machintor [sic] se subieron sobre un monton de piedras que habia enfrente y desde alli, estubieron oyendo la musi/ca y la conversacion que teniamos. A nuestra sada [salida] se ocultaron detras de unos árboles y nos volvieron á seguir […] Ni mis hermanas ni yo nos apercibimos de a/quello y sin acordarnos del disgusto que habiamos causado á nuestros enamorados […]


nos comensamos á desnudar y á hablar de nuestros negocios y de nuestras preocupaciones […] en lo mejor de nuestra conversacion oimos un ruido extraño […] luego oimos como si se acercaran á nuestra puerta y comensaran á rascar los vidrios. Detubimos el aliento para oir mejor, el ruido se repitió, mis hermanas muertas de miedo no se podian mober […] yo entonces me armé de valor, me besti de prisa y corri á llamar á la fiel Paola a fin de dar voces al tio Vicente Gorostiza […] para que nos biniera á socorrer. Cuando este vino fuimos con luces al jardin y descubrrimos barias pizadas que de la puerta de mi cuarto seguian hazta la reja de la entrada […] por mas que buscamos nada pudimos encontrar. No fue si/no años despues que Romualdo  me  contó que coléricos él  y Mira/mon porque no los habiamos recibido y porque  habiamos  ido  á la  casa  de  los 
 
Mackintor [sic] se habian vengado de nosotras dandonos ese susto. Me con/tó que antes de hacer ruido en la puerta, habian estado oyendo nuestra conversacion y que Miramon le habia dicho “Estas muchachas son se/rias y hay que casarnos con ellas” Yo le pregunte a Romualdo porque no me lo habia contado antes? Y me contesto “porque di mi palabra a Miramon de no contarlo á usted, y so/lo Lupe consintio que se lo dijera.


Real Fábrica de Cristal de San Ildefonso de La Granja | Juego de té | Fines del siglo XVII | Vidrio soplado a molde, opaco, calado y esmaltado| Tazas, 1.2 cm: platos, 2.1 cm de diámetro; jarras con tapa, 3.1 cm; frutero, 1 cm; copa, 1.9 cm; candelero, 1.3 cm


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