Rodin y los impresionistas
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En la Europa de finales del siglo XIX una nueva sensibilidad se manifestó en el arte. Visión interior, íntima, intestina, el arte moderno inició con el sentimiento de rebeldía e individualidad de los románticos y siguió con la revolución técnica de impresionistas como Renoir, Degas y Monet, al tiempo que vería realizarse en la obra de Auguste Rodin a uno de los artistas fundamentales en la historia visual de Occidente.
Auguste Rodin
Eva
1892
Mármol


En torno al genio francés se estructura una lección de arte moderno finisecular: antecedentes con maestros como Carpeaux y Carrier-Belleuse. Las escultura que escandalizó a sus contemporá- neos, La edad bronce, da inicio a la muestra de Rodin. Será también la obra que marcará el principio de notoriedad del autor. Al tiempo veremos obras tempranas como Máscara del hombre de la nariz rota, tajante posición creativa del artista que encuentra la belleza como camino de expresión. Dirá El arte es más aún una magnífica lección de verdad.
Edgar Degas
Mujer bañándose,
c. 1895
Pastel sobre papel

Avanzamos para conocer los famosos encargos monumentales hechos al escultor: de La puerta del infierno saldrán íconos universales: El pensador y El beso o La eterna primavera. Se dirigen rumbo a la muerte los Burgueses de Calais, bronce contraído y en expansión, un canto en metal a la dignidad humana.
Pierre-Auguste Renoir
Retrato de una niña
1880
Pastel sobre papel


En mármol, Eva fue esculpida de adentro hacia fuera, cerrada en su abrazo; lo mismo admiramos en piezas que nos regalan la imagen de piedra derretida: Psique, de aspecto sencillo e inacabado, concentra con su postura puntos de tensión que anuncian nuevas invenciones plásticas.



Vincent van Gogh

Cabaña con campesino regresando a casa
1885
Óleo sobre lienzo

Podemos también vislumbrar un trabajo de Rodin en verso a partir de fragmentos poéticos: manos, estudios. Principio de non finito, convicción de que lo inacabado ahonda en lo profundo. Balzac con hábito dominico, la más moderna de las piezas donde se cumple la estética personal del artista al subordinar la imitación de las apariencias al reino de la idea escultórica. Cerca, el intenso y procaz parlamento de Daumier, y contemporáneos de Rodin: La maternidad de Renoir, La siesta de Bourdelle, las bailarinas de Degas. Más allá, Henri Matisse, Pierre Bonard, Francois Gall, Fritz Klimsch, Alfred Boucher y Ariste Maillol.

Complemento, contraparte. Las escul- turas de Camille Claudel, artista que compensó el torbellino pasional de su vida y encauzó su temperamento a golpes de dominar la materia haciéndola fiel a sus razones con piezas como El vals, Perra hambrienta, La ola y Las confidentes.

Auguste Rodin
La eterna primavera
1884
Marmol

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Testamento


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