La mujer de la alta sociedad del siglo XIX era culta, de buena conversación, sabía bailar, bordar y cocinar. Para conquistar a un hombre, la joven Concepción Lombardo comparte en sus memorias las estratagemas del amor:
A los dos dias de nuestro encuentro en el jar/din, Miramon se presento en casa acompañado de Romualdo [el pretendiente de Lupe, la hermana de Concha] y aunque se manifestó algo frio y recerbado, yo bien comprendi que no habia renuncia/do á sus pretenciones, y temia yo que bolbiera de nuevo a la carga […] Un dia organizamos una escurcion á una de las Haciendas cerca de Tacubaya mis hermanas y otras amigas quisieron benir, pero faltaban Caballos; Romualdo que diariamente nos veia, cuando oyó de que se trataba se lo abisó a Miramon y este se presento a casa ofreciendo/nos conseguir los Caballos. Se fijó el dia de la partida y la hora de mon/tar, todas querian mi Caballo por ser manso y estar acostumbrado á llevar Señoras. Yo lo sedi, y monté uno de los que llevo Miramon. Llegamos sin nobedad hazta la Hacienda, pero cuando nos metimos por un camino estrecho, formado por un lado de una pared bastante alta y del otro por una grande alberca ó baño de caballos llena de agüa, mi Caballo se asustó y comensó a mober las orejas y á hacerse de manos, yo me de/tenia en la silla cuanto podia pero por mas es/fuerzos que hacia veia yo que iba á caer al suelo […]
|
|
Miramon con una prontitud increible saltó de su Caballo y me gritó “Señorita, suelte usted el estribo, asi lo hise, él se acercó á mi, me asió de la cintura y como una pluma me bajo del caballo. El animal sintiendose libre hechó á correr, y yo, pasado el susto tube que bolver en coche á Tacubaya. Después de este paseo Miramon me escribió insistiendo en sus pretenciones. Pero yo no contesté esa carta y cuando él benia á casa, lo trataba yo con la mayor indiferencia y algunas vezes me negaba á recibirlo. Todo esto, como era natural, aumentaba en él la simpatia que por mi tenia […] Con motivo de haber [conocido] a la familia Mackintosh […] con frecuencia nos invi/taban á tomar el the y á pasar la noche en casa de uno de los jóvenes, que tocaba perfecta/mente el piano y me acompañaba algunas piesas de canto. Una de las vezes que estabamos invitados, al momento de salir de casa, nos en/contramos con Romualdo y con Miramon que nos benian á visitar, yo hise una seña á mis her/manas para no hacerlos entrar […] Romualdo y Miramon, nos siguieron á lo lejos y cuando nos bieron entrar en la casa de los Machintor [sic] se subieron sobre un monton de piedras que habia enfrente y desde alli, estubieron oyendo la musi/ca y la conversacion que teniamos. A nuestra sada [salida] se ocultaron detras de unos árboles y nos volvieron á seguir […] Ni mis hermanas ni yo nos apercibimos de a/quello y sin acordarnos del disgusto que habiamos causado á nuestros enamorados […] |